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Entre los muchos
mártires que ofrendaron la vida en las provincias del Danubio
durante el reinado de Diocleciano, se cuenta San Quirino, anciano
obispo de Siscia, en la actual Croacia. Detenido, se negó a ofrecer
sacrificios a los ídolos ante el gobernador Amancio. "He
confesado al verdadero Dios en Siscia y aquí haré lo mismo, porque
nunca adoré a otro. A El llevo en el corazón y no hay hombre sobre
la tierra que pueda separarlo de mí". Fue arrojado al Danubio
con una piedra atada al cuello, el año 308. |