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La
madre de San Agustín nació hacia el año 331 en Tagaste, pequeña
ciudad del norte de África, hoy Argelia, el año 333. Cuando Agustín
era un adolescente, Mónica quedó viuda. Su mayor dolor era
contemplar cómo Agustín transcurría por el camino de la herejía y de
una vida desordenada, influenciado por las costumbres de la disoluta
Roma. Hizo grandes esfuerzos para convertirlo pero al ver su
impotencia oraba y lloraba amargamente. "Noche y día mi madre oraba
y gemía con más lágrimas que las otras madres derramarían junto al
féretro de sus hijos", escribió San Agustín en sus admirables
"Confesiones". Finalmente Agustín se convirtió y llegó a ser uno de
los santos más grandes de la Iglesia. Santa Mónica, modelo de madre
buena y cristiana, murió en Ostia, puerto de Roma, el año 387. |