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ABNEGACIÓN Y ALGO MÁS


Comentario editorial del padre Hugo Salaberry SJ. en el periódico CONSUDEC perteneciente a la segunda quincena de febrero de 2004


“Porque este mandamiento que yo te prescribo hoy no es superior a tus fuerzas, ni está fuera de tu alcance. No está en el cielo, como para decir: ‘¿Quién subirá por nosotros al cielo y nos lo traerá, para que lo oigamos y pongamos en práctica?’. Ni está al otro lado del mar, como para decir: ‘¿Quién irá por nosotros al otro lado del mar y nos lo traerá para que lo oigamos y lo pongamos en práctica?’. Sino que la palabra está bien cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la pongas en práctica”. (Deut. 30,11-14)

En el día de ayer, queridos amigos, hemos terminado el 41° Curso de Rectores y quiero manifestarles nuevamente mi agradecimiento, pues con el aval que uds. siempre nos dan de manera continua, el mismo Señor nos bendice con Su presencia y Su aliento.

Superado este año el inconveniente del calor, (¡hasta hubo algunas personas que pidieron por favor que se bajara el aire acondicionado...!), tuvimos un Curso que podríamos decir compacto.

Los ejes temáticos propuestos por la Coordinación Pedagógica de la UCA, en la persona de la Lic. Elvira Teijido de Suñer, compaginaron una trama interna coherente y sólida que nos dio buenos resultados.  

En este mismo espacio, por lo tanto, aprovecho para agradecerle nuevamente a la UCA el que haya aceptado tomar a su cargo esta tarea. Como la experiencia ha sido tan provechosa, he recibido sugerencias para que, tal como lo hicimos en este año, el próximo ofrezcamos a otros organismos educativos de la Iglesia, la coordinación del Curso.

(Los tiempos se aceleran cada vez más: ya hay que pensar en el Curso de Febrero del 2005. ¡En fin!).

El presente año nos encuentra deseosos de caminar y de caminar juntos. Al menos es lo que puede percibirse en varios de los ámbitos relacionados con el nuestro y con nosotros mismos.

Tal como lo hemos adelantado en el curso, entonces, nos moveremos teniendo presente la mejora de la calidad en nuestros institutos tanto a nivel ejecutivo como administrativo-pedagógico y de integración e innovación.

Aun dentro de la inestabilidad que vivimos como Nación, la escuela argentina ha mantenido un orden cierto. El Lic. Daniel Filmus, nuestro Ministro de Educación, que nos acompañó en la apertura del Curso, expresó entre otras afirmaciones: “...no debemos ver las fallas en el peor momento de la crisis...sólo tuvimos la escuela para enfrentarla...”.

Compartimos la afirmación del Ministro. En su momento también, y cuando las sombras de recortes, reformas, vueltas atrás en decisiones acechaban la escuela, nuestra postura fue el sinsentido de “tocar” -y con las manos sucias- lo que estaba medianamente ordenado, recurriendo a aquella famosa frase de Don Miguel de Unamuno cuando en la Universidad de Salamanca dijo al jefe del levantamiento, a la sazón rengo (cojo): “...a quien le falte la grandeza de un Cervantes, creerá que se hace justicia tornando a todos minusválidos como él...”.

Por lo tanto nos alegramos de la afirmación del Ministro y la compartimos.

No es menos cierto que se puede mejorar y que el tema de la calidad, elegido para el Curso, no ha sido un tema ajeno en los últimos tiempos para el Consudec. Sostenemos además que para esta mejora no son necesarios ni estrictamente imprescindibles, medios foráneos, importados o extraordinarios ni salvadores ‘sabelotodo’. (De imprescindibles está lleno el cementerio nos decía muchas veces un jesuita formador...).

Al fin y al cabo, profesional de la palabra y de los afectos, nuestro docente argentino puede recordar lo que nos dice el Deuteronomio y que es el texto que hoy nos inspira:  “...está cerca de ti, en tus labios y en tu corazón....”.

Cada día podemos mejorar la enseñanza en nuestros colegios. La mejora como el crecimiento, lleva su tiempo y en éste como en otros ámbitos, el problema más difícil de resolver, es nunca comenzar. O bien, comenzar “mañana”.

Un primer paso dado es el haber asumido nuestra realidad social y cultural. Ver cada vez con más claridad, aunque sea de manera somera pero precisa, cuáles son los puntos débiles y reforzarlos y cuáles han sido los puntos fuertes y seguirlos. No cambiarlos.

La situación de la educación en general va atada a la problemática del trabajo, a la escasez de recursos, al deterioro y confusión en las familias, arrastradas a su desarticulación transformando así toda la sociedad. Y para mal.

Nos alarman las estadísticas sobre el abandono de la escolaridad y los fracasos en los distintos niveles de la escuela. Pero es nuestra escuela y es bueno ponernos en marcha ya para retener a los niños y enseñarles a querer lo nuestro, a querer la escuela, ya para querer seguir en ella y querer seguir aprendiendo.

El aporte que la escuela, la familia, el país necesita en estos momentos, pequeño o grande, pero positivo, tenderá a la excelencia dentro del marco posible y no dentro del marco de la competencia desintegradora.

Muchas veces hemos escuchado “...el saber no ocupa lugar pero lleva tiempo”. Tanto el enseñar como el aprender, son una tarea ardua y apasionante. Para esto no hay recetas mágicas ni métodos fantásticos. Es un trabajo y un esfuerzo. Un acompañamiento y una evaluación permanente. (Ni siquiera los chicos que juntan la basura en los camiones del servicio municipal, -por otro lado con un estado físico notable-, han aprendido por recetas ni por cartas el oficio. Sobre las indicaciones inciales, tuvieron que hacer un inevitable recorrido y luego repetir una y mil veces la actividad, para que ahora la realicen prácticamente de memoria).

La enseñanza es un compromiso de quienes estamos para ello y de quienes están para aprender. La grata experiencia de la transmisión de conocimientos, debidamente elaborados y enriquecidos con el trabajo de cada momento, es una tarea espiritual  difícilmente superada por otra.

La genialidad de un docente que ha enseñado a su pequeño alumnito de seis años a interpretar signos abstractos que lo llevan a realidades concretas, es una tarea que no ha cesado en nuestras aulas y no sé a ciencia cierta, cuántos hechos humanos tienen la importancia y la hondura de éste. Que un niño pueda trasladarse en un momento, de signos abstractos al olorcito de su casa cuando la madre cocina, no es algo menor.

En estos días comienza la cuaresma y comienzan las clases. Tiempo muy propicio para retomar la actividad como si fuera lo último que haremos. La familia argentina necesita de nuestra abnegación y el Señor nos anima, “...porque este mandamiento que yo te prescribo hoy, no es superior a tus fuerzas, ni está fuera de tu alcance. (...) Sino que la palabra está bien cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la pongas en práctica”.


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