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FICHA 58 - Noviembre de 1999

Sectas

        "La expansión de las sectas y de nuevos movimientos religiosos que atraen a muchos fieles y siembran confusión e incertidumbre entre los católicos, es motivo de inquietud pastoral. Es necesario analizar profundamente el problema y encontrar líneas pastorales para afrontarlo". (Juan Pablo II, a los obispos argentinos, 7 de febrero de 1995.)

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FICHA Nº 58

EL PROSELITISMO:

Una perspectiva ética (Parte I)

Exposición efectuada por Roland Minnerath (de Estrasburgo), en el encuentro realizado del 13 al 16 de mayo de 1999, en Madrid, España.

      Acercarse al tema proselitismo dentro de una perspectiva ética implica revindicar un conflicto de valor. La ética es invocada cuando una elección tiene que tomarse entre opciones opuestas. El conflicto y la elección, a nuestro entender, está entre el imperativo de la misión y la tentación de proselitismo. El cristianismo es en sí una religión misionera. Evangelización -compartir las buenas noticias y el llamado a la conversión -es un deber de todos los cristianos. Cómo, este deber, es interpretado y llevado a cabo es la cuestión básica. La actividad misionera está siempre profundamente asociada con un contexto social y cultural. Sin embargo, hay algunos principios relacionados con la esencia del Cristianismo, enraizados en la actitud de Jesús y los apóstoles. Las buenas noticias son un llamado directo a los seres humanos libres. No puede ser impuesto desde afuera por medios sicológicos o por la fuerza física. En nuestra comprensión actual de los derechos humanos esta libertad está enraizada en la misma naturaleza de los seres humanos y debe ser reconocida como un derecho civil protegido por la ley. Esta libertad civil implica también el derecho a no impedir de ningún modo, convertirse a otra religión, o la no pertenencia a ninguna religión. Una persona puede cambiar para adherirse al llamado de Dios sólamente a través de persuación interior. Este movimiento interno es provocado por el poder de la verdad misma. La pregunta es qué es la verdad?

      Detrás de la cadena de actitudes hacia el proselitismo está el concepto fundamental que uno tiene de la verdad religiosa y de la salvación religiosa. Si usted tiene un concepto exclu-sivo de la verdad entonces necesita convertir a todo el mundo a su fe para salvarlo. Usted probablemente podrá condescender aún en medios violentos, por el bien de sus víctimas. Si usted dispone del poder del estado, o poder financiero u otros recursos podrá seguramente usarlos y así promover el proselitismo por medios más o menos sofisticados. Si por otro lado profesa un completo concepto de la verdad religiosa, puede admitir que su vecino no está completamente equivocado y que Dios puede salvarlo sin su ayuda. Si usted además no dis-pone del poder de la presión externa, entonces usted podría ser un misionero aceptable. La forma de proselitismo que nosotros rechazamos está basada en la aceptación de que otras religiones u otros enfoques mundanos están absolutamente equivocados, y están apoyados por estructuras oraganizativas que pueden tomar ventaja injusta de personas vulnerables.

      En el pasado, la evangelización fue realizada a través de medios violentos e iniciativas apoyadas por el Estado. Esta etapa se superó, en cuanto al Cristianismo se refiere. Las iglesias cristianas hicieron un gran esfuerzo para distinguir entre misión y proselitismo, y a veces alcanzaron un entendimiento común en cómo deberían comportarse para propagar la fe. Pero ahora estamos abocados a otro desafío. Los grupos de proselitismo más activos, no son los de las iglesias tradicionales sino los nuevos movimientos religiosos, ya sea de inspiración cristiana o de otra. Con frecuencia ellos son renuentes a dialogar y se apoyan en un simplismo dualista entre ellos como el de quién está salvado y el resto del mundo el cual está condenado. Tienen ambos, una dimensión teológica (el problema de la verdad), y una legal (el respeto por los derechos humanos).

      Cuando es de dominio público, el proselitismo tiene que someterse a una evaluación de su criterio ético. Los límites legales internacionales al proselitismo no están al alcance de la mano. Algunas leyes nacionales, expresamente, prohiben el proselitismo injusto. Las nor-mas internacionales en un sentido estricto sólamente protejen al individuo de la agresión o la presión externa. Ellos sólo, implícitamente, sugieren el derecho de una organización re-ligiosa para ganar honestamente nuevos adherentes. La ley internacional tiene que ver con limitar el poder del Estado en estos temas y define exactamente sus deberes en la protec-ción del orden, salud y moral públicas y los derechos de los otros. Ahora el proselitismo viene de grupos o individuos que pueden indebidamente introducirse en la esfera privada de las personas. Esta conducta puede generar un conflicto de derechos: el derecho a la libre expresión, y el derecho a no ser coaccionado. Diferentes casos en la Corte Europea por los derechos humanos muestran cúan fluctuante son los límites entre hacer proselitismo correcto o incorrecto: un funcionario militar o un superior puede no tomar ventaja de su posición para enganchar en charlas religiosas con sus subordinados, mientras puede hacerlo con civiles que tienen la libertad para escapar. No está permitido sacar ventaja de audiencias cautivas. La libertad personal física y sicológica debe estar siempre garantizada.Comportarse de acuerdo a las normas comunmente aceptadas debería ser la meta a alcanzar por grupos religiosos y así establecer un especie de código de buena conducta.

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I. Principios generales Católicos

      Dentro de la literatura católica el proselitismo es un concepto que se ha vuelto sinónimo de métodos injustos y moralmente inaceptables de propagar la fe cristiana. El Vaticano II establece que mientras todos los grupos religiosos tienen el derecho de «enseñar públicamente y atestiguar su fe por medio de palabra y escritos... (y que) toda acción que tenga el sabor de coerción o deshonestidad o solicitación incorrecta», debe evitarse, «especialmente cuando involucra a personas incultas o necesitadas» (Dignitatis Humanae, 4). Tal conducta es no sólo moralmente equivocada sino que constituye un abuso de los derechos humanos, y cae bajo las sanciones de la ley estatal. El Estado tiene que protejer los derechos de todos sus ciudadanos. Cuando el derecho a expresar sus propias convicciones se vuelve una presión ilegal, es un abuso de este derecho, y debe ser considerado como tal.

      Teológicamente hablando, la Iglesia tiene el deber de «anunciar las buenas noticias», proclamarlas, no imponerlas. La proclamación es un llamado a ser aceptado o rechazado libremente. El documento sobre Actividad Misionaria de la Iglesia «Ad gentes», traza clara-mente la distinción entre evangelización, dirigida a los no-cristianos como un llamado a con-vertir libremente, y todos esos medios que son una negación en sí de la conversión: «la Igle-sia prohíbe severamente obligar a alguien a abrazar la fe o captar o atraer a la gente por me-dio de técnicas indignas» (n.13). La definición dada de la libertad religiosa, como una inmu-nidad para la coerción, implica que «nadie debe ser forzado a actuar de una manera contra-ria a sus propias creencias, ya sea privada o públicamente, ya sea sólo o asociado con otros.»

      El nuevo Directorio Ecuménico del 25 de marzo de 1993, recomienda a los obispos tomar medidas para superar la tentación del indiferentismo y el proselitismo, especialmente en las iglesias jóvenes. La misión de la iglesia se desarrolla entre estas dos actitudes extremas, es decir entre la falsa asunción de que todas las religiones son igualmente válidas, y que la conversión debería obtenerse por medios desleales. Especialmente «en su relación con otras iglesias y comunidades eclesiales, los católicos se portarán honesta y prudentemente ... Caer en la tentación del indiferentismo o del proselitismo sería el fin de un verdadero espíritu ecuménico». Los católicos están invitados a alimentar la estima y consideración hacia otros cristianos y a exponer temas doctrinales de modo de no poner en riesgo el diálogo (n.61). Otro documento del Consejo para la Unidad de los Cristianos, editado en 1997, insiste sobre el entrenamiento ecuménico de los ministros de la Iglesia. Particular atención debería darse al fenómeno del proselitismo, considerado como un desafío a ser dirigido en el presente contexto.

      La Iglesia no abandona el deber de evangelizar. El Papa Juan Pablo II en su encíclica «Redemptoris Missio», lamenta que el llamado a la conversión generalmente se interpreta como un intento de «proselitismo». Es erróneo también pretender que todo el mundo debería ser fiel a su propia religión. Toda persona tiene el derecho a oir las buenas noticias de Cristo y responder a ellas.

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II. Con otras iglesias cristianas

      Las antiguas Iglesias: Católica, Ortodoxa, Anglicana, Luterana son muy remisas ante las prácticas misioneras tales como visitas domiciliarias, predicación en plazas públicas, abordar a la gente en la calle, correo o prédica televisiva. Esto es propio del movimiento evangélico, que es el principal partidario del derecho moderno a la libertad religiosa. Hay pocas quejas provenientes de los evangélicos acusando a los católicos de proselitismo indebido entre sus propios creyentes. La Iglesia Católica en tales áreas donde está tradicionalmente enraizada, está fuertemente expuesta a la actividad organizada de los movimientos evangélicos. En Latinoamérica, por ejemplo Brasil, muchas de las llamadas nuevas Iglesias Cristianas ganan diariamente adherentes provenientes de la Iglesia Católica. Los medios usados son, a menudo, del tipo que caracterizaríamos como incentivos deshonestos y acoso psicológico contra los católicos.

      La amenaza de proselitismo indebido no ocurre entre las antiguas Iglesias. En su «Declaración sobre ecumenismo» el Vaticano II y los documentos oficiales subsiguientes de la Iglesia recomiendan cooperación ecuménica en la actividad misionera. Esto está también señalado por la declaración de la Tercera Comisión de conjunto con el Consejo de Iglesias en 1970. En los múltiples diálogos ecuménicos entre confesiones cristianas el proselitismo entre cristianos siempre es rechazado. El primer Directorio Ecuménico Católico (14-5-1967) observó ya que entre cristianos, cuando el compartir dones espirituales no es posible y el respeto mutuo no es evidente, al menos el proselitismo debe ser evitado (n.28).

      La Comisión bilateral del Concilio Mundial de Iglesias y la Iglesia Católica editó en 1971 un documento especial sobre «Testimonio Común y proselitismo». La Comisión da una definición de proselitismo como una corrupción del deber del testimonio cristiano: «Esto incluye cualquier intento de ofender el derecho de cualquier persona, Cristiana o no-Cristiana, a ser libre de la fuerza externa en materia religiosa, y también aquellas formas de evangelización que contradigan la voluntad de Dios, quien invita a los hombres y mujeres a seguir su llamado libremente y servirlo a El en Espíritu y verdad».

      El testimonio cristiano debe ser calificado de tal modo que sea coherente con el espíritu del Evangelio y no ofenda la marcha del diálogo inter-cristiano. El testimonio cristiano está centrado en Dios, y aspira a su gloria y a la salvación del hombre, no a la ventaja de una confesión sobre la otra. Debe siempre respetar la libertad de sus destinatarios y evitar por todos los medios la compulsión, y un indiscriminado uso de los medios. No debe explotar la debilidad o la pobreza de la gente. Debe absolutamente excluir el ofrecimiento de ventajas materiales o sociales relacionadas con un cambio de confesión. Los cristianos desnudando el testimonio de su fe no pueden incluir la denigración de la fe de los otros. Los cristianos no deben desparramar prejuicios sobre otros cristianos y distorsionar sus específicas convicciones con el fin de atraer sus miembros. El documento exceptúa la actividad misionera de cristianos en áreas donde están implantadas Iglesias tradicionales. No debe, sin embargo llevar a la competencia, sino animar a la Iglesia local a revigorizar su credibilidad y testimonio cristiano. Misioneros extranjeros deberían sólo intervenir por su cuenta cuando hay un fracaso por parte de la Iglesia local para encontrar las demandas espirituales de sus propios miembros.

      En 1989, el Consejo de Iglesias del Medio Oriente, adoptaron un documento sobre «Proselitismo, sectas, y desafíos pastorales» donde expresaron el deseo de un «acuerdo pastoral» entre miembros de iglesias sobre el tema del proselitismo. Cualquier intento para atraer creyentes de otra Iglesia debería sustituirse por un «diálogo de amor». Sólamente esta actitud positiva podría ayudar a las Iglesias cristianas a enriquecerse con la experiencia y celo misionero de las otras.

 

BIBLIOGRAFIA PARA PROFUNDIZAR :

* Dossier «Proselitismo vs. Misión», Archivo Fundación Spes.

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Suplemento del boletín AICA Nº 2231 del 22 de setiembre de 1999
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