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Elesbaán, a quien
los sirios llamaban David y los etíopes Caleb, era rey del poderoso
reino de Aksum, en Etiopía, que habiendo cruzado el Mar Rojo impuso
su dominio sobre árabes y judíos y extendió sus fronteras hasta
Himyar (actual Yemen), extendiendo el cristianismo a toda la región.
Al final de su vida renunció al trono a favor de su hijo, regaló su
corona a la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén y se retiró al
desierto como anacoreta, donde murió santamente. El martirologio
romano incluye su conmemoración con el nombre de San Caleb. |