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CONSUDEC
Comentario editorial 58
Por
el padre Hugo Salaberry SJ.
CONOCER BIEN
"Dice el Señor: Yo tengo designios de paz, y no de aflicción.
Invóquenme y los escucharé y pondré fin a vuestro cautiverio."
(Antífona
de entrada domingo 33 durante el año)
Al comenzar a escribir la nueva editorial me venía el temor de
aburrirlos siguiendo con la temática de la esclavitud y la fecundidad,
pero es tan rico el tema que se me ocurrían nuevas conclusiones y
nuevos textos… Así que me animo a compartirlos, confiando en que “lo
que abunda no daña”, como dice el refrán.
En la
reflexión anterior habíamos terminado con la pregunta que el Señor les
hizo a sus discípulos “¿cuántos panes tienen?, vayan a ver...!”.
En
éste nuestro tiempo, esa pregunta toma un valor muy especial, y nos
sorprende por su simplicidad y concretez.
El
Señor nos interpela con una pregunta que nos obliga con toda claridad
a ser concretos y a mirar lo que tenemos. No especula con lo que sería
bueno o mejor ni con lo que haría falta (“...harían falta 200 denarios
para dar de comer a todos...”).
En
medio del gentío y frente a sus discípulos, que de alguna manera lo
están urgiendo para que tome las riendas del asunto y haga algo, el
Señor, lejos de sumarse a la histeria colectiva o de comenzar a
recriminar por lo que habría que hacer y no se hace o no se hizo, los
devuelve a la realidad con una pregunta simple, que no tiene ni
siquiera un tono irónico ni crítico. El Señor no se queda paralizado
por no contar con medios de acción ideales. Agradece, bendice y
comparte lo que hay, lo que tienen. Y eso basta para el milagro de la
multiplicación de los panes.
¿Qué
enseñanza podemos sacar de esta manera de mirar las cosas que tiene
Jesús?
Podemos concluir que “la situación ideal”, esa situación con la que a
veces soñamos: la de quien no tiene a nadie arriba ni a nadie abajo,
es decir la de quien no depende de nadie ni nadie depende de él y, por
lo tanto, puede hacer lo que quiere, es precisamente eso: una
situación ideal, abstracta. Una situación que nunca se da.
Y
comparar la situación real que en cada caso estamos viviendo, tanto en
lo personal como en lo familiar, e incluso en la historia del país que
tratamos de conformar, compararla, digo, con una idealidad abstracta
NO NOS AYUDA. Y si no nos ayuda, entonces: NO ES DE DIOS. Sino es de
Dios, entonces hay que buscar otra forma de interpretación de la
realidad, otros parámetros de juicio, otros referentes que sí pueden
ayudarnos.
Estamos acostumbrados, en nuestra particular manera de ser, a
protagonizar un mundo imaginario, de fantasía, que muy difícilmente
llegue a ser un mundo real, porque ese mundo imaginario no es
proyección de lo que tenemos o estamos viviendo sino que emerge desde
un corte, desde una escisión, entre lo que somos y tenemos y lo que
deseamos llegar a ser.
El
mundo por nosotros imaginado no tiene ninguna comunicación posible con
el real que nos golpea todos los días.
No sé
si podré explicarme mejor, pero al no estar nuestra imaginación bien
ligada a la realidad, a lo que tenemos y podemos hacer, en vez de ser
una imaginación creativa se convierte en lo que Santa Teresa llamaba
“la loca de la casa”. En una imaginación que queda girando en el
vacío, hablando sola. Y mejor que así sea.
Sé que
algunos de estos ejemplos ya son conocidos. Pero también es cierto que
por demasiado comunes no son por ello menos sugerentes. Por eso es que
no nos cansamos de repetirlos y esperamos, en lo posible, no repetir
cansando. Por eso los utilizaré nuevamente.
Tomemos el caso de los cursos que nos ha correspondido llevar en
determinado año. El curso ideal no existe. Además, todos hemos
experimentado que, en general, un curso con buenos alumnos, alumnos
con un muy buen nivel de comprensión y de trabajo, ordenados en cuanto
a las actitudes cotidianas, caritativos entre sí y con los demás, no
es un curso que se da todos los años. Es más, suelen pasar muchos años
para que se dé un curso con esas características.
Y
generalmente uno se da cuenta que estos cursos “ideales” se han armado
mucho más por obra de la providencia que por la mano del hombre...
Aquí
es cuando cobra más sentido la verdad que nos revela la actitud de
Jesús. Cobra sentido mirar y ver lo que somos y lo que tenemos. Cobra
sentido mirarlo con toda realidad. Cobra sentido valorar lo poco que
tenemos como un bien precioso para formar integralmente. De allí que
lo nuestro pase más por “...la verdad os hará libres...”, que por la
mera situación ideal que por ser ideal, encuentra menos posibilidades
de realización.
Me
explico.
Como
docentes, en el diagnóstico que no podemos fallar es en el del
conocimiento real de lo que somos, de lo que tenemos, del grupo que
está delante nuestro, de la situación que nos rodea. Y desde allí
partir y crecer.
Aquí
surge otra dificultad nuestra, no menos conflictiva que la anterior.
Solemos caer en otra trampa, en otro engaño: el tratar de buscar y
encontrar la paz, conociendo todo. Y hoy en día esto no deja de
ser otra fantasía.
Hemos
de tratar de conocer bien, no de conocer todo. Vuelvo a
decirlo: el intento nuestro debe ser tener un buen conocimiento. No
importa si es un conocimiento exhaustivo. Importa que sea un
conocimiento real y profundo. Real en cuanto que se sabe necesitado de
estar siempre abierto a ulteriores conocimientos. Profundo, en cuanto
se sabe participación del conocimiento que solo el Señor tiene y que
comparte con el que se lo pide humildemente para servir a los demás.
Desde este conocimiento podemos luego avanzar paso sobre paso sin
alarmarnos ni tener temor de lo que vaya apareciendo.
Vemos
cómo aún en situaciones de “escasez” –escasez de medios y de
conocimiento- podemos ser fecundos. Cuando orientamos nuestra mirada a
“los panes que sí tenemos”, inmediatamente surge la necesidad de la
bendición de Jesús, de su ayuda.
Mirar
los panes que tenemos y ponerlos a disposición del Señor implica toda
una actitud de humildad, de deseo de cooperación y de responsabilidad.
Escuchemos lo que decía Leonardo Castellani, a propósito de uno de los
temas en disputa en esos tiempos de la década del treinta. En este
caso el de la libertad de enseñanza.
Cito
al autor: “una solución básica del problema educacional argentino
sólo es esperable de una decidida cooperación de todos calzada de un
intenso esfuerzo de iniciativa privada. Los que quieren libertad de
enseñanza han de merecerla, mostrarse hasta la evidencia capaces de
ella, mostrar que son adultos, que soportan la responsabilidad de
gobernarse a sí mismos, que tienen madura conciencia profesional... La
libertad no se pordiosea, se conquista. El que pide libertad llorando,
por lo mismo demuestra que no la merece”.
Son
pistas.
Mostrarnos hasta la evidencia capaces de ella. (La libertad). Mostrar
que somos adultos. (Y que queremos un país adulto). Que soportamos la
responsabilidad de gobernarnos a nosotros mismos. Que tenemos madura
conciencia profesional. Que la libertad se conquista.
No son
cosas inalcanzables. Son posibles. En nuestros docentes abunda la
buena madera. Nos encomendamos al Señor y comencemos (o sigamos) con
la pregunta con la que él comenzó: “...¿cuántos panes tenéis?...” |