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Según la tradición
fue un ermitaño que vivió en la soledad del Monte Titano, en Italia.
En el sitio donde estuvo su ermita, se levantó la ciudad de San
Marino, capital del pequeño Estado independiente del mismo nombre
que desde hace mil años ha mantenido su soberanía. San Marino nació
en la costa dálmata en el siglo IV y murió en su ermita del Monte
Titano. |