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Pedro de Morán era
benedictino, pero decidió vivir en la soledad del Monte Majella, en
Italia. Un día llegó una comisión de cardenales y
obispos para comunicarle que el
cónclave –después de dos años de deliberaciones– lo había elegido
Papa. Poco después llegaron los reyes de Hungría y Nápoles para
convencerlo de que aceptase y borrase así el escándalo de tan larga
vacante. A su coronación asistieron 200.000 personas. Su
inexperiencia y el ambiente relajado de Roma lo hicieron renunciar y
volver a la soledad de su celda de ermitaño. Fue éste el único caso
en la historia de la Iglesia de un papa renunciante. Murió el 19 de
mayo de 1296, a la edad de 76 años. |