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CARTA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL PRESIDENTE DE LA NACIÓN
Al excelentísimo señor Dr.
Carlos Saúl Menem, presidente de la Nación Argentina
He
tenido conocimiento de que el próximo día 25 de marzo se celebrará en esa nación el
"Día del Niño por Nacer» y que con esa ocasión vuestra excelencia desea dirigirse
a todos los presidentes de América latina pidiéndoles que unan sus esfuerzos en defensa
de la vida.
A
este respecto se ha de constatar cómo están surgiendo nuevas amenazas que se ciernen
sobre tantos seres humanos, los cuales corren riesgo de ser privados de su derecho
primordial. La Iglesia Católica ve en los ataques a la vida humana una grave ofensa al
Creador (cf. Gaudium et Spes, 27). En este sentido, no ha ahorrado esfuerzos para
proclamar el valor y carácter inviolable de la misma.
A
este tema quise dedicar mi encíclica Evangelium Vitae, ofreciendo los principios que han
de orientar toda forma de ayuda y apoyo a los seres más indefensos, en primer lugar los
no nacidos. Por eso se ha de expresar el debido reconocimiento a movimientos y grupos
promotores de sensibilización social, tanto a nivel de comunidad cristiana como de
sociedad civil, en favor de la vida (cf. nn. 26-27).
Últimamente,
al dirigirme especialmente a ese amado continente en la exhortación apostólica
postsinodal Ecclesia in America» he querido reafirmar esta doctrina (cf. n. 63), lanzando
mi llamado, desde la basílica de Guadalupe, a desterrar para siempre todo ataque a la
vida, augurando a la vez que, «el continente de la esperanza sea también el continente
de la vida ... ¡una vida digna para todos! (Homilía 23. 1.99, n8).
Con
la mirada puesta en el ya cercano Gran Jubileo del Año 2000 formulo mis mejores votos
para que la celebración del «Día del Niño por Nacer» favorezca una opción positiva
en favor de la vida y del desarrollo de una cultura orientada en este sentido, que asegure
la promoción de la dignidad humana en todas las situaciones (cf. Mensaje para la Jornada
Mundial de la Paz, 1 de enero de 1999, n.4).
Al
reiterarle, señor presidente, mis mejores deseos, le aseguro mi oración por el bienestar
espiritual y material de los hijos e hijas de esa amada Nación, a la vez que pido a la
Madre de Dios, venerada bajo el título de Virgen de Luján, que les conceda el don de
acoger cada nueva vida humana como la Sagrada Familia de Nazaret recibió al Verbo de
Dios, manifestación del amor infinito del Padre a la humanidad.
Ciudad
del Vaticano, marzo de 1999
Juan Pablo II
Este
documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2209, del 21 de abril de 1999
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