LEY
FEDERAL Y UN PROYECTO “AUDAZ Y TEMERARIO”
Comentario editorial del padre Hugo Salaberry SJ. en el periódico
CONSUDEC perteneciente a la segunda quincena de junio de 2004
Tengo delante de mí, un proyecto de ley, presentado por una senadora
nacional cuyo artículo primero dice: “DECLÁRASE LA NECESIDAD DE LA
REFORMA DE LA LEY FEDERAL DE EDUCACIÓN Nro. 24195” y el artículo
segundo: “...El Poder Ejecutivo Nacional dentro de los treinta días de
sancionada la presente ley, convocará a un CONGRESO EDUCATIVO
NACIONAL...”.
Es
lo más audaz y temerario que he visto en los últimos tiempos.
No
sólo se propone reformar la ley federal de educación, sino que se
propone ¡¡¡CONVOCAR A OTRO CONGRESO EDUCATIVO NACIONAL!!!. (La
capacidad de asombro se ve estimulada día a día en nuestro país).
Se
me ocurren algunas cosas sobre este tema.
1. Se propone una reforma sin que la anterior se haya implementado de
forma completa en todo el país y durante un tiempo prudencial, como
para hacer un juicio equitativo y justo sobre la ley.
Entiendo que cuando se formula una propuesta de cambio y/o reforma de
este tipo, se lo hace teniendo como referencia el pobre rendimiento
que los alumnos que egresan de la escuela media, tienen en lo
posterior: universidad, trabajo, otros...
Y
esto es cierto. Son datos objetivos. Los alumnos egresados de la
escuela media tienen un rendimiento flojo en el ingreso a la
universidad y la inserción en el mundo del trabajo no se da, o no
puede darse, primero, por que no hay trabajo y luego por que tampoco
están capacitados.
Ahora, adjudicar el fracaso de la ley a la poca instrucción que
reciben los chicos en el colegio, sin tener presente el contexto
nacional y mundial y la mentalidad despreciativa de todo valor
constante, así como también la irregularidad de su implementación y
las “pocas ganas” con las que algún sector de nuestro ámbito la llevó
adelante, no deja de ser una parcialidad y un reduccionismo.
Es
por todos conocido que el mundo de la imagen y el culto a los sentidos
entre otras cosas, arrasaron con todo valor permanente y con un
pensamiento que regía, o al menos trataba de hacerlo, el normal
desenvolvimiento de cada una de las familias.
Indudablemente es un tiempo de pensamiento débil. Nos puede la imagen.
La fuerza de la idea, de las ideas, no convence ni persuade. O puede
ser que sí, pero temporalmente. Frente a una imagen cualquiera, es
probable que los principios más genuinos, claudiquen.
Y
esto no es exclusividad de nuestro país.
2. No se tiene en cuenta que la escuela en argentina, sobre
todo en los últimos tiempos, ha tenido que hacerse cargo de infinidad
de cuestiones que no están directamente relacionadas con ella: cada
cosa que anduvo dando vueltas por allí, se encomendó a la escuela y se
la hizo responsable de tareas, que además, dignísimamente llevó
adelante. Resistió como pudo el asedio contra nuestra cultura nacional
y en un desigual combate, no salió mal parada.
Como
institución de nuestro país, es la única que no sólo se mantiene en
pie, sino que además presta un servicio que otra institución no
presta. Afrontó la reforma en base a acuerdos suscriptos por los
ministros o máximos responsables de cada jurisdicción en el seno del
Consejo Federal.
En
medio de presiones, sin sustento económico (el presupuesto acordado
por ley no se invirtió) con una capacitación docente -indispensable
para la puesta en marcha de la ley- irregular, donde cada jurisdicción
hizo lo que pudo en distintos tiempos, (la dispersión en la aplicación
de la ley es una muestra de ello y por todos conocida), fue llevada
heroicamente sobre todo por el interior y HOY DICEN QUE ESTO NO SIRVE.
(Y quien lo propone es gente del interior!).
¿Dónde estaban estos “opinólogos” de hoy cuando la escuela dejaba su
sangre y su sudor en esta labor?. ¿Dónde estaban en el día a día,
cuando nuestros docentes en inferioridad de condiciones, en
situaciones límite, con una economía destrozada, dándole de comer a
sus alumnos, enseñándoles al menos los primeros rudimentos de la
letras, salvaban lo que podía salvarse de un país en llamas?
Y
ahora hay que cambiar...! En lugar de tener al menos una palabra de
aliento, de agradecimiento, de consuelo, lo que hay son palabras de
reprobación. “¡Está mal lo que se ha hecho...!”.
Entiendo que quienes proponen algo de estas características, deben
tener asesores en educación que los animan a llevar adelante
propuestas así. Hay que preguntarles de nuevo a los asesores si en
realidad han medido las consecuencias fatales que significa un nuevo
cambio.
3. Los senadores que firman este proyecto, no tengo por qué
dudarlo, tienen experiencia en gestión. Bien saben ellos entonces que
no hay nada peor para cualquier institución, que andar cambiando una y
otra vez lo determinado sin haber constatado definitivamente en la
marcha, que lo que se hizo es realmente malo o conduce a perjuicios
sin solución.
Además se intenta un cambio cuando hay muchas jurisdicciones (más de
la mitad) que con un esfuerzo descomunal han implementado la reforma
en su totalidad.
O
sea, no sólo se pretende volver atrás, sino que además se lo haría
obligando a dar un paso hacia atrás a más de la mitad del país.
Cuesta entender esta lógica de beneficio.
Rogamos al Señor que a quienes legislan, les inspire discreción de
aquella que alaba el gaucho -que no por poco instruido menos culto ni
menos sabio- cuando decía: “...no cambiar el caballo en la mitad del
río...”.
4. Es necesario recurrir a los amigos. No digo amiguitos ni
amigotes. Gente amiga. Aquellos que sean capaces de acompañar y decir
con buenas palabras, que tenemos un país en llamas, estamos totalmente
desintegrados, falta trabajo, la familia argentina deshecha, la
sociedad no resiste más cambios y en un sector tan vulnerable,
sensible e indefenso como es la educación, se intenta volver a cortar
el tronco para que vuelva a crecer.
Podemos completar, enderezar, profundizar la implementación de lo
legislado. Corregir, afianzar, aplaudir o no la práctica dentro del
aula y de las instituciones. Es claro que hay cosas que no andan y
deben corregirse.
Pero, ¿es tan difícil percibir que el país no resiste más cambios?.
Necesitamos que los legisladores hagan lo que ya está legislado y
previsto. Que fortalezcan lo que ya está creciendo. ¡Que no se cambien
más las cosas! Que nos dediquemos a trabajar y a hacer lo que tenemos
que hacer.
Además tocar la educación....! Si hay algo que se salvó del incendio,
fue precisamente la educación. Ha sido -hasta ahora lo es- lo más
ordenado que tiene como ámbito el país. Más ordenado y menos
reprochable. En el medio del caos generalizado, al menos la
educación siguió y sigue cumpliendo con lo que le corresponde y con
muchísimas cosas más de las que no se hizo cargo el estado sino a
través de la educación.
¡Cómo nos acordamos de Don Miguel de Unamuno...!: “...a todo aquel
minusválido que le falte la grandeza de un Cervantes, creerá que hace
justicia tornando a todos como él...”.
5. ¿No hay otras cosas en el país que requieren una atención
urgente, más que estar pensando en reformar lo que está medianamente
ordenado?. ¿Es necesario en estos momentos determinar así sin más ni
más, que una ley, en la que se enroló el país debe ser reformada?. ¿Se
puede pensar que la educación sin TRABAJO, puede obtener algún
resultado perdurable?
Y en
nuestra patria del siglo veintiuno, no solamente no hay trabajo para
más de la mitad de la población, sino que algunos de sus legisladores,
en lugar de preocuparse por buscar y crear fuentes de trabajo de
manera urgente, se preocupan por ver cómo reformar lo que hizo el
anterior y tratar de borrarlo o denigrarlo hasta que deshecho caiga
por propio peso, arrastrando en ello a otra generación.
Realmente hay muchas cosas que cuesta entender.
Que
en la Solemnidad del Sagrado Cuerpo y Sangre del Señor, el mismo Señor
nos de la “...pasión por la verdad y el compromiso por el bien
común...”.