“AL
BORDE DEL ABISMO...”.
Comentario editorial del padre Hugo Salaberry SJ. en el periódico
CONSUDEC perteneciente a la primera quincena de julio de 2004
En la declaración de principios y estrategias que la Comisión
Directiva del Consudec en reunión extraordinaria emitió con fecha 3 de
mayo del corriente año, su primer punto decía: “...impugnar la
razonabilidad de la resolución 175/02 del Ministerio de Trabajo...”.
Como
todos Ustedes conocen, la resolución citada –aún sin publicar en el
boletín oficial– obligaría a cada instituto de gestión privada a pagar
a sus docentes, el proporcional del aumento otorgado a todo el sector
privado por un decreto anterior, el número 1273/02 emanado del Poder
Ejecutivo Nacional. (Del cual están excluidos los docentes de gestión
estatal).
El
tema, de mucha complejidad, debe ser necesariamente abordado desde
varios ángulos y aún así, es probable que nos queden puntos sin tratar
con la debida fundamentación y hondura.
Igual,
nos acercaremos al análisis de esta resolución aclarando algo de
manera previa: se ha publicado en algunos medios, que el Consudec
“...pide la derogación de un decreto que otorga un aumento a los
docentes...”. Una afirmación es cierta y otra afirmación es falsa. O
por lo menos da lugar a una interpretación errónea.
Es
cierto que Consudec ha pedido la derogación de la resolución 175/02.
Lo ha pedido y lo vuelve a decir ahora. La resolución 175/02, DEBE SER
DEROGADA. Y si, al decir que debe ser derogada se entendiese que en
algún momento estuvo en vigencia, es necesario aclarar que entonces se
debe PEDIR SU NULIDAD. Y si aún así se entendiese que estuvo en
vigor, volveremos a decir lo que dijimos en la reunión de comisión:
impugnar la razonabilidad.
Lo de
impugnar la razonabilidad, tiene su sentido y su contexto. Una
resolución de este tenor, puede haberse hecho solamente a través de
una extraña complicidad entre adolescencia e irracionalidad. Por eso
se pide con pleno conocimiento: impugnar la razonabilidad.
Esto
corresponde a la primera afirmación que es cierta y asumimos como
Comisión Directiva de Consudec esa responsabilidad, aunque también
tendremos que hacer algunas precisiones, cuales son por ejemplo, que
las consecuencias que se siguen de esta resolución, son la firma de la
partida de defunción de las instituciones de gestión privada y en
particular las católicas. Por supuesto, no aquellas que tienen
suficiente respaldo económico como para afrontar ésta y muchas otras
resoluciones del tipo.
Esta
resolución es condena de muerte para más de DOS MIL institutos
católicos que han prestado y prestan un servicio de entrega y
generosidad, fundados la mayoría de las veces porque eran solicitados
por la comunidad política y porque las circunstancias y la patria lo
necesitaban. Al persistir en esta política de aplicación de la
resolución, debemos deducir que ni el Ministerio de Trabajo ni el
Gremio conocen a qué abismo empujan al subsistema. ¡Y eso que uno
defiende las fuentes de trabajo y el otro, a los trabajadores....!.
¡Cómo
quisiera decir que esto es exageración!. Pero quienes me conocen saben
que no soy de aumentar a diez, para que me den 5 por que en realidad
necesitaba 3.
Estas
son algunas cosas que se me ocurría escribir respecto de lo que
podemos llamar primera afirmación.
Al
decir que se pide la derogación de una resolución “...que otorga un
aumento de sueldo a los docentes...”, se daría a entender que no
queremos un aumento de salario para los docentes. Esto es lo que digo
que es falso.
Tal
vez no es necesario recordar aquí, que en la misma declaración de
principios y estrategias arriba citada, en su punto nro. 5, la
Comisión Directiva de Consudec también decía: “Reconocer la necesidad
y urgencia de una recomposición salarial en el ámbito educativo de
cada jurisdicción para todos los docentes de la misma”.
De
allí la aclaración. Se reconoce la urgencia de un aumento y también la
irracionalidad de la pretensión de intimar a cada instituto para que
se haga cargo de ese aumento, toda vez que los institutos nuestros
sobreviven por el aporte estatal. Aporte estatal, que lejos de ser
dádiva, es la colaboración que el Estado hace por un servicio que no
deja de ser beneficioso para el mismo Estado, dado lo que significa de
ahorro al despreocuparse de infraestructura, mantenimiento, personal
de maestranza, extraprogramáticos, otros...
¡Qué
otra cosa quisiéramos que poder solventar los gastos salariales de los
docentes con dinero propio para ahorrarle esa inversión al Estado!.
Aunque, no dejaría de ser un retroceso: uno de los motivos por los
cuales surge la Ley 13047, es hacer efectivo el derecho que todo
ciudadano tiene de elegir conforme a sus convicciones, la educación
que quiere para sus hijos y así posibilitar el acceso a la formación
(en este caso la católica) de todos aquellos que lo desean, no sólo
los que pueden pagar sus cuotas. Y cuotas más que altas, como ocurre
en la mayoría de los países latinoamericanos en este tiempo.
Pero
la realidad actual de los colegios nos dice que se hacen verdaderos
equilibrios para sostenerse, en las circunstancias y limitaciones por
las que están pasando, han pasado y deberán pasar. Los colegios
católicos tienen que “pagar el precio” de haber optado estar presentes
en los lugares más necesitados, junto a la gente que más lo reclama y
quienes los “obligan” a pagar este precio, (¡qué curiosa paradoja!),
son un ministerio de un gobierno justicialista y un gremio de la misma
extracción.
Volvemos a decir que es necesario recomponer el salario de todos los
docentes. Y es necesario también, reconocer con absoluta justicia, el
papel desempeñado por la educación (TODA LA EDUCACION) en los últimos
años en el país, como elemento de cohesión, vital y único,
asumiendo tareas que le fueron impuestas sin que fueran propias del
ámbito educativo, trabajando con una generosidad que no tuvieron ni
dirigentes, ni el gremio que nuclea a los docentes privados.
Es
más, el gremio, en su lamentable actitud, ni siquiera ha tenido la
vergüenza y el pudor, ya que poco hizo, a no ser manifestarse en
contra de todo intento de unidad y de arreglo del caos reinante, ni
siquiera ha tenido la vergüenza o el pudor, –decía– de quedarse con la
boca cerrada, ya que tan poco hizo por la unidad del país y la
conciencia de patria.
Algunos comentarios que también quiero agregar:
Como
todos estos reclamos tienen como fondo la instauración de la justicia,
también quiero decir, que la justicia deja de serlo cuando es
rapiñada. Se ha lanzado un golpe mortal a todo el subsistema de
educación de gestión privada y los protagonistas han sido el defensor
de los derechos del trabajador y el encargado de velar por las fuentes
de trabajo.
Al
menos en esto podremos estar tranquilos. El golpe mortal no ha sido
nuestro. La voluntad de hacer grande a la patria, sigue estando en
pie. Siglos defendiendo el país, acompañando sus niños para hacer de
esta Patria una Patria grande, en todo lugar, en todo el territorio.
Desde el año 1565 (Franciscanos en Tucumán), se ha mantenido el cariño
a lo nuestro, el respeto por la tierra y la solidaridad con el débil y
el pobre.
Y
ahora llegan los “defensores del trabajador” y se encargan de hacer
tambalear y/o desaparecer las fuentes de trabajo que tanto servicio
prestaron a todo el país, mucho antes que estos “defensores”
existiesen.
Lo
parcial de la mirada y el empecinamiento y obcecación de los
dirigentes en permanecer en una postura que lleva al suicidio no puede
creerse como una política de estado razonada, pensada para el bien de
la familia argentina.
¡Que
Dios nos asista!. Que la Madre de Itatí, en el aniversario de la
Proclamación de la Independencia, nos conceda “…paciencia en la vida,
fortaleza en las tentaciones y consuelo en la muerte...”.