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Hijo de Leopoldo
el Hermoso, también santo, y de Inés, hija del emperador Enrique IV,
heredó los Estados austríacos de su padre en 1096. Gobernó con tan
notable prudencia que se ganó el corazón de sus súbditos. Su palacio
era el asilo de los necesitados. Fue modelo de príncipe piadoso y al
mismo tiempo valiente, y se lo conoció como Leopoldo el Bueno. |