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RESPUESTAS a un por qué


Comentario editorial del padre Hugo Salaberry SJ. en el periódico CONSUDEC perteneciente a la segunda quincena de mayo de 2004



Hace unos días me hicieron un comentario que lo extiendo a ustedes. Me preguntaban por qué los editoriales de la publicación, suelen ser de temas “espirituales” y no se dice nada de otras cosas que interesan y mucho en nuestra actualidad docente y educativa del país.

Algo de cierto debo reconocer que hay en esta sugerencia. Cuando uno dice “...espirituales...”, suena poco menos que carente de realidad, “pierde-tiempo”, hablar de cosas menores por no hablar de las cosas importantes. Sé que generalmente ésto es lo que se entiende por espiritual. No es lo que pienso. Lo que intenta transmitir este espacio de comunicación no deja de ser muy concreto, aún cuando sean criterios espirituales. Y luego animarnos mutuamente a hacer lo que podemos hacer y está a nuestro alcance.

También es cierto que resulta imposible, por ejemplo hoy, no hablar aquí de los decretos emanados del P.E.N. y el aumento de sueldo a los docentes.  Lejos de considerar injusta una recomposición salarial, la inmensa mayoría de nuestros institutos tienen su destino atado al estado nacional (y provincial), pues funcionan por el aporte estatal. Sin el aporte están condenados al cierre, es decir está en riesgo la estabilidad y por consiguiente la vida del sub-sistema de educación católica del país. Y lo digo sin exageraciones. El asunto es complejo y grave. Serio. Definitivo.

Decir que no es necesario un aumento de sueldos, que lo que se paga es correcto, que no es este el momento de quejas, suenan a excusas incomprensibles e insostenibles. Conocemos muy bien las necesidades que viven muchos de nuestros docentes y la abnegación con que trabajan.

También hay reclamos de docentes por vía judicial y no sabemos qué resolución tendrán; lamentamos mucho ésto, por que se resiente la normal comunicación entre los miembros de la institución.

Ahora bien. La información que hace a nuestra actividad sobre este tema, la tienen detalladamente en los diversos cuerpos de la revista. Si la que aparece en la publicación no es suficiente, tienen nuestro portal en internet, con información abundante y actualizada de manera permanente.

No siempre es fácil ponerse a consultar el portal ni desde todos los lugares acceden a la comunicación informática, pero al mismo tiempo también recibimos innumerables consultas telefónicas, personales, vía correo postal y en el tema de los Decretos del P.E.N., que hace a lo jurídico, los CEC, las Juntas  y quienes han solicitado participar de la página del Dpto. Jurídico, han sido informados semana por semana los viernes y muchas veces diariamente.

Sabemos que no podemos agotar la necesidad de información, especialmente la de la conyuntura y que es la que impacta rápidamente en nuestro día a día.

En cambio tenemos claro que no debemos abandonar nuestra misión esencial espiritual, en medio  de tal abundancia de temas “interesantes” y actuales que rebalsan por los medios masivos de información.

Espacios de información sobre temas de actualidad, políticos, sectoriales y noticias en general sobreabundan, claro que no siempre de calidad, pero información hay. Necesariamente para leer y analizar lo que se informa, se requiere de tiempo, que es lo que falta.

Nos quedamos con pocos espacios para la reflexión, para convertir en certeza, los grandes temas que permitan elevar un poco nuestro horizonte. ¡Padecemos “tanta pobreza” a nivel relectura espiritual de lo que vamos viviendo en nuestras instituciones!. Podemos repasar brevemente el tenor de nuestras conversaciones y allí se darán cuenta el limitado espacio que tiene el Creador de Todo en la actividad cotidiana.

Quizá Lo nombramos mucho, incluso a la Virgen y a los Santos, pero cuando llega el momento de obrar de acuerdo a los criterios espirituales, que nos hacen cristianos comprometidos en serio en una misión que nos ha sido dada, lo que se ha mantenido a nivel “nombre”, parece como que se diluye y pierde consistencia dentro de uno. Su palabra no define decisiones ni inspira actitudes y volvemos a caminar, intentando ser “astutos”, “vivos”, más “rápidos” que los otros o la situación.

Cuando se trata de gestión, de números, de resolución de conflictos escolares (alumnos, docentes, directivos, otros...), suele prescindirse del pensar o resolverlos de acuerdo a principios cristianos. Al menos, en la resolución de ciertos conflictos laborales, por ejemplo, pareciera que en ese tema, no tenemos que meterlo al Señor.

¿No les ocurre esto a ustedes también?

Luego, si nuestro accionar queda despojado de mística evangélica, nos quedamos con nada. Es muy difícil sobrellevar con esperanza (no digamos con alegría) esta tarea, en la que abundan los conflictos y suelen haber algunos de ellos de una difícil y lenta resolución.

Si lo sacamos al Señor de esta lucha en la que es protagonista junto a nosotros, probablemente encontremos de forma inmediata, el sinsentido de lo que hacemos y la inutilidad de nuestros esfuerzos.

¡Cuántas personas valiosas, con notables recursos humanos quedaron fuera de la lucha en este particular combate!. Algo hizo eclosión dentro de esas almas sensibles y optaron por cambiar el camino trazado.

Frente a esas y estas dolorosas realidades, nos queda la vuelta al Señor, nos queda la oración. Sin oración no se puede seguir mucho tiempo en una actividad como la nuestra, que pide un compromiso tan particular. Sin ese deseo de encuentro con la Persona de Cristo, tal vez los apóstoles hubieran cesado en su intención de seguirlo al Señor, dadas la innumerables ocasiones y excusas que tuvieron para dar marcha atrás en lo que eligieron.

Probablemente sin la oración, muchos de los santos -i.e. los educadores- a esta altura no lo serían y sí serían ilustres desconocidos. Nosotros hubiéramos perdido la posibilidad de apreciarlos y la humanidad entera de conocerlos y de ser bendecidos por la presencia de ellos.

Miro a los santos y no deja de admirarme ese trabajo a conciencia que hicieron, con fines tan claros, preocupados desde dentro por una realidad que se les imponía enferma y pudieron socorrerla y ayudarla.

Un San Francisco de Sales, un San Juan Bosco, un ¡Don Orione!, dos grandes y enormes santas: Santa Rafaela María Porras Ayllón, Santa María Josefa Rosello, un San José de Calasanz. Al mirarlos surge admiración, deseo de imitarlos, esperanza en que es posible cambiar las cosas. Ellos lo hicieron e iluminaron cada uno su tiempo.

Éste es nuestro tiempo. Conflictivo, desafiante, amenazador, sufriente. No menos que aquellos, pero nos encuentra como apesadumbrados. Ellos sacaron fuerzas de la oración para sobreponerse a una realidad que los superaba en número y en escándalo y no se dejaron abrumar.

“Dichoso éste nuestro tiempo -como decía Pablo VI- que casi nos obliga a ser santos...”.

Y seguramente lo recuerdan por que además lo hemos dicho en este espacio, cuando le preguntaron a la Beata Teresa de Calcuta, una santa de nuestro tiempo, cómo había hecho para hacer semejante obra con los enfermos y postrados y para llevar tantas cosas al mismo tiempo, apenas dijo: “...levanté el primero...”.


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