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Queremos admirar, celebrar
y anunciar la vida


Homilía de monseñor Daniel Horacio Cavallo, vicario general de San Francisco en la Solemnidad de San Francisco de Asís (Iglesia catedral, 4 de octubre de 2005)


 “…ocultaste estas cosas a los sabios y las
revelaste a los pequeños…”


1. La vida de placer que llevó Francisco hasta los veinte años no satisfizo los anhelos de su corazón; su alma noble, delicada y cristiana deseaba algo más elevado, una ida superior.

¿En donde la encontraría?. ¿Cuál sería esa vida que satisfaría con creces todos sus anhelos?. Francisco no imaginaba que tal vida sólo la encontraría en Dios y no tuvo, como nosotros, la fortuna de que alguien se lo anunciara. Fue así que en la más angustiosa oscuridad intelectual, buscó durante siete años esa vida superior, hasta que al cabo de ellos encontró resueltamente su camino a Dios.

Esos siete años fueron de dolorosas equivocaciones. Francisco buscó la vida anhelada en las armas y luego de la prisión y del desencanto emprendió un viaje a Roma solicitando ayuda divina y ahí empezó a ver que Dios lo llamaba a servirlo, dando al mundo ejemplo de pobreza y sencillez.


2. La celebración de este 4 de octubre, solemnidad de San Francisco de Asís, nuestro patrono, nos permiten, a la luz de la Palabra de Dios proclamada, iluminar la realidad que nos toca vivir, para poder vivirla en cristiano.

Si algo caracterizó la vida de nuestro patrono, es esto: haber tenido la capacidad de recibir la palabra de Dios y aplicarla a la vida concreta, aún a costa de grandes cambios.

El texto de San Pablo a los Gálatas, segunda lectura proclamada, resumen esta identidad franciscana: “ Yo sólo me gloriaré en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo…llevo en mi cuerpo las cicatrices de Jesús…”. ¿Habrá mayor pobreza que esta experiencia de la cruz de Cristo?.

La oración de Jesús en el evangelio es una profesión de fe en los corazones sencillos, donde esta palabra pueda anidarse y dar frutos según la voluntad de Dios.

Amor a la VIDA y a la actitud de SENCILLEZ para descubrir la presencia de Dios pueden resumir lo fundamental del mensaje Franciscano, también para nosotros y nuestro tiempo. Un tiempo histórico lleno de desafíos y apasionante en la misión que hay que cumplir.


3. Como cristianos metidos en las realidades temporales, esta fiesta de SAN FRANCISCO se enmarca en dos consideraciones especiales:

  • Nuestra ciudad comienza su marcha hacia los 120 años de su fundación, a celebrarse, Dios mediante, el 9 de septiembre del 2006. Al respecto esta celebración es una oportunidad para seguir profundizando nuestra identidad que tiene derecho a respetar nuestras raíces. En tal sentido me parece oportuno destacar que la promulgación de la categoría de FERIADO dado a este día 4 de octubre es el saldo de una deuda que nos debemos no sólo desde el plano de la fe – y esto es un derecho – sino también hacia el respeto a nuestras raíces y nuestros orígenes que no podemos olvidar ni menospreciar.

  • Nuestra nación, y nosotros como ciudadanos, debemos asumir lo delicado de la responsabilidad en las próximas elecciones legislativas, enmarcadas en lo que pareciera una costumbre: la despiadada pelea de los candidatos, la poca claridad de las propuestas y el no conocimiento de quienes se postulan a dichos cargos legislativos, el poder de las “encuestas” que conquista votos con actitudes demagógicas o promesas que sabemos que nunca se cumplirán. Una vez mas parece que la política, llamada a ser el arte que ayuda al gobierno de la sociedad, se transforma en la lucha por el poder que se perpetúa en unos pocos.


Como cristianos esta fiesta de San Francisco nos ofrece un disparador para una reflexión especial:

  • Nuestro Obispo Diocesano finaliza en estos días su viaje a la Sede de Pedro. En el renovamos, en tiempos eclesiales no fáciles, nuestra fidelidad a Cristo y a la Iglesia en la persona del Santo Padre Benedicto XVI.

  • La culminación del Año Eucarístico y la celebración del Sínodo de los Obispos acerca de la Eucaristía, nos permite celebrar, con la fe de los pequeños y sencillos, la grandeza del amor que se “queda con nosotros y entre nosotros”.

  • También nuestra Diócesis continúa su camino pastoral con el entusiasmo de ir concretando su Plan de Pastoral que se presentará a fin de este año y que alentará la implementación de la llamada a NAVEGAR MAR ADENTRO hecha por nuestros Obispos Argentinos. Así también nos toca vivir la gracia de celebrar el próximo 10 de abril de 2006, los 45 años de la creación de nuestra Diócesis.

  • El próximo Congreso de Laicos, a realizarse en Buenos Aires del 8 al 10 de octubre, camino al bicentenario de nuestra patria , la participación de laicos de nuestra Diócesis en el mismo y la presentación de una ponencia sobre la situación legal sobre el aborto realizada con la capacidad ilustrada de un profesional de nuestra ciudad, marca también el paso de Dios en gestos de sencillez y fraternidad.

¿Es esto un mero detalle de hechos que nos tocan vivir?

Tomar así la situaciones sociales o religiosas nos transformaría en simples vividores de cosas que pasan.

La fe amplía el horizonte de la vida del hombre y nos permite aprender a discernir un proceso especial en el que Dios –como Padre– no olvida a sus hijos, sino que los consuela, los acompaña, los fortalece.

El aprender a tener un corazón que capte –con sencillez– aquello que Dios oculta a los soberbios y “complicados” del mundo ofrece una manera nueva de descubrir el proceso de cómo crece el Reino de Dios entre los hombres. ¡ Esta es la ventaja!. ¡ Esta es la diferencia!.


4. Los Obispos de la Provincia de Córdoba nos han dirigido una carta: “La vida vale la pena. La vida humana es sagrada”.

En ella declaran: “…la mentalidad materialista que se impone en el pensamiento del hombre de hoy considera que la vida tiene valor solo en la medida en que alcanza la fama, la eficiencia, la riqueza o el placer. No le reconoce un valor en si misma y por sí misa. De este modo se va configurando una cultura de la muerte que se torna verdadera “conjura contra la vida”, manifestada en el desprecio y la marginación de algunos, y en la eliminación deliberada de otros por medio del aborto, la eutanasia, el homicidio.

Nosotros, en cambio, queremos admirar, celebrar y anunciar la vida, agradeciendo y animando a todas las madres y padres, abuelos y abuelas, a todos los agentes del mundo de la salud, a todos los educadores y educadoras, a todos aquellos que con sus gestos, ya sean pequeños o heroicos, dan testimonio de la alegría de vivir y de servir a la vida”.

“A todo hombre, en cualquier situación que se encuentre, la Iglesia tiene una buena noticia para darle. Dios ama tu vida, sana o enferma, feliz o infeliz, virtuosa o desfigurada por el pecado. Cristo, el Señor, la vive junto a ti, compartiendo tus bienes y tus miserias, como si fuesen suyas. El Espíritu Santo la sostiene y orienta para que llegue a ser don de amor al Padre y a los hermanos. Nos lo dice la Revelación por medio del profeta Isaías: “Tú eres valioso, Tú eres mi amigo. Tu vida me interesa”. “¡Toda vida es única, irrepetible y sagrada!”. DON Y TAREA PARA EL QUE LA RECIBE Y PARA TODA LA HUMANIDAD”.

“Por lo tanto creer en Dios significa también tener la más alta consideración del hombre, del valor de la vida como tal, y especialmente de la vida humana.

Vivir, dejar vivir, respetar, cuidar, cultivar la vida de todo hombre, en toda circunstancia, s tarea ineludible, no sólo por la bondad de la vida humana sino también por la vocación de eternidad que tiene toda persona: La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios (G.Spes. 19)”.


5. Como los discípulos de Emaús, como San Francisco, como la Iglesia en todos los tiempos y en todas partes, hoy nosotros volvemos a decir con la oración del corazón y de los hermanos: “QUEDATE CON NOSOTROS, SEÑOR”.

Quédate, Señor Jesús, para que nuestra vida tenga sentido y de sentido a la vida de nuestra ciudad, de nuestras familias y de nuestros seres queridos.

Quédate, Señor Jesús, para que la sencillez que nos enseñaste en el Evangelio, siga siendo el estilo de vida que desconcierte el poder del mal y destruya el egoísmo y la mentira.

Quédate, Señor Jesús, para que como Santa María y San Francisco vivamos nuestra vida con alegría, sencillez y esperanza ¡PORQUE VOS ESTÁS CON NOSOTROS!.

¡AVE MARÍA PURÍSIMA!


San Francisco, 4 de octubre de 2005.
Mons. Domingo Cavallo, vicario general de San Francisco


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