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Miembro de una
aristocrática familia de Milán, Maurilio decidió abandonar las
riquezas familiares y se dirigió a evangelizar las regiones de las
orillas del Loira, en Francia, donde predominaba el druismo. Durante
largo tiempo predicó a esas gentes y al mismo tiempo cortaba encinas
sagradas y derribaba altares paganos. Finalmente, incendió el templo
druida y, en su lugar, levantó una iglesia al verdadero Dios.
Elegido obispo de Angers, fue consagrado por su maestro San Martín
de Tours. El resto de su vida lo dedicó a gobernar su diócesis en la
que murió el año 453. |