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Eran dos soldados
romanos de la casa de Flavia Domitila, nieta de los emperadores Tito
y Domiciano. Cuando se convirtieron a la fe y fueron bautizados por
el apóstol San Pedro, abandonaron la milicia, por lo cual, en
tiempos de Diocleciano fueron desterrados a la isla de Terracina, y
bajo el reinado de Trajano fueron decapitados. Siglo I.
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