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Nueva CUMBRE DE LA TIERRA

(Próximo eslabón de la serie El Cairo, Beijing, Estambul...)
23 al 27 de junio de 1997 - Nueva York, Estados Unidos


Salvador Arguedas


Del 23 al 27 de junio de este año (1997), se realizará una sesión especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas, con el fin de evaluar los resultados obtenidos hasta ahora, sobre el plan de acción acordado en la Conferencia de Medio Ambiente de Río de Janeiro de 1992, (conocida como Eco´92, o Cumbre de Río, o Cumbre de la Tierra). A esta sesión especial de la Asamblea de junio, se la llama Cumbre de la Tierra+5 (a 5 años de la primera). El documento más importante de la Cumbre de 1992, es la Agenda 21; en junio, las Naciones Unidas evaluarán los textos relativos al desarrollo social a fin de “prevenir la degradación ambiental y establecer las bases de un estilo de vida sustentable para el planeta en el siglo XXI”. Estos textos son los relativos a pobreza (cap. 3), consumo (cap. 4), población (cap. 5), y mujer (cap. 24), de la Agenda 21. (CSD, E/CN. 17/ 1997/ 2/ add. 1, 2, 3, 4 y 5).

Según los papeles de trabajo preparatorios para la reunión de junio, y especialmente el reporte del Secretario General E/CN.17/1997/2, (31.I.97), se ha de crear “un estilo de vida moralmente responsable y sustentable”, basado en la movilización de las mujeres como requisito prioritario de cambios, que incluye “la implementación de las recomendaciones de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, de Pekín”.

Los párrafos más críticos de la Agenda 21 que se van a evaluar, son aquellos sobre los programas “efectivos de anti-pobreza”, basados, entre otras cosas, en la “imposición de metas demográficas, salud pública y derechos de la mujer”, para una “segura y efectiva salud reproductiva y paternidad responsable”, y programas para reforzar los “roles productivos y reproductivos de la mujer”. Además aquellos que hablan de eliminar los “estereotipos negativos” que perjudican a la mujer e “imponer la perspectiva de género”.

Según estos documentos, metas demográficas, políticas de salud pública, derechos de la mujer, paternidad responsable, significan anticoncepción. Los términos salud reproductiva y sexual, forzosamente implican el aborto. Aunque se los interprete diciendo que no lo incluyen, esto se refiere al aborto quirúrgico o traumático, y no al aborto químico o microaborto, que es consecuencia de los llamados anticonceptivos tradicionales (píldoras o DIU), o de productos químicos específicos (RU-486, Norplant, vacunas e inyectables). Las palabras salud reproductiva y sexual, también incluyen la llamada contracepción de urgencia o post-coital: no hace falta ser muy lúcido para intuir sus implicancias. También se desprende de los documentos, que los términos desarrollo sustentable moralmente responsable, desarrollo humano sostenible, seguridad humana, incluyen la anticoncepción y el aborto, como parte de los derechos y de las obligaciones de la nueva civilización.

El tema de perspectiva de género, se sustenta en la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS, WHO), que dice: “La identidad de género es la convicción personal, íntima y profunda de que se pertenece a uno u otro sexo en un sentido que va más allá de las características cromosómicas y somáticas propias”, en otras palabras, las diferencias naturales de sexo no determinan la identidad de las personas como hombres y mujeres, (WHO, Scientific Publication nº 541, 1993, Salud y sexualidad desde una perspectiva de género, p. 14; y CSD, Aplicación de los resultados de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, A/51/322, 3-IX-96, nn. 7-15; “El sexo de una persona es determinado por la naturaleza, pero su género lo elabora la sociedad, ECOSOC, E/CN. 4/ 1996/ 105, 20-XI-95).

Para las Naciones Unidas “es imprescindible la elaboración de una nueva ética, que asegure el desarrollo sustentable”, (PNUD, Informe para el Desarrollo 1994). Para eso, oficialmente, el Fondo para la Población de las Naciones Unidas (FNUAP) se ha comprometido a redactar la Carta de la Tierra, que tenga como base lo aprobado en Río en 1992. “La Declaración de Río (1992) se formuló como un primer paso para la adopción de la Carta de la Tierra. La redacción de la carta habrá de concretarse hacia 1995”. (El FNUAP y la Agenda 21, New York, 1993, p. 4).


Las reuniones Río+5

Como preparación a la asamblea de junio, se realizaron del 13 al 21 de marzo pasado, en Río de Janeiro, dos encuentros de organi-zaciones no gubernamentales, uno ecológico  -reunión del Consejo de la Tierra- y otro feminista, el 8º Encuentro Internacional Mujer y Salud, en el que participaron los grupos más extremistas de esta ideología.

El Encuentro Internacional Mujer y Salud, fue financiado -según lo informado en él-, entre otras instituciones por el Fondo para la Población de las Naciones Unidas, sección Brasil; Fundación Ford; "Católicas por el Derecho a Decidir", Fundación MacArthur, estas tres de los Estados Unidos; Christian AID, de Inglaterra; Ministerio de Relaciones Exteriores de Holanda; Conséil des Missions de L´Eglise, Holanda; Espace Femme Internationale, Suiza, etc.

Al final del Encuentro se conoció la Declaración de Gloria -nombre del hotel sede de las deliberaciones-, un largo documento de ocho páginas. En la Declaración, si bien elevan protestas por la anticoncepción coercitiva implementada en algunos países y contra el implante contraceptivo Norplant, por sus efectos secundarios nocivos, exigen la puesta en marcha efectiva de los planes de acción de El Cairo y Beijing, y recomiendan contrarrestar la influencia de la Iglesia Católica. “Aunque el Vaticano -dice la Declaración- ha sido derrotado en las recientes Conferencias mundiales, la influencia de la Iglesia Católica sobre los políticos que hacen las leyes, no ha desaparecido en los niveles nacionales”.

Una de las propuestas es aplicar los medios para transformar el Estado y controlar al sector privado, haciendo que toda la ayuda económica para el desarrollo se encauce a través de las ONG. Además, las ONG deberán encontrar los mecanismos para controlar y regular al sector privado en relación con la salud y los derechos sexuales y reproductivos, de sus empleados, asalariados, etc.  Otra propuesta es la de poner en práctica estrategias para que el aborto legal y seguro se adopte como un tema necesario para la salud de las mujeres, y una exigencia de la perspectiva de género y de la justicia social. Propone también, que el embarazo no deseado dentro del matrimonio, sea considerado violencia contra la mujer, violatorio de los derechos humanos. Por supuesto, entre las estrategias figura la de formar alianzas nacionales e internacionales para presionar sobre los políticos y medios de comunicación.

Las firmantes de la Declaración de Gloria, se comprometen a luchar para “una efectiva separación de la Iglesia y el Estado”, por la cual, los legisladores legislen para todos, “según la perspectiva de género, la justicia y la ética”, con independencia de sus creencias personales.

Entre otras cosas, las representantes de organizaciones no-gubernamentales argentinas reclamaron el apoyo internacional para implantar en su país la plataforma de la Conferencia de Beijing, especialmente en lo que se refiere a la perspectiva de género, salud reproductiva y aborto quirúrgico. De la Argentina asistieron representantes de 13 ONG.


La Carta de la Tierra

Sin embargo, la reunión más destacada fue la del Consejo de la Tierra que elaboró una Carta o Constitución de la Tierra. El Consejo está presidido por Maurice Strong, subsecretario del Secretariado General de las Naciones Unidas.

Intervinieron en la redacción de la Carta, Mikhail Gorbachev, Paulo Freire, la Princesa Rasma Bint de Jordania, el profesor Steven Rockefeller, de la Fundación Rockefeller, Federico Mayor Zaragoza, director general de la UNESCO y la cantante izquierdista Mercedes Sosa, que fue nombrada presidenta de la Comisión de las Américas para la Carta de la Tierra.

Hubo representaciones oficiales de muchos países y representantes de las organizaciones no-gubernamentales ecologistas, y de otras organizaciones no-gubernamentales, como la Fundación Rockefeller, la International Planned Parethood Federation(1), la Fundación Mac Arthur, Católicas para el Derecho a Decidir(2), etc., junto con observadores de agencias de las Naciones Unidas, como la UNICEF, el FNUAP (Fondo para la Población), el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), el UNEP (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente).

La activa presencia de éstos y, sobre todo, de Maurice Strong y de Federico Mayor Zaragoza, hace muy difícil de salvar la neutralidad de las Naciones Unidas en los dos encuentros, que eran, en principio, reuniones de organizaciones no-gubernamentales. Federico Mayor Zaragoza, desde 1992, se está encargando de juntar firmas de personalidades mundiales en favor de la Carta de la Tierra, (Correo de la UNESCO, noviembre 1992, p. 27, sección medio ambiente. Según esta publicación en esas fechas, Mayor “tenía 900.000 firmas apoyando el Pacto de la Tierra”).

Del Banco Mundial asistió James Wolfensohn, su presidente.


Extraña representante "católica"

Invitada como “representante de la Iglesia Católica”, asistió la Madre Tessa Biellicki, co-fundadora de la primera ¡comunidad monástica mixta! -hombres y mujeres-, que tiene centros de “Espiritualidad, Cultura y Artes” en los Estados Unidos e Irlanda, miembro de la Sociedad Humanista de los Estados Unidos, a la que pertenece también, por ejemplo, Sir Ramphal, presidente del World Conservation Union, autor del libro Our Country, The Planet, materialista, gnóstico, panteísta.

En total asistieron 500 delegados, incluídos los de 300 organizaciones no-gubernamentales. Las figuras principales del encuentro fueron recibidas por el presidente de Brasil, el gobernador del Estado, y el alcalde de Río, en respectivas recepciones, que compartieron con 60 escogidos hombres de negocios, 40 alcaldes, diplomáticos y otras autoridades civiles. Todo se realizó en el hotel Sheraton de Río, y los agasajos tuvieron como fin legitimar la Carta de la Tierra, lo mismo que las firmas que junta Mayor Zaragoza.

La llamada Carta de la Tierra, es un documento que busca elaborar “una nueva ética para un nuevo mundo”, rediseñado por las Naciones Unidas. La Carta, según sus autores, es el Decálogo de la Nueva Era. La salvación de la tierra, dicen en este documento, fue acordada por todos los países en la Cumbre de la Tierra de 1992 (ECO’92), y por eso esperan que las Naciones Unidas adopten esta Carta, a más tardar antes del año 2000, como un “código universal de conducta” para las personas y todas las naciones del mundo.

En Río, el principal impulsor de la Carta de la Tierra, fue el ex-presidente de la Unión Soviética, Gorbachev, fundador de la Cruz Verde Internacional, apoyado por Maurice Strong, subsecretario del Secretariado General de las Naciones Unidas y Secretario General de las dos últimas conferencias de la ONU sobre el Medio Ambiente global, una de ellas la Cumbre de la Tierra.

En la convocatoria, el ex-presidente soviético se lamentaba de que la Declaración de Río de 1992 y la Agenda 21, no hayan sido aplicadas aún completamente por los gobernantes del mundo. Para justificar el nuevo programa, Gorbachev dijo al comienzo de las deliberaciones: “el sistema medioambiental global está sufriendo una tremenda presión por el aumento de la población mundial, que se ha quintuplicado desde el comienzo de la centuria y esta destrucción se incrementará diez veces más durante el mismo período. Por lo tanto, si la raza humana se sigue reproduciendo, producirá cambios irreversibles en la biósfera en los próximos treinta y cinco años”.

Según Gorbachev, la Agenda 21 “se ha centrado en una visión antropológica del hombre. Hay que ayudar a la humanidad a cambiar esta visión, se necesita hacer la transición del hombre como rey de la naturaleza a que el hombre forma parte de ella”. “Necesitamos, dijo Gorbachev, encontrar un nuevo paradigma que reemplace los vagos conceptos antropológicos”. “Estos nuevos conceptos se deberán aplicar a todo el sistema de ideas, a la moral y a la ética, y constituirán un nuevo modo de vida”. “El mecanismo que usaremos, será el reemplazo de los Diez Mandamientos, por los principios contenidos en esta Carta o Constitución de la Tierra”.

Por supuesto que la Carta de la Tierra, es un manifiesto pagano, panteísta en todos sus conceptos, y además, o por lo mismo, intenta controlar férreamente la población mundial. Las tres páginas del borrador fueron discutidas y aprobadas después de seis revisiones, en talleres de trabajo a puertas cerradas. Se negó a la prensa y, por supuesto, a los grupos que podían representar oposición, todo tipo de acceso. El texto final contiene dieciocho mandamientos o principios. Entre ellos destacamos los siguientes:

El Principio 1º: “La tierra, cada forma de vida y todos los seres vivientes poseen un valor intrínseco. Se debe garantizar el respeto y su cuidado, independientemente del valor utilitario que puedan tener para la humanidad”.

El Principio 2º, manda tomar acciones para cuidar y restablecer la diversidad biológica, la integridad y la belleza de la naturaleza.

El Principio 3º de la Carta quedó redactado así: “Vivir sosteniendo, promoviendo y adoptando modos de consumo, producción y reproducción que respeten y salvaguarden los derechos humanos y las capacidades regenerativas de la tierra”.

Este tercer principio es un triunfo del grupo de Bella Abzug, la Organización del Desarrollo y Medio Ambiente de las Mujeres, cuyas siglas en inglés son WEDO. Las representantes de WEDO festejaron porque lograron cambiar la palabra población por producción y reproducción, y los términos dignidad humana, que aparecían en la primera versión de la Carta de la Tierra, por derechos humanos. Según dice Bella Abzug, “los términos dignidad humana son usados por el Vaticano y sus secuaces”.  Bella Abzug, una de las principales protagonistas de la Conferencia de Beijing, es asesora especial de Maurice Strong. (Correo de la UNESCO, noviembre 1992, p. 36).

Es claro que dignidad humana significa el valor inherente e inalterable del hombre, mientras que en los círculos de las Naciones Unidas, los derechos humanos solamente aluden, en este contexto, a un conjunto de supuestos derechos que como se incrementan, también se pueden reducir a voluntad: derechos reproductivos y sexuales, el derecho de los homosexuales para unirse legalmente y adoptar niños, derecho a la esterilización femenina y masculina, derecho a la contracepción.

El principio nº 9, dice: “Reafirmamos que los indígenas y los pueblos tribales tienen un rol vital en el cuidado y protección de la Madre Tierra. Ellos tienen derecho a conservar su espiritualidad, conocimientos, tierras, territorios y recursos”.

El principio nº 10: “Afirmamos que la equidad de género es un pre-requisito para el desarrollo sustentable”.

El principio nº 11: “Asegurar la salud reproductiva y sexual, especialmente dirigida para las mujeres y las niñas”.

En la conferencia de prensa sobre la Carta de la Tierra, que concedieron el 19 de marzo a Gorbachev, Strong y Rockefeller, se les preguntó si no esperaban oposición al principio nº 11, ya que en las anteriores conferencias de las Naciones Unidas estos enunciados encontraron un fuerte rechazo. Rockefeller respondió que el lenguaje de las Naciones Unidas era el lenguaje del documento de la Conferencia de Beijing, y así se redactó el principio nº11, dando por sentado que todos los Estados aceptan sin reservas la plataforma de Beijing.

Para Gorbachov, “el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas debe impulsar el nuevo orden mundial. Las Naciones Unidas tienen las armas legales para hacerlo. Se debe construir un nuevo mundo en base a un nuevo sistema de valores, liberales, sociales y democráticos. La ecología es el centro de este nuevo sistema de valores, plasmado en la Carta de la Tierra y la globalización debe ser el concepto en el que se base el éxito de la Carta de la Tierra. Por eso mi fundación tiene como fin crear y fomentar esta conciencia global”. (Para ampliar estas ideas véase, Gobierno Mundial para el S. XXI, Jan Tinbergen, premio Nobel de Economía 1969, PNUD Informe 1994, 1994, p. 97).

En la conferencia de prensa se le preguntó a Gorbachev si era verdad que su condición para asistir al encuentro era el pago de 300.000 dólares. “Un poco desconfiado” -dice la crónica de Jeanne Ferrari-, Gorbachev contestó: “el gobierno argentino me pagó los gastos del viaje y donó 300.000 dólares para la Fundación Cruz Verde Internacional”.

Aunque según el Consejo de la Tierra fueron consultados más de 300 líderes religiosos, budistas, cristianos, confucianistas, hindúes, islámicos y judíos, la importancia que le da la Carta de la Tierra a las culturas indígenas primitivas en desmedro de las religiones mayoritarias, como la musulmana, judía o cristiana, según palabras de Steven Rockefeller, “fue porque los indígenas mantienen una intimidad especial con la tierra y la protegen”. Quizás sus autores, están convencidos de que ciertos pueblos padecen un fatalismo genético que les impide aprender, comprender, desarrollarse; o puede ser que existan intereses no declarados para mantener en la edad de piedra a los nativos de ciertas partes del globo.

Los artífices del documento están dispuestos a convertirlo, “con o sin el apoyo de los gobiernos”, en una única agenda de gobierno mundial, según lo manifestado por Maurice Strong a la prensa: “este documento prevalecerá por nuestra propia autoridad, no es necesario la autoridad de los gobiernos”. Estas palabras se explican desde el nuevo concepto de ciudadanía, gestado en los organismos internacionales, en el que la participación de las organizaciones no-gubernamentales (ONG’s) en los foros internacionales, sustituiría poco a poco a las representaciones nacionales o al menos tendría el mismo peso. La Carta de la Tierra será presentada en junio a la Asamblea General especial de las Naciones Unidas.

Por otro lado, para hacerse una idea cabal de la gravedad de la situación, hay que tener en cuenta que las Naciones Unidas, en 1998, revisarán la Declaración de Derechos del Hombre de 1948, y que esa organización busca consenso internacional para incluir en esa Declaración, los derechos de las mujeres y de las niñas; éstos incluyen -con sólo variantes de redacción-: el derecho a controlar su propia fertilidad; el derecho a la salud reproductiva y al goce sexual; derechos sexuales y reproductivos, incluyendo el de elegir la propia orientación sexual; el derecho al aborto seguro; derecho a la anticoncepción, etc.

Para muchos, ese consenso existe, por lo acordado por los Estados en los documentos finales de las últimas conferencias internacionales. No importan las reservas que hayan podido presentar. Debemos recordar la recomendación de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos (Viena, 1993), que “alienta a los Estados que consideren la posibilidad de limitar el alcance de cualquier reserva que hagan a cualquier instrumento internacional de derechos humanos”, y llega a sugerir, “reconsiderar regularmente cualquier reserva que hayan hecho con miras a retirarla”, para llegar al año 2000 sin reservas en los documentos (Declaración y Programa de Acción de Viena, Cap. II, art. 5).

Por eso, en los documentos de las Naciones Unidas y de las ONG más importantes, se da por sentado que el Programa de Acción de El Cairo y la Plataforma de Beijing, han sido aceptados por la comunidad internacional. Por otro lado, el gobierno de los Estados Unidos se ha manifestado repetidamente en este sentido, por ejemplo, Tim Wirth -subsecretario de Estado- dijo en 1993: “el aborto es un derecho humano básico. Los gobiernos que violan los derechos humanos básicos, no se pueden refugiar detrás de la defensa de su soberanía. La meta de la administración Clinton para el año 2000, es que cada mujer del mundo tenga (la) opción (del aborto), en el tema de la reproducción”.


Notas

(1)  Federación Internacional para la Planificación Familiar, con sede en los Estados Unidos, que distribuye cientos de millones de dólares en países que se allanan a legalizar el aborto, entre otros métodos de planificación familiar.

(2)  Grupo de mujeres feministas de los Estados Unidos que, haciéndose pasar por católicas, dicen luchar dentro de la Iglesia por la legalización del aborto


 Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2106 del 30 de abril de
1997


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