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Vivió en el siglo IV
y fue el discípulo de San Benito. Su padre –Tértulo–, prefecto de
Roma, lo confió desde los 7 años de edad a los cuidados de San
Benito. Por ello fue el principal testigo de la santidad y de los
milagros que obró el patriarca de los monjes de Occidente. Él mismo,
en una ocasión, fue salvado de perecer ahogado en un lago. San
Benito lo envió como abad para que fundara un monasterio en Sicilia
a fin de promocionar a los habitantes de aquellas tierras. En ese
monasterio, no lejos del puerto de Messina, a una edad muy avanzada,
Plácido entregó su alma al Señor. |