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FRENTE A LOS DESAFÍOS DEL TERCER MILENIO


Reflexiones cuaresmales del Administrador diocesano de Rafaela, 
reverendo monseñor Idelso Juan Re.


Queridos Hermanos: Les envío estas reflexiones para compartir en esta cuaresma este momento que vivimos como Iglesia Diocesana, que hace 10 meses despidió a su obispo, monseñor Héctor G. Romero y ahora aguarda la llegada del nuevo Pastor. Quizás les pueda ayudar como marco de referencia al poner en marcha las actividades pastorales en nuestras propias comunidades.


1. El tercer milenio no es solamente un cambio de siglo. Es un cambio de época. No es sólo una época con cambios espectaculares en la técnica y en la ciencia sino también un trastrocamiento de valores que afectan a la persona, a la familia, a la sociedad y también a la misma Iglesia.

Vemos que para nosotros la globalización termina siendo una nueva forma de colonización. El consumismo ha invadido a nuestra sociedad. El tener riqueza, poder, belleza es una condición para ser alguien. Se valora el más por encima del mejor.

Nuestra pesada deuda externa que crece día a día, trae aparejada una fabulosa deuda interna que como país tenemos con los pobres que cada vez son más, con los excluidos que también aumentan, con los endeudados que son la nueva clase de pobres que tenemos entre nosotros. Si los bancos ejecutaran a sus deudores nuestra geografía diocesana se convertiría en un desierto.

Esta deuda externa vamos a tener que pagarla por generaciones y a la deuda interna vamos a morir debiéndola por muchísimos años.

En el aspecto religioso vemos la proliferación de ofertas a bajo costo que tienen propuestas para todos los gustos.

Para muchos bautizados la Iglesia termina siendo un punto de referencia, no de pertenencia.

El fenómeno del «zapping» (cambio de canales por control remoto) es un signo de las actitudes que tenemos frente a la vida: gozar del momento presente, vivir todas las sensaciones posibles, disfrutar de lo inmediato. Todo esto hace difícil la posibilidad de un compromiso estable, a largo plazo en muchos órdenes de la vida. Por eso el auge creciente de separaciones matrimoniales, la deserción de muchos bautizados que buscan otras experiencias religiosas, la ausencia de jóvenes en la vida política y pastoral.


2. Frente a estas y otras situaciones que nos presenta HOY la realidad que nos toca vivir, nos preguntamos: ¿qué hacer como Iglesia Diocesana? ¿Qué respuesta pastoral vamos a darle a estos nuevos desafíos? ¿Cuál será el punto de partida de estas respuestas que nuestros hermanos esperan de nosotros? Los Obispos de América en la persona de Juan Pablo II nos han entregado, en enero del año pasado, una orientación en el documento «Iglesia en América» que nos ayuda a encontrar ese camino.


3.
El punto de partida es un encuentro con la persona viva de Jesucristo. Desde ese encuentro brota la conversión, la comunión, la solidaridad y la evangelización. Porque el cristianismo nació del encuentro de dos personas con Jesucristo, Juan y Andrés. Este encuentro fue una experiencia inolvidable que marcaría sus vidas para siempre (Juan 1,35). Nuestra tarea es vivir en primer lugar nosotros esta experiencia con la persona de Jesús y llevar también a nuestros hermanos a este encuentro con el Señor.

Tendríamos que preguntarnos si no hablamos más de la Iglesia que de Jesucristo. Todo en la Iglesia, en nuestras Parroquias, movimientos, áreas pastorales y colegios, debe estar al servicio de este anuncio: «Jesucristo y sólo Él, es el Señor». Debemos hablar más de Jesucristo, rostro humano de Dios y rostro divino del hombre. Este es el primer anuncio que realmente sacude a los hombres y convierte sus corazones.

Cuando se da este encuentro con Jesucristo vivo, todo lo demás viene por añadidura. La conversión lleva a la comunión eclesial que es como un signo de la comunión Trinitaria. Tener un corazón comunitario es sentirse llamado a crear espacios de comunión pastoral.

Los consejos pastorales parroquiales, vicariales, los movimientos, áreas y las distintas actividades apostólicas son los lugares donde se expresa nuestro compromiso cristiano y donde se comparte y crece la comunión pastoral que es la espiritualidad, la mística que debe animar toda la tarea eclesial. Un proyecto pastoral Diocesano sin la mística de un encuentro con Cristo y de la comunión eclesial es como un cuerpo sin alma.


4. En este año Jubilar, y en aguarde de la llegada de un nuevo pastor ¿qué Iglesia Diocesana queremos vivir, compartir y testimoniar?

a. ¿Qué respuestas concretas vamos a dar desde nuestras parroquias, movimientos, áreas pastorales y actividades apostólicas y colegios a la tarea insustituible de anunciar a Jesucristo?

b. ¿Cómo vamos a asumir el reto de un norte olvidado y carente de los agentes pastorales que necesita?

c. ¿Cómo vamos a revitalizar nuestra pastoral juvenil para ayudar a nuestros jóvenes a descubrir que Cristo vale la pena para cada uno de ellos?

d. ¿Cómo ayudar a aquellos a quienes Dios llama a la vida consagrada o sacerdotal desde nuestras parroquias y grupos juveniles para que estén atentos a esta llamada? Desde el año 2001, hasta el 2008 las posibles ordenaciones no cubrirán las vacantes que se van a producir en nuestras filas sacerdotales.

e. ¿Cómo vamos a fortalecer desde nuestra cate-quesis una formación más compro-metida de nuestros creyentes? A tal catequesis, HOY, tal Iglesia mañana.

f. ¿Como Iglesia Diocesana, qué acompaña-miento debemos dar a nuestros matrimonios en crisis, a los divorciados vueltos a casar y a nuestras familias que quieren seguir madurando en su amor matrimonial?

g. ¿Qué caminos vamos a transitar para convertir a los bautizados y comprometer pastoralmente a los convertidos?


5. La conversión a Jesucristo que nos lleva a vivir la espiritualidad de comunión nos lanza también a la solidaridad. Este aspecto es lo primero que se ve en la Iglesia.

Los documentos ilustran, los gestos conmueven. Teresa de Calcuta lo marca esto con su vida.

Vemos que cada vez se hace más urgente la solidaridad con los que sufren, los excluidos, los enfermos, los ancianos, los chicos de la calle y tantos otros adolescentes y jóvenes que están en grave situación de riesgo, aunque vivan en casas muy confortables.

Este compromiso con la solidaridad nos llama a ser una Iglesia que recorre el camino de Emaús con aquellos hermanos que necesitan encontrar el sentido de sus vidas. Una Iglesia que siga los pasos del Buen Pastor que sale a buscar y a encontrar a aquellos que se han alejado del Señor.


6. Nuestra Iglesia Diocesana en este año Jubilar quiere ser fiel al proyecto diocesano de Renovación Pastoral: «La parroquia comunidad misionera», por eso nos invita a redescubrir la presencia de Dios Vivo – Padre – Hijo y Espíritu Santo – promoviendo una Iglesia misionera abierta a las familias y a los más necesitados y celebrando más festivamente la Eucaristía.

Este objetivo diocesano queremos aterrizarlo en nuestras comunidades en este tiempo de Cuaresma creciendo en el espíritu penitencial, descubriendo el valor de las obras de misericordia, ofrendando el fruto de estas penitencias a las obras de Cáritas Diocesana.

También queremos asumir un gesto misionero, implementando el esfuerzo evangelizador en una misión diocesana con la imagen de la Trinidad, a fin de llevar la Buena Noticia que tenemos un Padre que nos ama, un hermano, Jesucristo, que nos salva y el Espíritu Santo que nos hace templos vivos del Dios viviente.

Esta misión será lanzada en la fiesta de la Santísima Trinidad desde la parroquia que lleva este nombre el domingo 18 de junio.

Juan Pablo II quiere que en este año Jubilar, el Sacramento de la Eucaristía sea descubierto por todos los cristianos como el Sacramento que hace presente al Señor en medio de nosotros. Cada Parroquia buscará los modos para que sea revalorizado en la conciencia de la fe de cada bautizado.


7. Me encomiendo a las oraciones de ustedes. Recemos también por el nuevo pastor que Dios tiene destinado para nuestra Diócesis. Les reitero mi dis-ponibilidad de seguir estando al servicio de todos ustedes y los invito a continuar en la tarea de la nueva evangelización a la que nos urge Juan Pablo II.

A María de Guadalupe, patrona de la Diócesis, le encomendamos nuestra tarea eclesial en este año jubilar y la invitamos a hacer junto a nosotros el camino de este año Santo.


Rafaela, 11 de febrero, Fiesta de la Virgen de Lourdes del año 2000

Mons. Idelso Juan Re, administrador Diocesano de Rafaela


Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº  2256, del 15 de marzo de 2000


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