| Fundación S.P.E.S. Bolívar 216/18 (1066) Buenos Aires, tel.: 4343-7702 FICHA 59 - Diciembre de 1999 Sectas "La expansión de las sectas y de nuevos movimientos religiosos que atraen a muchos fieles y siembran confusión e incertidumbre entre los católicos, es motivo de inquietud pastoral. Es necesario analizar profundamente el problema y encontrar líneas pastorales para afrontarlo". (Juan Pablo II, a los obispos argentinos, 7 de febrero de 1995.) FICHA Nº 59
III. ESPECIFICAMENTE CON LAS IGLESIAS ORTODOXAS Muchas delaraciones de la iglesia Católica sobre proselitismo estan relacionadas con las iglesias ortodoxas. Precisamente porque las iglesias Ortodoxas acusan a la iglesia Católica de practicar proselitismo con ellas. Esta acusación tiene un preciso trasfondo histórico y se llama «uniatismo». Desde el siglo 16 al 20 muchas de las iglesia orientales se separan, una parte de ellas eligiendo unirse en comunión con Roma. Así, por ejemplo en 1595, una parte de la iglesia Ucraniana se separa de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Igualmente a fines del siglo 17, una parte de la Iglesia Rumana eligió entrar en comunión con Roma. Esto no significó ningún cambio en su fe o liturgia o derecho canónico. Pero sus respectivas iglesias Ortodoxas nunca aceptaron estas divisiones sobre las bases de un concepto de «territorio canónico». De acuerdo con este criterio las iglesias Rusas y Rumanas Ortodoxas no objetaron incorporar por la fuerza a los Católicos-Ucranianos Griegos dentro del patriarcado Ruso y a los Católicos-Rumanos Griegos dentro del patriarcado Rumano bajo la presión de la regla comunista en 1948. Después del comunismo estas iglesias oprimidas recuperaron su libertad para confirmar su vínculo con Roma. Ahora la jerarquía ortodoxa acusa firmemente a los Católicos de proselitismo en su favor, considerando la misma existencia de estas renacidas comunidades Católicas-Griegas como una ofensa a la unidad eclesiástica de los territorios Ortodoxos. El hecho de que el Papa Juan Pablo II nombrara nuevos obispos para las comunidades católicas en Rusia fue calificado de proselitismo. Por la misma razón la jerarquía Ortodoxa no acepta la actividad de misioneros extranjeros en general. En la cumbre de Patmos de setiembre de 1995, doce patriarcas Ortodoxos condenaron a ambos: proselitismos católico y protestante en países Ortodoxos. A estas acusaciones, la Iglesia Católica responde que sus ministros no intentan convertir Cristianos Ortodoxos, sino sólo asistir sus propias comunidades. La Iglesia Católica tiene un gran respeto hacia sus hermanas Iglesias Ortodoxas y promueve un diálogo leal con ellas. Una «Declaración sobre el tema del Uniatismo» fue publicada en 1990 por una Comisión conjunta Católica-Ortodoxa que admitió que el Uniatismo, no era más un método para ser usado en el futuro. Esta posición fue reafirmada en otro acuerdo sobre «Uniatismo, método de unión del pasado, y la presente búsqueda para una comunión completa», en Balamond (1993). Está claro que la actividad pastoral de la Iglesia Católica en los países del Este no tiende al proselitismo entre los Ortodoxos. Los Ortodoxos por su parte no desafían la libertad de los Católicos-Griegos para permanecer en la comunión Católica. Ellos admiten que las iglesias Católicas-Griegas podrían jugar un rol en preparar una completa comunión entre las iglesias Católicas y Ortodoxas. Al mismo tiempo, la iglesia Católica reclama el derecho a evengelizar con medios honestos a cualquier persona que busque la fe. IV. CON OTRAS RELIGIONES O NO-CREYENTES Con referencia a las actividades misioneras entre seguidores de otras religiones, hay muchas cuestiones a dilucidar. Teológicamente la respuesta solamente puede ser: tenemos el deber de hacerle conocer a Cristo y Su salvación. Usted es libre para seguirlo a El o no. Pero en la práctica, no es tan simple. Está moralmente justificado separar a alguien de su propia tradición religiosa y quizá marginalizar a ella o a él dentro de su comunidad nativa? Hubo en el pasado un fuerte lazo entre colonialimo Europeo y misión. En algunos casos, reacciones violentas de rechazo se observan aún. Los Cristianos son vistos como Europeos u Occidentales ajenos a las culturas y tradiciones locales; en India o en países musulmanes, una identificación con un grupo étnico y su religión es aún comunmente aceptada. Atestiguar la fe Cristiana entre creyentes de otras religiones implica una actitud positiva hacia «todo lo que es verdadero y santo» en esas religiones. La Declaración del Vaticano II «Nostra aetate» insiste que atestiguar la fe Cristiana también significa prestar atención a los «bienes espirituales y morales... y los valores» promovidos por estas sociedades (n.2). La actitud del cristiano debería ser de diálogo respetuoso y cooperación. Sin denigración, sin coerción, sin incentivos indirectos. Se debe decir que la filosofía actual de los derechos humanos facilita en un cierto sentido el proselitismo ejercido sobre personas solas. Es comprensible que las culturas nativas en el tercer mundo reaccionen ahora más o menos vigorosamente contra algunas presunciones de esta filosofía basada en los derechos individuales en una sociedad pluralista donde la diversidad de opiniones, credos y el comportamiento es visto como un factor positivo que promueve la cohesión social más que amenazarla. En el acercamiento Occidental, al menos implícitamente, los individuos son atomizados o aislados, dejados de lado y desligados del complejo juego de relaciones que permiten al ser humano alcanzar su plenitud: el vínculo vital con una familia, la pertenencia a una cultura, a una red social, a una nación, a una comunidad religiosa. Los individuos son entidades abstractas capaces de decidir sobre las bases de su libre voluntad, lo que van a ser y hacer: elegir un partido político, una comunidad religiosa, un idioma, una nación, ultimamente también decidir su género. Esta filosofía está ahora definitivamenate rechazada por las culturas no occidentales como portadoras de una antropología que es totalmente incompatible con sus propias culturas. De hecho la mayoría de las culturas del mundo prestan más atención a la dimensión social de los seres humanos y no pueden simplemente aislar individuos de su contexto social humanizante. Esto no sin consecuencias, tiene que ver con el verdadero concepto de libertad religiosa y actividad misionera. Ahora, frecuentemente se asume entre estudiantes Africanos o Asiáticos que los métodos Cristianos e Islámicos de divulgación de su fe respectiva en Africa o Asia, fueron históricamente proselitismo a gran escala. Culturas más débiles pudieron escasamente resistir la invasión de ambos: colonialistas y misioneros. Su superioridad externa han creado un desequilibrio con las tradiciones locales. A veces la oferta de cambiar de religión fue el principio de un proceso de aculturación que destruyó la cohesión nativa y provocó una profunda crisis de identidad en la gente. Por lo tanto, políticos locales y líderes religiosos reaclaman el «derecho a que los dejen solos» y tener este derecho protegido con instrumentos internacionales. Este derecho consistiría en una reconocida limitación legal no sólamente para un proselitismo indebido, sino también para un trabajo misionero honesto. La idea es preservar culturas más débiles de ser absorbidas por las occidentales. Este desafío debe ser dirigido. Debe recordarse que después de la era del colonialismo y del proceso en marcha de secularización en Occidente, no puede decirse más que el Cristianismo está identificado con la cultura occidental. Occidente está interesado en conquistar mercados, no almas y el Cristianismo es en muchos aspectos opuesto a los valores de individualismo, hedonismo y materialismo propagado por la cultura Occidental. Ningún Estado occidental tiene interés en difundir el Cristianismo en Africa o Asia. Esto no es así para el Islam, que aún está identificado con sistemas sociales y legales y poder Estatal. El problema surge si los Estados Unidos, por enlazar su ayuda financiera al respeto efectivo de la libertad religiosa individual en las naciones del tercer mundo o en el Este de Europa, no contribuye actualmente a exportar sus propios misioneros evangélicos en esos países. Este es verdaderamente un desafío para la comprensión de los derechos humanos, pero primariamente un desafío moral. Lo significativo para los Africanos, Asiáticos o Latinoamericanos es que la libertad para difundir las convicciones religiosas no debería dar licencias para destruir religiones tradicionales y culturas. Ellos deploran que la actual filosofía de los derechos humanos no los protegen eficientemente del trasfondo social y cultural en el cual una persona crece y se desarrolla. Areas culturales amplias tales como el mundo Islámico, el Ortodoxo o el Hindú tratan de protegerse de la influencia religiosa extranjera a través de medidas legales. La ley Islámica prohíbe cualquier intento de cambiar las creencias religiosas de los Musulmanes. También algunos Estados Hindúes y Budistas prohíben el proselitismo. Un esfuerzo para obtener por medio de instrumentos internacionales una limitación legal al proselitismo fue hecho con una «Declaración Preliminar sobre los Derechos de los Indígenas», instruída por la Asamblea General de la UN en 1992. Trató de considerar como racista cualquier intento de evaluar la superioridad de una persona sobre otra en base a diferencias religiosas o culturales. También la región de los Estados del Pacífico Asiático señalaron en la «Declaración de Bangkok» (1993,art.8) que la universalidad de los derechos humanos debe ser entendida considerando los «variados trasfondos históricos, culturales y religiosos». Hasta los Estados occidentales tienen reservas para con los instrumentos internacionales que ellos señalan, cuando hay conflicto de los derechos humanos con la legislación nacional. No hay que asombrarse si el enfoque del proselitismo religioso difiere de una cultura a otra. Debe señalarse que si estas opiniones fueran consideradas, extinguirían cualquier nuevo desarrollo humano. Las culturas naturalmente interactúan y se enriquecen con nuevas perspectivas. Es posible prohibir la difusión de ideas, incluyendo las religiosas, entre los pueblos indígenas?. Ni siquiera la «Carta Africana sobre los Derechos Humanos de los Pueblos» de 1981, defiende un rechazo radical de influencia externa. Más bien anima la preservación de los «valores positivos Africanos», pero no dice ni una palabra sobre las religiones Africanas. Ni las constituciones Africanas -construídas sobre modelos Europeos- mencionan una protección especial de las religiones nativas. Sólo unas pocas constituciones subrayan una restricción al proselitismo indebido, tal como Mauritius [1971,sect. 11 5(b)] que insiste sobre la libertad para practicar cualquier religión «sin la intervención no solicitada de personas, profesando cualquier otra religión o creencia» [también Zimbabwe, 1980,set.19 5(b)] Uno dificilmente podría estar de acuerdo con los reclamos Africanos para crear una especie de zona protegida de la cultura y religión tradicional donde todas las formas de trabajo misionero fueran prohibidas. Este es, en realidad, un desafío ético en el que los principios puestos sobre un terreno teórico, deben probar ser aplicables. (*) La presente ficha contiene la exposición efectuada por Roland Minnerath (de Estrasburgo), en el encuentro realizado del 13 al 16 de mayo de 1999, en Madrid, España. (Continuará) BIBLIOGRAFIA PARA PROFUNDIZAR :* Dossier «Proselitismo vs. Misión», Archivo Fundación Spes.
Suplemento del boletín AICA Nº 2231
del 22 de setiembre de 1999 Copyright © 1999 AICA. Todos los derechos reservados. |