Bendito seas Señor, Padre que estás en el cielo, porque en tu
infinita misericordia te has inclinado sobre la miseria del hombre y
nos has dado a Jesús, tu Hijo, nacido de mujer, nuestro salvador y
amigo, hermano y redentor. Gracias, Padre bueno, por el don del Año
jubilar; haz que sea un tiempo favorable, el año del gran retorno a
la casa paterna, donde Tú, lleno de amor, esperas a tus hijos
descarriados para darles el abrazo del perdón y sentarlos a tu
mesa, vestidos con el traje de fiesta.
¡A ti, Padre, nuestra alabanza por siempre!
Padre
clemente, que en el Año Santo se fortalezca nuestro amor a ti y al
prójimo: que los discípulos de Cristo promuevan la justicia y la
paz; se anuncie a los pobres la Buena Nueva y que la Madre Iglesia
haga sentir su amor de predilección a los pequeños y marginados.
¡A ti, Padre, nuestra alabanza por siempre!
Padre
justo, que el gran Jubileo sea una ocasión propicia para que todos
los católicos descubran el gozo de vivir en la escucha de tu
palabra, abandonándose a tu voluntad; que experimenten el valor de
la comunión fraterna partiendo juntos el pan y alabándote con
himnos y cánticos espirituales.
¡A ti, Padre, nuestra alabanza por siempre!
Padre,
rico en misericordia, que el santo Jubileo sea un tiempo de
apertura, de diálogo y de encuentro con todos los que creen en
Cristo y con los miembros de otras religiones:
en
tu inmenso amor, muestra generosamente tu misericordia con todos.
¡A ti, Padre, nuestra alabanza por siempre!
Padre
omnipotente, haz que todos tus hijos sientan que en su caminar hacia
ti, meta última del hombre, los acompaña bondadosa la Virgen
María, icono del amor puro, elegida por ti para ser Madre de Cristo
y de la Iglesia.
¡A ti, Padre, nuestra alabanza por siempre!
A
ti, Padre de la vida, principio sin principio, suma bondad y eterna
luz, con el Hijo y el Espíritu, honor y gloria, alabanza y gratitud
por los siglos sin fin. Amén.
Juan Pablo II