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TRIPLE
FILIACIÓN
Alocución del Secretario de
Culto de la Nación,
Dr. Juan José Laprovitta
Una
fuerte vibración moral hoy conmueve las fibras más íntimas de nuestro ser. Hoy deseamos
unirnos -más allá de diferencias e incomprensiones- con todos los hombres y mujeres de
buena voluntad, porque del laberinto se sale por arriba, decía Leopoldo Marechal,
indicando que en la vida hay que mirar siempre el horizonte de las jerarquías, de la
transparencia, y de los objetivos superiores.
Deseamos
unirnos, y debemos unirnos porque de lo que se trata es de plantar, proclamar y defender
el principio de la vida humana.
En
la lengua castellana hay una palabra que como ninguna indica la condición humana, y esa
palabra es hidalgo, que significa hijo de algo, hijo de alguien. Y el hombre desde su
origen, en su realidad y en su destino es hijo de alguien con una triple filiación.
Tenemos
todos los hombres una filiación divina porque somos hijos de Dios, principio y fin de
toda creatura.
Tenemos
una filiación carnal, porque somos hijos de nuestros padres, procrea-dores de nuestra
propia existencia.
Tenemos
una filiación histórica porque también somos hijos de la Patria, la sociedad política
donde nacemos y nos realizamos para servirla en la búsqueda del Bien.
Esta
visión de orden natural y derecho natural ratificada y jerarquizada por la revelación
del orden sobrenatural ha llevado al Sr. Presidente, con gran sabiduría, a encarnar
posturas lúcidas, limpias y valientes en defensa de la cultura de la vida. El siente,
concibe, proclama y plantea, como ningún estadista civil en el mundo, las banderas de la
Vida y de la Esperanza tanto en el suelo patrio y en todos los foros internacionales, como
ahora lo hace, por precisas instrucciones suyas, la delegación argentina en Nueva York.
Hoy,
25 de marzo de 1999, por primera vez en el mundo se proclama el Día del Niño por Nacer.
Desde
la Argentina un testimonio sin parangón por la vida, frente a la cultura de la muerte.
El
Santo Padre Juan Pablo II, arquetipo que deja a su paso una estela luminosa de su vida
legendaria y un mensaje doctrinal impregnado de verdad, justicia y paz para todos los
hombres, que predica y reclama como nadie el derecho a la vida desde la concepción, no
podía estar ausente en este acto trascendente e inédito por la vida. Representando su
persona nos honran con su presencia el Sr. Arzobispo de Boston, Cardenal Bernard Law; el
Sr. Arzobispo Renato Martino, Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones
Unidas; y en representación del Pontificio Consejo para la Familia el Sr. Arzobispo y
Secretario, Mons. Francisco Gil Hellin.
Al
Santo Padre nuestro tributo de admiración y de adhesión, y nuestro reconocimiento para
los dignatarios que hoy nos acompañan.
Esta
bandera de la vida es una bandera de unidad y grandeza. Por esto hay vi-bración moral,
porque no hay victoria mejor que la de un pueblo cuando consigue vencer sus demonios
domésticos y emerger pacíficamente al rescate de su dignidad que sustancialmente es la
vida humana.
Así
pueblo y Gobierno en el cañamazo histórico de esta hora están generando el hermoso
fenómeno de la Verdad de la Vida que comienza en el mismo instante de la concepción.
Este
documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2209, del 21 de abril de 1999 |