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Tras renunciar a
la gobernación de Constantinopla y a las riquezas de la vida
oficial, se retiró con su hijo Teódulo al Monte Sinaí, donde hizo
vida de anacoreta, lo que no le impidió, sin embargo, participar de
la vida de la Iglesia. Defendió ardientemente la causa de San Juan
Crisóstomo con su palabra y con sus numerosos escritos. Además de
sus "Epístolas", son modelos de elocuencia "La vida monástica", "La
oración", "Los ocho vicios del mal", "Los malos pensamientos" y las
"Sentencias". Escribió también una historia titulada "Asesinato de
los solitarios del Sinaí". Murió el año 450. |