Para mantener vivos los
sueños
Buenos Aires, DIC 23
(AICA): A un año del incendio de la disco “República de Cromañón”,
monseñor Jorge Eduardo Lozano (hoy obispo electo de Gualeguaychú), se
refirió al trabajo pastoral llevado a cabo por la Iglesia. El prelado
habló con AICA del “movimiento espontáneo de acompañar a los que
estaban sufriendo” y expresó: “...porque estos momentos de encuentro
han ido surgiendo de la necesidad de acompañar una situación de dolor
y el hecho de que se cumpla un año no hace que el dolor disminuya. Por
lo tanto no pienso que tenga que disminuir tampoco nuestra dedicación
pastoral”.
PARA MANTENER VIVOS LOS SUEÑOS
Buenos Aires, DIC 23
(AICA): El próximo viernes 30 de diciembre se cumple un año del
incendio de la disco “República de Cromañón”, donde perdieron la vida
194 personas. Por tal motivo, la arquidiócesis de Buenos Aires tiene
programados diversos encuentros que culminarán el viernes 30 en la
Catedral Metropolitana, donde se celebrará la misa por el primer
aniversario presidida por el cardenal Jorge Mario Bergoglio y
concelebrada por los obispos auxiliares y otros sacerdotes del clero
porteño.
Cronología
El jueves 30 de
diciembre de 2004 un incendio ocurrido en la disco "República de Cromañón", en el barrio porteño de Once, dejó como consecuencia la
pérdida de 194 vidas humanas.
Al día
siguiente, el papa Juan Pablo II envió un mensaje al cardenal
Bergoglio en el que manifestaba su "profundo pesar" por los numerosos
muertos, en su mayoría jóvenes, fallecidos durante el incendio y
lamentaba que el accidente "llene de luto a muchas familias del
querido pueblo argentino".
El
Santo Padre ofreció "sufragios por el eterno descanso de los
fallecidos” y elevó su oración “para que el Señor conceda consuelo y
serenidad a quienes lloran la pérdida de sus seres queridos".
El
Cardenal Bergoglio se acercó personalmente a los hospitales donde eran
asistidos los heridos para acompañar a sus familias.
El
1 de enero de 2005, monseñor Eduardo García, obispo auxiliar de Buenos
Aires, celebró la primera misa en la esquina de Bartolomé Mitre y
Ecuador, donde estaba ubicada la disco.
En la primera
semana de enero, el cardenal encomendó a la Vicaría de la Juventud el
acompañamiento en la oración y el alivio de quienes se acercaban al
"santuario" de Cromañon”, constituido espontáneamente en la esquina
del boliche incendiado. Monseñor Jorge Lozano, vicario episcopal para
la juventud, tomó a su cargo la tarea.
Luego de transcurrido un mes de la tragedia, el 30 de enero, el
purpurado celebró una misa en la Catedral Metropolitana en sufragio de
las víctimas, en la que entre otras cosas expresó: "Le contamos
al Señor lo que nos ha sucedido. Le decimos que no somos poderosos ni
ricos, ni importantes; pero que sufrimos mucho. Le pedimos que nos
consuele y no nos abandone porque queremos ser ese ‘pueblo pobre y
humilde que se refugia en el nombre del Señor’."
"Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán
saciados. Por eso también le pedimos justicia. Le pedimos que su
pueblo humilde no sea burlado por ninguna astucia mundana; que su mano
poderosa ponga las cosas en su sitio y haga justicia. La llaga es
dolorosa. Nadie tiene el derecho de experimentar con los niños y con
los jóvenes. Son la esperanza de un pueblo y los debemos cuidar con
decisión responsable."
Posteriormente, al recibir a la marcha juvenil durante la fiesta de
Corpus Christi, declaró: "No hagan negocio con carne joven. No
experimenten con los jóvenes. Si quieren hacerlo, métanse ustedes en
la probeta".
En esa ocasión,
en el “santuario” de Cromañón, monseñor Jorge Lozano pidió "no ser
indiferentes ante tanta muerte joven", e instó a "no ponerle alambrado
a nuestra esperanza, para que en el país impere la verdad, la
justicia, la libertad, el amor y la paz".
El
obispo lamentó además que ese "lugar de muerte" se haya llevado "los
sueños nobles de aquellos que vinieron hasta aquí para divertirse y
hacer fiesta". Luego manifestó: "no podemos ser indiferentes ante
estas miradas que nos cuestionan con su silencio" -por las fotos que
los familiares y amigos mostraban de las víctimas-.
El jueves 27 de
octubre se inauguró la “Plaza de la Memoria” en la intersección de las
calles Bartolomé Mitre y Ecuador, con un acto del que participaron
monseñor Lozano, el rabino Arieh Sztokman y el sheij Mohsen Alí.
También se hizo presente Fernando Suárez, director ejecutivo del
Organismo Administrador de Bienes del Estado (ONABE).
El trabajo pastoral de la
Iglesia
A
lo largo de este año, la presencia pastoral de la Iglesia se
manifestó y se sigue manifestando de diversas formas.
Los jóvenes
voluntarios de la Vicaría para la Juventud acompañan a quienes se
acercan al lugar con su sufrimiento, a través de la escucha y la
apertura espiritual ante las diversas situaciones y conflictos que se
plantean frente al dolor. Este ministerio de alivio y escucha se
desarrolla todos los días por la tarde y está organizado por grupos
que se sostienen entre sí.
Los jueves y domingos
a las 18 se celebra una misa en el "santuario".
Todos los días 30 se
realiza una oración interreligiosa, que está organizada por miembros
de la Comisión Arquidiocesana de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso.
La primera de estas oraciones se llevó a cabo el 28 de febrero y
estuvo a cargo del rabino Arieh Sztokman, el sheij Mohsen Alí, el
pastor Bautista Pablo Abeleira y monseñor Lozano.
Por último, los
segundos domingos de cada mes se celebra una misa en la Catedral
Metropolitana en recuerdo de las víctimas,
organizada por los familiares de los chicos fallecidos.
Las palabras de
monseñor Lozano
Monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo electo de Gualeguaychú, por
estar al frente de la Vicaría para la Juventud de la arquidiócesis de
Buenos Aires, fue quien desde un principio se abocó a la tarea
de coordinar el trabajo pastoral de acompañamiento a los familiares de
las víctimas y a los sobrevivientes del incendio.
En una entrevista
concedida a AICA con motivo de cumplirse el primer aniversario de la
tragedia, el prelado se refirió a varias
cuestiones. Desde el “movimiento espontáneo de acompañar a los que
estaban sufriendo”, hasta los proyectos para el año próximo,
“...porque estos momentos de encuentro han ido surgiendo de la
necesidad de acompañar una situación de dolor y el hecho de que se
cumpla un año no hace que el dolor disminuya. Por lo tanto no pienso
que tenga que disminuir tampoco nuestra dedicación pastoral”.
-¿Cómo y cuándo comenzó la Iglesia a involucrarse?
-Hubo varias situaciones que se fueron dando en forma simultánea. Por
un lado, el mismo 30 a la noche y la madrugada del 31, el cardenal
Bergoglio fue a visitar los hospitales donde había jóvenes internados.
A su vez los otros obispos empezamos a tomar noticia de cuántos
jóvenes en nuestros barrios y en las parroquias que estaban dentro de
nuestra zona vivían momentos de angustia; nos enterábamos de algún
chico que había fallecido y paulatinamente empezamos a involucrarnos,
a ir a los velatorios, a visitar algunos chicos en los
hospitales.
Particularmente
conocía mucho a uno de los chicos que falleció, porque era alumno de
la escuela que tenía a cargo antes de ser obispo y conocía a su
familia. Y de la parroquia donde había estado
anteriormente, más de 20 chicos habían ido al recital esa noche. Los
familiares me llamaron durante la madrugada para decirme que los
estaban buscando. Me dediqué a visitar a las familias que tenían un
hijo internado o que había fallecido, pero más como un párroco que lo
hace con la gente de su feligresía; y nosotros somos párrocos de
parroquias.
-¿Cómo se fue organizando el trabajo pastoral?
-El Papa (Juan
Pablo II) envió un mensaje de condolencias. Pero no hubo una decisión
estratégica, por decirlo así, sino más bien un movimiento espontáneo
de acompañar a los que estaban sufriendo, a muchos de los
cuales conocíamos, a otros no, pero nos imaginábamos su
sufrimiento y veíamos que era bueno estar presente.
Empezamos a celebrar
una misa en el lugar el primero de enero. Y fuimos a visitar a los
jóvenes que estaban viviendo en lo que llamaban las “carpas de la
vigilia”. Entonces el arzobispo, después de los primeros días, nos
pidió a los que integramos la Vicaría de la Juventud, que nos
dedicáramos a acompañar la situación de las familias, de los
sobrevivientes, de los jóvenes. Allí comenzamos a estar, a tener una
presencia más que nada de escucha y de acompañar en la oración.
A partir de
allí surge, de parte de algunos de los jóvenes y de los familiares, el
pedido de un acompañamiento más ordenado, más explícito. Comenzó a
celebrarse misa en Plaza Once todos los jueves y domingos y el primer
día 30 el cardenal Bergoglio presidió una misa por la mañana.
-¿Trabajan en conjunto con miembros de otras confesiones religiosas?
-Vimos que era bueno invitar a otros cultos, porque algunos papás se
acercaban y nos decían que su confesión religiosa no era católica pero
querían rezar con otros. Empezamos a invitar a ministros de otras
religiones y fuimos armando lo que estamos haciendo ahora. Es que es
algo muy bueno poder encontrarnos acompañando solidariamente una
situación de sufrimiento.
Por otro lado
hemos hecho algunas tareas en conjunto. Con el rabino Alejandro Avruj,
por ejemplo, organizamos una tarde de oración, a fines de julio, para
familias judías y católicas, donde cada uno de nosotros hizo un
comentario acerca de algún texto bíblico o de una experiencia. El
encuentro buscaba favorecer un momento de interiorización y de
reflexión. En otras ocasiones nos encontramos con él y otros rabinos
en reuniones más pequeñas, para compartir preocupaciones, para ver
cómo ayudar y estar cerca desde la fe, en situaciones de tanto dolor.
-¿Cuál es la postura de la
Iglesia frente a los manejos políticos y partidarios que se hacen de
la tragedia?
-Toda actitud
que desnaturalice una situación y utilizar, o pretender utilizar, el
dolor y el sufrimiento que causa la muerte de tantos jóvenes para
fines espúreos, es algo que causa enojo y mucho dolor. Por eso
nosotros tratamos de hablar con claridad acerca de lo que implica la
responsabilidad que todos en la sociedad tenemos. Y no solo los
políticos. Todos tenemos una responsabilidad muy grande respecto de
cómo tratar los temas que importan a nuestra sociedad.
Entonces, ni los políticos, ni la sociedad en su conjunto, ni ninguna
cuestión comercial, pueden influir en el tratamiento de algo que
es muy concreto, muy puntual y que tiene que ser evaluado, desde el
punto de vista judicial, por quienes corresponde. Por quienes en la
Legislatura tienen a su cargo los mecanismos institucionales de juicio
político, de acuerdo a lo que estimen en su conciencia. Y por todos en
la sociedad, respetando el dolor que implica haber perdido un hijo, un
familiar, un hermano. Porque cada uno de los fallecidos implica a
mucha gente: desde compañeros del colegio, compañeros del trabajo,
de la facultad, la familia, los vecinos... Y tanto dolor que hay
en la sociedad tiene que ser tratado con mucha delicadeza.
-¿Brindan algún tipo de
apoyo extra-pastoral a los sobrevivientes y familiares de las
víctimas?
-Además de las
celebraciones y misas, tenemos grupos de acompañamiento que tienen que
ver, no tanto con terapia grupal, sino más bien con espacios donde
familiares, sobrevivientes y amigos puedan encontrarse y compartir lo
que sienten. No tanto, por otro lado, vinculado a la búsqueda de
justicia o la organización de las marchas (ya tienen sus propios
espacios y tratamos de no intervenir para no desnaturalizar
tampoco nosotros nuestra tarea), sino más bien, a satisfacer
necesidades puntuales. Por ejemplo, si un grupo de hermanos necesita
algún lugar para reunirse, tratamos de conseguirles un espacio donde
juntarse cada quince días y conversar entre ellos.
Tenemos grupos donde
también promovemos la participación de algún psicólogo o psicóloga que
ayudan con algunas preguntas, sin ser terapia grupal, insisto, pero
que puedan contribuir a brindar un espacio de diálogo y de búsqueda.
-Son frecuentes las
críticas a la Iglesia, ya sea porque se involucra en cuestiones que al
parecer no le incumben o porque no se involucra en otras en las que
debería hacerlo ¿Cuál es su parecer en cada caso?
-En esta situación de
acompañar, de estar presentes, lo hacemos desde una postura de estar
cerca de quien sufre. No tenemos ninguna intención de ganar más
adeptos para que vayan a misa los domingos, ni de sacar algún tipo de
provecho material. No cobramos por estas cosas, no pensamos en ningún
rédito para obtener.
Entonces yo diría esto: quienes piensan que la
Iglesia nunca debiera meterse en acompañar este tipo de situaciones,
tal vez piensan que tiene un rol solamente espiritual, sin meterse con
el dolor concreto de la gente. En ese sentido es una postura
inadecuada que no obedece a este “Dios hacerse carne para compartir
nuestra condición humana”.
Y quienes piensan que la iglesia debiera
meterse siempre: nosotros nos metemos siempre, pero también hasta ahí.
Yo trato de cuidarme mucho de, por ejemplo, no emitir opinión acerca
de si es correcto o no que haya juicio político a Ibarra. Pero sí
corresponde que diga que cada legislador ha de votar a conciencia y no
movido por presiones de otro tipo.
Siempre estamos expuestos a recibir alguna
crítica o alguna queja. A veces con la buena intención de corregir y
en ese caso tratamos de ver, detrás de la crítica, lo que pueda ser un
llamado de atención o un llamado a crecer, a cambiar, a mejorar alguna
cosa. Y otras críticas pueden ser más maliciosas, como para pretender
impedirnos realizar una tarea que entendemos hay que hacer.
No siempre es fácil encontrar el equilibrio o
el punto justo. Nos mueve fundamentalmente el estar
cerca de aquellos que sufren. Y este estar cerca es meterse en las
situaciones concretas por las que están sufriendo.
-¿Podría hacer un balance
del año 2005?
-He
visto situaciones de mucho crecimiento. Por un lado hay un crecimiento
muy grande del cariño entre las familias. Conocerse a través de una
situación de dolor, de la muerte de un familiar, de un amigo, un
hermano o un hijo y sostenerse mutuamente, hizo que el cariño creciera
mucho entre ellos.
Percibo además una confianza importante en el vínculo con la
institución religiosa, con la Iglesia Católica, con algunas
comunidades judías, con el Islam y con iglesias cristianas no
católicas. El sentir la cercanía de los ministros religiosos, en el
querer simplemente escuchar, consolar, fortalecer, acompañar y caminar
juntos, ha sido también un logro importante.
Hace un tiempo le decía a algunos jóvenes: nos hemos conocido,
vinculado y escuchado entre quienes formamos parte de mundos, por
decirlo así, muy distintos. De pronto nos encontramos conversando con
jóvenes que jamás habían tenido la ocasión de hablar con un sacerdote
o de tener un planteo espiritual. Y, por otro lado, algunos sacerdotes
se han encontrado por primera vez charlando con los jóvenes que, por
las inquietudes que tienen y por las preocupaciones que manifiestan,
no habían tenido ocasión de estar dentro de una comunidad parroquial o
una escuela religiosa.
Ha
sido muy bueno el poder acercarnos y tratar de meternos un poco en lo
que viven los demás, para tener actitud de escucha y de
acompañamiento, para poder alcanzar una actitud de mayor valoración
mutua, de mayor cariño y de mayor aprecio.
¿Cuáles son los proyectos
para el año próximo?
-No
tenemos algo resuelto todavía. Entre marzo y abril habrá que ir viendo
cómo evaluar y de qué manera mirar hacia adelante. En principio, mi
intuición es que vamos a seguir acompañando con la misa en la catedral
los segundos domingos de mes y con los momentos de oración en la plaza
de la Memoria.
Tal
vez haya algún cambio de horarios y frecuencias, pero nada me hace
pensar hoy que vaya a haber un cambio importante, porque estos
momentos de encuentro han ido surgiendo de la necesidad de acompañar
una situación de dolor y el hecho de que se cumpla un año no hace que
el dolor disminuya. Por lo tanto no pienso que tenga que disminuir
tampoco nuestra dedicación pastoral.
Me
doy cuenta de que se necesitan momentos de mayor de oración, más
prolongados. Y tal vez tengamos que pensar en dar respuesta a algunas
cuestiones puntuales que nos están pidiendo y no nos da el cuero para
poder hacerlo. Varios papás nos piden que hagamos otra tarde de
oración como la que hicimos con el rabino y no pudimos encontrar una
fecha. También nos han invitado a misas por los cumpleaños de los
chicos que murieron y algunos hemos podido ir pero otros no.
Tratamos de ir
acompañando esas situaciones familiares, pero no siempre con todo lo
que los demás necesitan. De todas maneras hay algo que ha crecido, yo
lo percibo. Se da un cariño muy grande y una comprensión mutua entre
todos nosotros. Tal vez haya que pensar en dar otro espacio, que ahora
no tiene, a lo que nos van pidiendo. Tendremos que estar abiertos a
ver qué es lo que la realidad nos va reclamando.+ (Alicia Palmieri)
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