EN
TIEMPO DE TENTACIÓN Y DE DUDA QUE EL SEÑOR NOS AYUDE A VER...
Comentario editorial del padre Hugo Salaberry SJ. en el periódico
CONSUDEC perteneciente a la primera quincena de octubre de 2004
Queridos docentes, queridos directivos, queridos amigos:
Nuevamente en comunicación con ustedes y quisiera con todo mi corazón
contarles noticias de consuelo. He de lamentar que no puedo hacerlo
todavía. No hemos logrado aún que los acuerdos reemplacen a las
roscas, ni que los instrumentos de trabajo reemplacen a las armas de
guerra...
Es una
hora crucial para nuestros colegios, para la educación católica, para
el destino y misión de santidad y grandeza que tiene la patria. Las
dolorosas situaciones por las que atravesamos en este tiempo deben
encontrarnos implorantes y de pie. Nuestra respuesta no será buena si
damos lugar a la obsecuencia, la difamación, la discordia.
La Patria
argentina está disgregada, deshilachada por ambiciones,
irresponsabilidades y actitudes irracionales. No pueden ser las
nuestras actitudes ni decisiones que aumenten ese daño. Por eso es tan
difícil este tiempo y de allí que quizá por eso sea tan apasionante.
El bien
más preciado de nuestras instituciones, la unidad, por momentos parece
claudicar. Pero dejaríamos un mal legado para quienes nos sucedieran
si por venganza, astucia, por no perder espacio o por viveza,
utilizáramos las mismas armas que las que usan los guerreros del
absurdo, acostumbrados a castigar al débil y al indefenso. Tal vez
obtuviéramos una victoria. Pero de hoy. Efímera.
Sería
imposible evitar el pensamiento que anida en no pocos: la Iglesia con
su poder, impidió que los docentes recibieran un beneficio.
Volveríamos a hablar de complicidades, alianzas, roscas, amistades por
conveniencia. Y desde los comienzos de la historia, no ha sido ese el
camino por el cual la misma Iglesia reclutó sus hombres y acompañó sus
instituciones.
Tal vez
tendríamos más adeptos, aunque meramente temporales. Quizá, se
acercarían muchos, pero como para aliarse, no para servir.
No existe
un tiempo para dividirse y para dividirnos, y mucho menos éste. Y no
es tiempo de resignar las armas que son las nuestras. Que por supuesto
son otras que las armas del mundo. (“...si mi reino fuera de este
mundo....”). En todo caso, lo que les pido, a todas las comunidades
educativas, pero a TODAS, es que recen y hagan rezar por esta
intención, pues cuando las situaciones avanzan por caminos tan
irracionales, nos queda solamente apelar al Señor, para que ayude a
ver.
Las
razones por las cuales les pido oraciones abundan: es tiempo de
tentación y de duda. Y la misma duda y la misma tentación nos quieren
hacer ver a los docentes como los enemigos. No lo son. Es más, nuestra
franja es la docente. Los docentes llevan el peso de las
instituciones. Son el brazo que llega al lugar que no puede llegar la
cabeza. No son los enemigos. Tampoco aliados, cual mercenarios a
sueldo fijo. Son parte del cuerpo y “...cuando un miembro sufre, los
demás sufren con él...”. Por eso queremos y deseamos estar cerca de
los docentes. ¿Quién como el docente para percibir de manera
intuitiva, directa, esta patria re-naciente y como siempre sufriente?.
¿Quién como él para vislumbrar un futuro incierto y lleno de dudas y
hasta de injusticias, si seguimos arrastrando los vicios que nos han
traído hasta aquí?
Si me
preguntaran nuevamente por qué hemos llegado hasta aquí, tendré que
volver a decir que la irresponsabilidad, la irracionalidad de una
autoridad discrecional, olvida el sentido de patria federal.
Si me
preguntaran por qué no hemos aún salido de este asunto también tendré
que decirles que o por inercia, o por no quedar mal frente a sectores
minoritarios de poder o por no reconocer errores basales y corrosivos,
se demora una decisión que tiene como principal protagonista al Estado
nacional.
Con
problemas como éstos, se comprende mejor el porqué de ciertas
falencias y carencias que como sociedad y comunidad política padecemos
y por qué hemos llegado a estar en este lugar y en esta situación.
Por estas
mismas razones es que, a las comunidades educativas y a las
comunidades religiosas, a directivos, docentes y alumnos, les reitero
el pedido de hacer rezar. Les pido que ofrezcan intenciones de misas
para la solución de este conflicto: el gobierno no toma decisiones que
tiene que tomar; el gremio continúa con su tarea de dividir las
comunidades educativas, los docentes dudan y los directivos tienen la
sensación de que todo se termina.
Confío en
sus oraciones y en las de todas aquellas personas que nos conocen y
ven en esto un camino final, sin salida. Un obispo muy ligado a
educación durante más de cuarenta años, nos comentaba que en su larga
carrera dentro del ámbito, no recordaba haber tenido un problema de
tal magnitud y gravedad... ¡Miren si no es para rezar y suplicar al
Señor que nos escuche!.
Y sin
embargo, en medio de todo, hay cosas que nos ayudan y mucho.
La semana
anterior tuvimos en esta nuestra Casa la entrega del “Divino Maestro”.
Esta celebración de alguna manera, corona todas las fiestas de
septiembre, mes en el cual el calendario se vuelve generoso en fechas
simbólicas de la tarea docente.
Por todo
lo que el docente es, dedicamos un mes completo a quienes trabajan día
a día en la educación católica del país. También como cada año, aunque
sea en el afecto fraternal, tratamos de acercarnos y acompañarlos,
celebrando y agradeciendo la gracia de contar con ellos en las
escuelas de la patria.
La
entrega del “Divino Maestro” corona el mes del educador y constituye
la celebración más grande del mes y me atrevería a decir que tal vez
la del año. Ya saben lo conmovedor de este encuentro federal en donde
agradecemos a quienes marcaron huella y son cáliz de entusiasmo para
enfrentar las veleidades y contradicciones de lo cotidiano con esos
deseos de vivir que transmiten quienes han fijado sus gozos más allá
de sus miradas.
Esta
reunión anual genera esperanza, buenos ánimos, deseos de ser santos.
Sus protagonistas, probablemente no han salido en muchas revistas ni
en muchos periódicos. Poco conocidos, casi anónimos, en la fecundidad
de su obra silenciosa, siguen siendo el cimiento inevitable y
perdurable de una vida que quiere darse y gastarse en la educación.
La
jornada nos lleva a la reflexión. Nuestros flamantes galardonados, a
lo largo de la vida, seguramente han pasado por cuestiones similares a
las que nos tocan vivir a nosotros. En lo institucional tal vez no.
Ciertamente no han sido ajenas estas cosas en el ámbito personal.
No sé. Me
resulta difícil creer que la tranquilidad y la alegría con que han
llegado muchos de ellos a la ancianidad, dependa sólo de roscas,
trenzas, avivadas. No es que quizá no las hayan hecho. Me inclino a
pensar, que no se dejaron cautivar por ellas. Ni hicieron de ellas el
fin de sus vidas. Su fin ha sido muy claro: la Persona de Jesucristo;
sus manos, sus rostros, su alegría, verdaderamente nos indican que han
conseguido hacer de las “...espadas arados y de las lanzas
podaderas...”.
A San
Héctor Valdivielso Sáez, argentino y educador que nos conoce desde
adentro, en el día de su Fiesta litúrgica le pedimos su intercesión
para conseguir estas gracias.