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MENSAJE DEL SANTO
PADRE
PARA LA XXXVIII JORNADA MUNDIAL
PARA LAS COMUNICACIONES SOCIALES - 2004
Los medios en la familia: un riesgo y una riqueza
Queridos hermanos y hermanas:
1. El extraordinario crecimiento de los medios de
comunicación social y su mayor disponibilidad han brindado
oportunidades excepcionales para enriquecer la vida no sólo de los
individuos, sino también de las familias. Al mismo tiempo, las
familias afrontan hoy nuevos desafíos, que brotan de los diversos
mensajes, a menudo contradictorios, que transmiten los medios de
comunicación social. El tema elegido para la Jornada mundial de las
comunicaciones sociales de 2004, es decir, "Los medios en la
familia: un riesgo y una riqueza", es muy oportuno, puesto que
invita a una sobria reflexión sobre el uso que hacen las familias de
los medios de comunicación, y también sobre el modo en que los
medios de comunicación tratan a la familia y las cuestiones que
afectan a la familia.
El tema de este año sirve, además, para recordar a todos, tanto a
los agentes de la comunicación como a las personas a las que se
dirigen, que toda comunicación tiene una dimensión moral. Como dijo
el Señor mismo, de la abundancia del corazón habla la boca (Cf.
Mateo 12, 34-35). La estatura moral de las personas crece o
disminuye según las palabras que pronuncian y los mensajes que
eligen oír. En consecuencia, los agentes de la comunicación, los
padres y los educadores, tienen especial necesidad de sabiduría y
discernimiento en el uso de los medios de comunicación social, pues
sus decisiones influyen en gran medida en los niños y en los jóvenes
de los que son responsables y que, en definitiva, son el futuro de
la sociedad.
2. Gracias a la expansión sin precedentes del mercado de las
comunicaciones sociales en las últimas décadas, muchas familias en
todo el mundo, incluso las que disponen de medios más bien modestos,
ahora tienen acceso desde su casa a los inmensos y variados recursos
de los medios de comunicación social. En consecuencia, gozan de
oportunidades prácticamente ilimitadas de información, educación,
enriquecimiento cultural e incluso crecimiento espiritual,
oportunidades muy superiores a las que tenían en el pasado reciente
la mayoría de las familias.
Con todo, estos mismos medios de comunicación tienen la capacidad de
producir gran daño a las familias, presentándoles una visión
inadecuada o incluso deformada de la vida, de la familia, de la
religión y de la moralidad. El concilio Vaticano II captó muy bien
esta capacidad de fortalecer o minar valores tradicionales como la
religión, la cultura y la familia; por eso, enseñó que "para el
recto uso de estos medios es absolutamente necesario que todos los
que los utilizan conozcan las normas del orden moral en este campo y
las lleven fielmente a la práctica" ("Inter mirifica", 4). La
comunicación, en todas sus formas, debe inspirarse siempre en el
criterio ético del respeto a la verdad y a la dignidad de la persona
humana.
3. Estas consideraciones se aplican especialmente al modo en
que los medios de comunicación tratan a la familia. Por una parte,
el matrimonio y la vida familiar se presentan a menudo de un modo
sensible, realista pero también benévolo, que exalta virtudes como
el amor, la fidelidad, el perdón y la entrega generosa a los demás.
Esto vale también para los programas de los medios de comunicación
social que reconocen los fracasos y las decepciones que sufren
inevitablemente los matrimonios y las familias –tensiones,
conflictos, contrariedades, decisiones equivocadas y hechos
dolorosos–, pero al mismo tiempo se esfuerzan por discernir lo
correcto de lo incorrecto, distinguir el amor auténtico de sus
falsificaciones, y mostrar la importancia insustituible de la
familia como unidad fundamental de la sociedad.
Por otra parte, con demasiada frecuencia los medios de comunicación
presentan a la familia y la vida familiar de modo inadecuado. La
infidelidad, la vida sexual fuera del matrimonio y la ausencia de
una visión moral y espiritual del pacto matrimonial se presentan de
modo acrítico, y a veces, al mismo tiempo, apoyan el divorcio, la
anticoncepción, el aborto y la homosexualidad. Esas presentaciones,
al promover causas contrarias al matrimonio y a la familia,
perjudican al bien común de la sociedad.
4. Una reflexión atenta sobre la dimensión ética de las
comunicaciones debe desembocar en iniciativas prácticas orientadas a
eliminar los peligros para el bienestar de la familia planteados por
los medios de comunicación social, y asegurar que esos poderosos
medios de comunicación sigan siendo auténticas fuentes de
enriquecimiento. A este respecto, tienen una responsabilidad
especial los agentes de la comunicación, las autoridades públicas y
los padres.
El Papa Pablo VI subrayó que los agentes de la comunicación
"deben
conocer y respetar las exigencias de la familia. Esto supone en
ellos a veces una gran valentía y siempre un hondo sentido de
responsabilidad" ("Mensaje para la Jornada mundial de las
comunicaciones sociales de 1969"; L'Osservatore Romano, edición en
lengua española, 18 de mayo de 1969, p. 2). No es tan fácil resistir
a las presiones comerciales o a las exigencias de adecuarse a las
ideologías seculares, pero eso es precisamente lo que los agentes de
la comunicación responsables deben hacer. Es mucho lo que está en
juego, pues cualquier ataque al valor fundamental de la familia es
un ataque al bien auténtico de la humanidad.
Las autoridades públicas tienen el grave deber de apoyar el
matrimonio y la familia en beneficio de la sociedad misma. En
cambio, muchos ahora aceptan y actúan basándose en argumentos
libertarios infundados de algunos grupos que defienden prácticas que
contribuyen al grave fenómeno de la crisis de la familia y al
debilitamiento del concepto auténtico de familia. Sin recurrir a la
censura, es necesario que las autoridades públicas pongan en
práctica políticas y procedimientos de reglamentación para asegurar
que los medios de comunicación social no actúen contra el bien de la
familia. Los representantes de las familias deben participar en la
elaboración de esas políticas.
Los que elaboran las políticas en los medios de comunicación y en el
sector público deben favorecer también una distribución equitativa
de los recursos de los medios de comunicación tanto a nivel nacional
como internacional, respetando la integridad de las culturas
tradicionales. Los medios de comunicación no deben dar la impresión
de que tienen un programa hostil a los sanos valores familiares de
las culturas tradicionales, o de que buscan sustituir esos valores,
como parte de un proceso de globalización, con los valores
secularizados de la sociedad consumista.
5. Los padres, como primeros y principales educadores de sus
hijos, son también los primeros en explicarles cómo usar los medios
de comunicación. Están llamados a formar a sus hijos "en el uso
moderado, crítico, vigilante y prudente de tales medios" en el hogar
("Familiaris consortio", 76). Cuando los padres lo hacen bien y con
continuidad, la vida familiar se enriquece mucho. Incluso a los
niños pequeños se les pueden dar importantes explicaciones sobre los
medios de comunicación social: que son producidos por personas
interesadas en transmitir mensajes; que esos mensajes a menudo
inducen a hacer algo –a comprar un producto, a tener una conducta
discutible– que no beneficia al niño o no corresponde a la verdad
moral; que los niños no deben aceptar o imitar de modo acrítico lo
que encuentran en los medios de comunicación social.
Los padres también deben reglamentar el uso de los medios de
comunicación en el hogar. Esto implica planificar y programar el uso
de dichos medios, limitando estrictamente el tiempo que los niños
les dedican, haciendo del entretenimiento una experiencia familiar,
prohibiendo algunos medios de comunicación y excluyéndolos
periódicamente todos para dejar espacio a otras actividades
familiares. Sobre todo, los padres deben dar buen ejemplo a los
niños, haciendo un uso ponderado y selectivo de dichos medios. A
menudo les podría resultar útil unirse a otras familias para
estudiar y discutir los problemas y las oportunidades que plantea el
uso de los medios de comunicación. Las familias deberían manifestar
claramente a los productores, a los que hacen publicidad y a las
autoridades públicas lo que les agrada y lo que les desagrada.
6. Los medios de comunicación social poseen un inmenso
potencial positivo para promover sanos valores humanos y familiares,
contribuyendo así a la renovación de la sociedad. Conscientes de su
gran fuerza para modelar las ideas e influir en la conducta de las
personas, los agentes de la comunicación social deben reconocer que
no sólo tienen la responsabilidad de brindar a las familias todo el
estímulo, la ayuda y el apoyo que les sea posible con vistas a ese
fin, sino también de practicar la sabiduría, el buen juicio y la
honradez al presentar las cuestiones que atañen a la sexualidad, al
matrimonio y a la vida familiar.
Los medios de comunicación cada día son acogidos como huéspedes
habituales en muchos hogares y familias. En esta Jornada mundial de
las comunicaciones sociales, exhorto tanto a los agentes de la
comunicación como a las familias a reconocer este privilegio único,
así como la responsabilidad que implica. Ojalá que todos los que
están comprometidos en el ámbito de las comunicaciones sociales sean
conscientes de que son los auténticos "dispensadores y
administradores de un inmenso poder espiritual que pertenece al
patrimonio de la humanidad y está destinado al enriquecimiento de
toda la comunidad humana" ("Discurso a las personas comprometidas en
el campo de las comunicaciones sociales", Los Ángeles, 15 de
septiembre de 1987, n. 8: L'Osservatore Romano, edición en lengua
española, 18 de octubre de 1987, p. 14). Y ojalá que las familias
logren encontrar siempre en los medios de comunicación una fuente de
apoyo, estímulo e inspiración al tratar de vivir como comunidades de
vida y amor, educar a los jóvenes en los sanos valores morales y
promover una cultura de solidaridad, libertad y paz.
Desde el Vaticano,
24 de enero de 2004, Fiesta de San Francisco de Sales.
Juan Pablo II
Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2470 del 21 de abril de 2004
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