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Instituto
Verbo Encarnado
Carta
de Juan Pablo II
a los obispos de la argentina
Con fecha 25 de mayo de 2001
el Santo Padre Juan Pablo II envió a los obispos de la Argentina una
carta referida a las determinaciones de la Santa Sede para regularizar la
situación del Instituto Verbo Encarnado.
A los venerables Hermanos
Estanislao Esteban Karlic, arzobispo de Paraná y presidente de la
Conferencia Episcopal Argentina y demás Hermanos en el Episcopado:
"¡Paz a
vosotros!" (Jn 20,19). Con estas palabras del Señor Resucitado a sus
Apóstoles os saludo con afecto. El tiempo pascual que estamos celebrando
y que nos introduce, después de la Ascensión del Señor, a la solemnidad
de Pentecostés, nos invita a recobrar el vigor del Espíritu Santo para
anunciar, en la Argentina y en el mundo entero, la salvación de Cristo,
el Señor, el mismo de ayer, hoy y siempre.
Me dirijo a vosotros,
Pastores de la Iglesia de Dios que peregrina en la Argentina, para haceros
llegar mi palabra de cercanía y de aliento en respuesta a vuestra carta
del 11 de los corrientes.
Conozco con cuánta
generosidad y entrega, individualmente y también en fraterno espíritu de
colaboración episcopal, os dedicáis a vuestro ministerio pastoral en
fidelidad al Depósito de la Fe y discerniendo, a la luz del Evangelio y
del magisterio de la Iglesia, las respuestas a los nuevos desafíos
pastorales que se presentan en vuestra patria.
A la luz de esta
convicción, deseo aseguraros que las recientes determinaciones de esta
Sede Apostólica para regularizar la situación del ‘Instituto Verbo
Encarnado’, no han tenido otro objetivo que el de procurar el bien de la
Iglesia en la Argentina y el bien de los miembros, sobre todo sacerdotes,
de ese Instituto.
El proceso de
normalización del gobierno del Instituto, facilitado por la
disponibilidad manifestada por el Señor Obispo de Velletri-Segni,
Monseñor Antonio María Erba, completado con la decisión de trasladar de
San Rafael las Casas de formación y la Casa Central y con la ordenación
sacerdotal de algunos diáconos, me ha parecido el camino adecuado para
proseguir con espíritu de comunión en vuestro servicio a la Iglesia y
para dar serenidad a los jóvenes que han elegido el Instituto como
respuesta a su vocación a la vida religiosa.
Al abriros mi corazón,
queridos Hermanos en el Episcopado, os invito a proseguir como artífices
de la renovación de la Iglesia en la Argentina, a la luz de aquellos
objetivos perennes que ha puesto en evidencia el Gran Jubileo del año
2000 y que marcarán el peregrinar del pueblo de Dios en el nuevo milenio,
como son, por ejemplo, la reconciliación con Dios y con los hermanos, la
santidad a la que el Señor llama a todos, la unidad de la Iglesia, el
primado de la caridad.
Deseo terminar esta carta
poniendo vuestras ansias pastorales en las manos maternas de Nuestra
Señora de Luján para que, por su intercesión, siempre sepáis
corresponder con fidelidad y entusiasmo a la voluntad de Nuestro Señor,
mientras os hago llegar mi especial Bendición Apostólica, que extiendo
gustoso a Vuestras Comunidades diocesanas.
Vaticano, 25 de mayo de
2001
Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2326, del 18 de julio de 2001
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