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CARTA PONTIFICIA
Carta del Papa Juan Pablo II dirigida al cardenal Julio Terrazas
Sandoval, arzobispo de Santa Cruz de la Sierra y enviado papal al X
Congreso Eucarístico Nacional
(Fue leída en Corrientes en la misa
del 1 de setiembre de 2004)
Al Venerable Hermano Nuestro,
Su Excelencia Reverendísima Julio Cardenal Terrazas Sandoval,
de la Congregación del Santísimo Redentor,
Arzobispo de Santa Cruz de la Sierra.
El tesoro de la Iglesia se encuentra ciertamente en la santísima
Eucaristía, que Jesús, Rey de caridad, quiso instituir en la última
cena como memorial de su salvífica pasión y resurrección, para que
cada vez que se celebre la conmemoración de la víctima, se realice la
obra de nuestra redención. El mismo Señor, pues, llamó a todos los que
creen en él para que se restauraran con su Cuerpo contenido en este
Sacramento, de tal modo que no sólo se significara sino también se
produjera la unidad del Pueblo de Dios. En verdad éste es, por tanto,
un grande y admirable misterio «al que en este tiempo se ve asociada
la Iglesia» (S. Agustín, Contra Fausto, XII, 20, en PL 42, 265). A fin
de enseñar rectamente la doctrina eucarística y promover eficazmente
el culto conexo a ella, Nosotros mismos publicamos recientemente la
Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia y luego a manera de
continuación declaramos un Año de la Eucaristía, que comenzará el
próximo mes de octubre.
Por esa razón
supimos con alegría que la Iglesia en la Argentina se reunirá para
celebrar el X Congreso Eucarístico Nacional, que tendrá lugar bajo el
lema La Eucaristía nos convoca, nos reconcilia, nos solidariza y nos
envía. Así, cuando el Venerable Hermano Eduardo Vicente Mirás,
Arzobispo de Rosario, en nombre de la Conferencia Episcopal de aquel
país, de la que es su talentoso Presidente, nos rogó con empeño que
enviáramos allí un alto prelado que hiciera presente Nuestra persona,
Nosotros estimamos que esta petición debía ser ciertamente escuchada y
al mismo tiempo pusimos nuestros pensamientos en ti, Venerable
Hermano, a quien ante la prudencia y diligencia constantemente
mostrada en favor de tus fieles hemos considerado muy apto para
cumplir fructuosamente esta misión.
Por estas mismas
Letras te nombramos y te constituimos Enviado Extraordinario, que
harás las veces de Nosotros en los días 2 al 5 del mes de septiembre
para celebrar las solemnes conmemoraciones.
Deseamos
ardientemente pues que hagas llegar a todos los participantes de este
Congreso nuestro saludo paternal y de todo corazón. Presidirás por
ello las celebraciones litúrgicas en nombre Nuestro, exhortando
fervientemente a los presentes a que se esfuercen en todo tiempo en
aumentar el amor y el culto al Sacramento de Altar. Para ello les
recomendarás con empeño que recurran confiadamente a la Madre de Dios
quien sobresale claramente, junto a la cruz de su Hijo que se ofrecía
para consumar nuestra salvación, como ejemplo singular de vida
eucarística.
Muy a gusto te
damos finalmente la plena facultad para que afectuosamente otorgues
con liberalidad a todos los presentes la Bendición Apostólica con
Nuestra autoridad, como mensajera de gracias celestiales y testimonio
de Nuestra favorable voluntad.
Dadas en el Palacio de Castelgandolfo, el día 20 del mes de julio,
del año 2004, vigésimo sexto de Nuestro Pontificado.
Juan Pablo II
Este
documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2491 del 15 de setiembre de 2004 |