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Durante la persecución del emperador Valeriano, las cárceles estaban
colmadas de cristianos a quienes el papa San Sixto deseaba
fortalecer llevándoles la Comunión. A fin de no despertar sospechas,
Tarcisio, un niño de 11 años de edad, se ofrece para llevar la
Eucaristía. En la vía Apia es detenido por unos jóvenes que lo
reconocen como cristiano y lo someten a un intenso castigo hasta que
un soldado lo salva de los muchachos. Al rato Tarcisio murió, sin
haber quitado sus manos del pecho. Era el 15 de agosto del año 257.
Su cuerpo fue enterrado en las Catacumbas de San Calixto entre las
tumbas de Santa Cecilia y del papa San Urbano. |