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CONSUDEC
Comentario editorial 53

Por el padre Hugo Salaberry SJ.


CAMBIOS PARA LOGRAR UNA MAYOR COMUNICACIÓN


Del Hno. Septimio:

“Una educación católica fallaría lamentablemente si no abriera otras altísimas perspectivas en la búsqueda de la verdad, si no encaminara correctamente a sus beneficiarios por la larga la lenta senda que conduce al logro de la verdad absoluta, si los enclaustrara así fuera con justeza  y perfección en un redondo y pulido mundo de antropocentrismo. Hay que enseñarles a escalar, a ascender. A sobrepasar las barreras de lo natural... ¿Lo decimos? Bueno, sí: hay que abrirlos a la posesión de la verdad revelada por Dios en la persona de Jesucristo y presentada a las almas por medio de la Iglesia”.


Con estas palabras terminaba el Hno. su editorial en el primer número del periódico CONSUDEC, el 5 de agosto de 1963.   

Hoy como ayer, y desde hace ya cuarenta años, la palabra de CONSUDEC llega de manera periódica -e ininterrumpida- a nuestras escuelas, a nuestras queridas escuelas, por medio del quincenario.

Hay cambios. Hubo cambios y los habrá, y sin embargo, hoy como ayer, éste nuestro medio de comunicación, quiere compartir la realidad educativa, reflexionar sobre nuestra misión, acortar distancias para relacionarnos mejor, informarlos sobre reglamentaciones, normas, decretos, estar cerca de los que están lejos, sentirnos hermanos en la patria, en un mundo que se empeña en romper “parentescos”.

Celebramos cuarenta años y esta celebración está cargada de acción de gracias. Una certeza: el Señor nos ha sostenido. ¿Si fueron fáciles los tiempos vividos?... Un corazón, una institución, una vida de cuarenta años, una existencia de cuatro décadas, sólo por el tiempo transcurrido, inclina e impulsa mucho más a la acción de gracias, que a los reproches.

No ha sido un tiempo vano. Desde esa primera edición, tenemos la alegría de recoger día a día, la opinión de los docentes que nos animan, la de los  directivos que nos ayudan, la de funcionarios que nos respetan, la de los amigos que nos siguen y sugieren mejoras.

Por eso y por otras cosas muchas, es que agradecemos al Señor y lo repetimos desde los salmos: “Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica ni me retiró su favor” (Sal. 65).

El Señor ha inspirado en quienes iniciaron esta tarea, el deseo de llegar con un servicio especial a las comunidades educativas del país. Los invito entonces, a que se unan a nosotros y nos ayuden en esta acción de gracias desde el lugar de cada uno, a fin de pedirle al Señor que siga acompañando con su gracia esta tarea, que por momentos es gratificante y por momentos no. Y hay mucho por hacer en la Patria, con la familia argentina!.

Tenemos por delante, cambios que realizar para mejorar (actualizarnos), algunos cambios que consolidar (afirmarnos) y principios que mantener hoy como siempre (fortalecernos).

Sin ir más lejos, ya en la primera editorial del mes de julio, les adelantábamos los cambios sobre los que estábamos trabajando. Cambios que aspiran en su finalidad a lograr una mayor comunicación.

Al decir mayor comunicación, nos rige un deseo constante: pensar que el periódico forme parte permanente de la sala de profesores. Un formar parte que quiere traducirse en un servicio que ayuda a la tarea docente.

En la misma editorial mencionada, les hacía referencia a una nueva propuesta que nos ha entusiasmado. Los cambios son simples y a su vez profundos. Nos han acercado un estudio, en el cual, volcando en la publicación la cantidad de contenidos habituales, aprovechando mejor los espacios en blanco, cambiando la diagramación, incluso el tipo de letra, permite reducir la cantidad de hojas, con lo cual, estaríamos enviando dos ejemplares en lugar de uno. (En la próxima edición de nuestro periódico, conocerán este nuevo diseño y contaran ya con dos ejemplares por cada suscripción.)

Pensar que el periódico esté definitivamente en la sala de profesores es un sueño que parece podemos alcanzar en breve, pues este segundo ejemplar sería para los docentes.

Estamos como siempre dispuestos a compartir cada vez más las experiencias que día a día se realizan en nuestras escuelas y en cada rincón de la Patria. Experiencias, originales, valiosas, muy útiles para la formación integral de la persona.

No interesa si es o parece poco. “Hasta el pelo más delgado, hace su sombra en el suelo”, nos diría Martín Fierro. Sencillo, silencioso o simple, detrás de una realidad educativa, de un hecho docente,  hay un trabajo constante y realizado con amor y fatiga pensando en los alumnos, razón de nuestra ardua y apasionante tarea docente.

Insistimos en que posibilite un intercambio de experiencias, porque en cada actividad de Consudec, surge como riqueza el espacio dedicado a compartir lo realizado por otros compañeros. Y sabemos que no todos pueden estar presentes en las actividades que se realizan en nuestra casa. Tal vez ésta sea una manera de permitir que otros experimenten parte de esa riqueza.

Al mismo tiempo, el intercambio de experiencia nos ayuda a crecer en solidaridad, en generosidad, en gratitud. En solidaridad porque la propia  experiencia  puede servir para que otro se anime a llevar adelante ese proyecto que tanto se anhela realizar y que parece imposible. En generosidad porque esa misma experiencia se pone al servicio de los demás. En gratitud, para reconocer todos los bienes que el Señor en su providencia quiso darnos.

El Documento EDUCACIÓN PROYECTO DE VIDA, nos ilumina en este paso que pretendemos dar de intercambiar experiencias para reflexionar y crecer como comunidad en esta nueva misión que nos disponemos a realizar.

Intercambiar experiencias es una de nuestras fuentes primordiales en la construcción de comunidad.

“...el ser humano es tan profundamente relacional que sus relaciones no son algo que él simplemente tiene; en realidad, las vive y se va autoconfigurando a través de ellas como una de las fuentes primordiales en la construcción de su identidad. Estas consideraciones ponen de manifiesto, una vez más, la realidad y los alcances de la interdependencia de los hombres en lo bueno y en lo malo”.

Intercambiar experiencias no es sólo algo funcional sino un intercambio de calidez humana que construye la comunidad.

“La búsqueda del otro y de los otros puede quedar en el plano de la necesaria complementariedad funcional que da origen a la organización política de la sociedad. Pero sólo podemos hablar de comunidad cuando vamos más allá de la función y organización para llegar al trato más o menos profundo de persona a persona en intercambio de calidez humana”.

Intercambiar experiencias forma y educa al hombre, ayuda a conocernos y a reconocernos.

“La vida de comunidad es la que forma y educa al hombre. Lo enfrenta con la verdad de sí, lo saca de sus vanas ilusiones y falsas autoimágenes porque pone a prueba sus pretendidas virtudes y le manifiesta claramente hasta qué punto es en verdad lo que cree ser: lo ayuda a conocerse y reconocerse”.

Intercambiar experiencias nos ayuda a descubrir a los otros como destinatarios de nuestros dones.

“Lo saca de su egoísmo porque le demanda continuamente atención al otro, disposición de servicio, comprensión, tolerancia e intervención solidaria. Lo llama a la humildad y al reconocimiento de sus interdependencias hasta descubrir en los otros los acreedores de su gratitud y los destinatarios de sus dones como concreto destino de su ser vocacional”.

Intercambiar experiencias es más que la suma de sus componentes, es un verdadero intercambio de vida.

“La comunidad como tal es un nuevo ser distinto de la sumatoria de sus componentes. Tiene también ella su peculiar carácter y, por lo tanto, desde un punto de vista pedagógico no basta tener en cuenta el proyecto personal de vida de cada uno de los integrantes, es necesario enfocar la educación de la comunidad en cuanto comunidad. También ella tiene que tener su trayecto y sus objetivos educativos.

Toda comunidad debe dar respuesta viva a las necesidades básicas que busca todo hombre en el seno de los grupos: un clima de verdad, justicia, aceptación y afecto y sentido de presencia valiosa en el seno de las comunidades más amplias.

Por eso debe cultivar explícitamente una conciencia lúcida de su identidad y misión, hondas relaciones personales enriquecedoras por el intercambio de vida y experiencia, y debe crear un clima propicio para la participación corresponsable que lleve a sus integrantes a una mayor madurez”.

Nos dice San Marcos: “...los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: ‘Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco’. Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer”.

No podríamos asegurar que se dio “un intercambio de experiencias”, aunque en esas palabras que nacerían a borbotones y en esa invitación del Señor a descansar juntos, se han conocido mejor.

Es tiempo de contarles más cosas al Señor para conocerlo mejor.  Que nos invite a descansar con Él, a conocer la verdad y vivirla. Servirlo y servir a nuestros hermanos.


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