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Nació en 1888 en
Brendola, entre Vicenza y Verona, Italia, en un hogar de campesinos
muy pobres. Su nombre de pila era Ana Francisca, pero todos la
llamaban Anita y sus compañeros de juegos la apodaban “la tontita”,
ya que junto con su mala salud, era reducida su capacidad
intelectual. Sin embargo, gracias a su gran juicio práctico y
voluntad firme, se santificó cumpliendo sencillamente su deber de
todos los días. Pese a la reticencia y burlas del párroco y de la
superiora, logró ingresar a los 17 años en el convento de las
Hermanas de Santa Dorotea, donde recibió el nombre de Bertilda. A su
maestra de novicias le dijo: “Yo no sé hacer nada, soy una inútil,
una tontita. Enséñeme a ser santa”. Practicó en grado heroico las
virtudes de la humildad, la caridad, la obediencia y la piedad.
Murió el 20 de octubre de 1922. Fue beatificada en 1952 por Pío XII
y canonizada por Juan Pablo II. |