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Eran dos hermanos, naturales de Alcalá de Henares (España). El
primero tenía 13 años y el otro 9. Los dos se dirigían a la escuela
cuando vieron en la plaza de la ciudad el edicto del emperador que
ordenaba perseguir y matar a los cristianos. Inmediatamente,
arrojando las cartillas, corrieron al palacio del gobernador Daciano
para reprocharle tal crueldad y confesarse ellos también cristianos.
Daciano mandó azotarlos y luego, por temor a quedar en ridículo por
el desafío de los niños, ordenó decapitarlos en las afueras de la
ciudad. Era el año 304. |