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Sintió desde muy
joven gran piedad por los cristianos cautivos de los moros, y en su
deseo de aliviarlos tomó el hábito de la Orden de la Merced para la
redención de los cautivos; fue luego profesor de Teología en
Barcelona y el rey de Aragón le confió la educación del infante don
Sancho. En sus misiones apostólicas por tierras de moros se dedicó a
la redención de los cautivos. Nombrado obispo de Jaén en 1269,
acometió la difícil tarea de levantar esta Iglesia, sometida todavía
a los moros, y empezó una misión para convertirlos, pero éstos,
irritados, lo redujeron a cautividad. Murió decapitado en Granada el
6 de enero de 1300. |