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Cuando San
Marcelo, el Centurión, era juzgado en Tánger por Aurelio Agricolano,
un escribiente llamado Casiano tomaba las actas del proceso. Cuando
oyó que Agricolano pronunciaba la sentencia de muerte contra
Marcelo, que había servido tan fielmente al emperador, arrojó al
suelo las tabletas y se negó a continuar levantando el acta.
Inmediatamente fue apresado y encerrado en prisión. Después del
martirio de San Marcelo, Casiano se hizo cristiano y también murió
mártir el 3 de diciembre del año 298.
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