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Nació en Toledo,
España, hacia el final del siglo II, de padres cristianos. Siendo
aún muy joven, estalló la última y más cruel de las grandes
persecuciones romanas a los cristianos, decretada por el emperador
Diocleciano. Daciano, comisionado para cumplir este decreto en
España, pronto hizo estremecer a Toledo con un baño de sangre
cristiana. La joven Leocadia se presentó ante el tirano y le
reprochó su crueldad. Este reaccionó haciéndola azotar y
encerrándola en una cárcel totalmente oscura, donde al poco tiempo
murió. Toledo levantó tres templos en honor de la Santa. En época
del rey Recesvinto, el obispo San Ildefonso hizo colocar sus restos
en la catedral de Toledo, donde hasta hoy se veneran. |