UN
BIEN INTANGIBLE: LOS NIÑOS
Comentario editorial del padre Hugo Salaberry SJ. en el periódico
CONSUDEC perteneciente a la primera quincena de agosto de 2004
En
esta editorial que constará de dos partes, quiero compartir primero,
las palabras finales del curso de Directivos de Nivel Inicial y EGB 1
y 2, y en segundo lugar, acercar reflexiones sobre el problema mayor
que en estos momentos nos afecta como educación católica.
“Quiero agradecerle al P. Aníbal a la Fraternidad y sobre todo a las
Profesoras Inés y Patricia -coordinadoras de este curso-, lo que en
estos días nos han brindado y la pasión con la que hablaron de la
Iglesia, bastante extraña ya.
En
los medios, la Iglesia no aparece o aparece poco, a no ser por algún
escándalo y entre nosotros decimos con vergüenza y bajito: “...somos
católicos...”.
Les
agradezco. En este tiempo de pasiones tan diversas, que hablen así de
la Iglesia, nos edifica.
Seguimos trabajando unidos, como lo señalaba recién el Padre, desde lo
que cada uno tiene que hacer y de hecho hace, colaborando por el
Reino. Desde diversas misiones, desde diversos escenarios, desde
diversas fuentes, desde diversas realidades
Antes de entrar al salón, me preguntaron, así al pasar: “...¿a usted
le parece bien lo que hacen los docentes en tal provincia, con sus
cartas documentos, sus demandas, etc...?”.
Yo
le dije que los docentes no son nuestros enemigos. Serán otros, pero
no los docentes. Es nuestra franja y con la cual trabajamos. Es el
brazo con el cual llegamos, a donde no podemos llegar nosotros. A
donde no puede llegar nuestro cuerpo.
Acá
en la Argentina aramos con los bueyes que tenemos y estamos acá. Acá
las cosas tienen que durar. ¿Recuerdan la película “Made in Lanús”?
¿Se acuerdan del diálogo, o mejor del monólogo, que dice la mujer del
que quería irse?.
“...Y a qué te querés ir allá?. ¡Qué vas a hacer allá?. Cuando se
incendió tú taller, todo Lanús corrió, ‘porque se incendiaba el
taller del Negro’. Porque acá vos sós el Negro. El Negro sós. ¿Y allá
quién vas a ser!”.
Entonces, estamos acá. Con los docentes que tenemos. En éste nuestro
país. Cargado de contradicciones, y sin embargo representa lo que
queremos, lo que amamos y por el cual hemos dado esta, nuestra vida
que apreciamos. Y mucho”.
Y de
estas palabras finales que dicen de lo que somos y que hablan de
nuestras cosas y contradicciones, se impone hacer referencia a la
situación casi terminal en la que estamos los colegios confesionales y
entre ellos los católicos.
La
situación es grave. Y no lo sería tanto por el desastre económico que
lleva al cierre de colegios, cuanto por que en verdad, se ha tocado un
bien intangible. El bien intangible, que son los niños.
Indirectamente, sí. Pero se ha tocado a los niños, verdaderos
involucrados en este drama y verdaderos perdedores de esta irracional
contienda. Los futuros dirigentes de la Patria, han sido tocados en su
derecho de aprender, en su dignidad de ciudadanos y dañados aun más en
su inocencia.
Vuelvo
a decir, no directamente. Pero sí a través de su marco institucional.
(Y ellos son quienes en el futuro deberán cuidar nuestras
instituciones...).
Es
necesario en el día de hoy, acercarnos una vez más a este problema,
quizá no para solucionarlo, -toda vez que la solución definitiva del
mismo no está en nuestras manos- sino para tratar de profundizarlo y
sacar de este mal terminal, al menos algún bien para todos, para el
país.
Casi
sin quererlo nos acordamos de Víctor Frankl y su referencia tan
esclarecedora a los campos de concentración: “...primero sobrevivir,
segundo, tratar de aprender algo y tercero, tratar de ayudar al que
necesita más”.
Sé que
puede resultar duro o exagerado el ejemplo aquí mencionado, pero la
realidad terminal que nos afecta y la autoridad discrecional con que
han procedido algunos de los integrantes del gobierno en el inicio de
este problema, nos recuerdan tiempos oscuros, bajos, de hechos
amargos, que creíamos no se repetirían.
Hoy,
nuestro planteo, tiene que ver con una distinción que es conveniente
conocer, pensar y madurar en orden a lo que queremos como país, como
familia argentina. Es necesario redefinir aunque sea suscintamente, lo
que entendemos por negociación y lo que entendemos por acuerdo.
Cuando
hablamos de negociación, al menos en el caso como el que hoy nos
ocupa, pareciera que la imagen y los hechos nos dicen que es necesario
rapiñar lo más rápido posible y la mayor porción posible de un bien
-que ya no es tal o al menos, ha dejado de serlo-. Y cuanto más rápido
y más vivo es el rapiñador, más “elogiado” será. Hemos cambiado una
vez más metales preciosos por piedritas de colores. Inteligencia por
astucia. Hemos cambiado, tristemente, ¡justicia por rapiña...!. ¡Qué
buenos negociantes somos...!.
Se ha
convertido la educación pública de gestión privada en un plato que
debe ser disputado a mordiscones y, por una rara ironía, olvida lo
esencial que siguen siendo los niños, futuros ciudadanos. (Pareciera
poco importan en esta pelea). Así se formarán: aprendiendo la rapiña,
a sacar ventajas de injusticias, a vivir de los conflictos, a
alimentarse como los escarabajos.
Éstas
también son actitudes y realidades que forman y que educan. Pobre
Patria, con este estilo, con este sello. Podemos prever un futuro de
desencuentros, decisiones arbitrarias, reclamos patológicos, pero
claro, son los pseudo mesías que vienen a salvarnos...
Por
eso, no se trata de llegar a otras rutinarias, desgastantes y
engañosas maniobras políticas.
A los
acuerdos tenemos que arribar!. Tenemos que acordar y demostrar en esos
acuerdos, que lo que nos interesa es lo más indefenso de nuestra
familia argentina. Que el futuro sea para ellos un buen piso para su
vida en plenitud. Que no se trata de un bien que debe ser rapiñado,
sino de un bien intangible, por el cual cada parte resigna el propio
interés.
Tenemos que demostrar que somos capaces de lograr acuerdos sin
rapiñar. Sin que haya “ganadores”. Por que cuando hay un ganador, hay
un vencido y en este caso el vencido, es el inocente... y quién, en
este mundo, puede alegrarse por haber vencido al indefenso y al
débil...
En el
día en que celebramos la fiesta de la Transfiguración del Señor, el
Evangelio nos dice: “este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo”. No
perdamos de vista que nuestra salvación está en escucharlo y tener fe
en El. Que como Pedro, Santiago y Juan, podamos permanecer despiertos,
unidos y en oración.