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Eran dos hermanos que
siguieron la profesión militar desde su juventud y fueron criados
en la religión cristiana. Eran hijos de otro militar cristiano, San
Marcelo. Ambos murieron decapitados en Calahorra (España) durante
la persecución del emperador Diocleciano, el año 304. El poeta
latino Prudencio les dedica numerosos elogios en un poema con el
título "Las coronas", y San Gregorio les consagra el capítulo 92 de
la obra: "A la gloria de los mártires". |