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Pafnucio, Era
natural de Egipto. En su temprana juventud eligió la vida de
anacoreta y se retiró al desierto de la Tebaida superior donde se
sometió a la autoridad de San Antonio el ermitaño. Habiéndose
difundido la fama de su santidad, tuvo que dejar la soledad y se lo
consagró obispo. Durante la sangrienta persecución de Maximiliano,
fue uno de aquellos confesores de la fe a los que se les arrancó el
ojo derecho y se los condenó a trabajar en las minas. Al llegar la
paz con el reinado de Constantino, Pafnucio fue liberado y repuesto
en su sede episcopal. El propio emperador lo llenó de atenciones y
besó su cara en el lugar donde había estado aquel ojo arrancado por
la fe. Después de asistir al Concilio de Nicea, en el que tuvo
destacada actuación, Pafnucio murió hacia el año 360 en Egipto. |