JESÚS Y LA SAMARITANA
¿Dos Teologías?
Homilía
de monseñor Carmelo
Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para la
homilía en la misa de inauguración del año Académico de la Facultad de Teología de la U.C.A. (8 de marzo de 2010)
1. En este
lunes, tercero de Cuaresma, hemos leído el pasaje evangélico de Jesús y la Samaritana (Jn 4,5-42),
que corresponde al tercer domingo de Cuaresma del ciclo “A·”, y que es lectura
opcional en esta semana.
I. “SI CONOCIERAS EL DON DE DIOS…”
2. Contemplemos un
instante las dos figuras. Primero: la samaritana. Una
mujer que no es ignorante de religión. Es capaz de polemizar sobre temas afines:
“¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de
beber a mí, que soy samaritana?” (v. 9). Sabe que “nuestro padre Jacob nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo
que sus hijos y sus animales” (v.12). Se da cuenta de que Jesús es “un profeta” (v. 19). Conoce la disputa
teológica entre samaritanos y judíos: “Nuestros
padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe
adorar” (v. 20). Está al tanto de que “el
Mesías debe venir”, y que “cuando él
venga nos anunciará todo” (v. 25).
Sin embargo,
está sedienta. Una y otra vez viene al pozo, y, aunque bebe, siempre se vuelve
con la misma sed. Como dice Jesús: “El
que beba de esta agua tendrá nuevamente sed” (v. 13).
3. Contemplemos
ahora a Jesús. Dejando Judea, se dirige hacia Galilea a través de Samaria. “Fatigado del camino, se sienta junto al
pozo” (v. 6). Llega la mujer. Y él le pide: “Dame de beber” (v.7). Comienza un diálogo que, al principio, la
mujer rechaza: “¡Cómo! ¿Tú, que eres
judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” (v.9). Jesús pasa por
alto el rechazo, y despierta en la mujer la sed de otra agua: “Si conocieras el don de Dios y quién es el
que te dice ‘dame de beber’, tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría
dado agua viva… El que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener
sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta
la vida eterna” (vv.10.14).
II. “ÉL TE HABRÍA DADO AGUA VIVA”
4. El “agua
viva” es uno de los temas fundamentales que plantea el Evangelio según Juan.
Está presente desde el bautismo de Jesús hasta su muerte en cruz. Hagamos un
breve repaso:
a) Juan
Bautista anuncia que Jesús es el que bautiza de veras, pues lo hace no sólo en
agua común sino en el Espíritu Santo: “He
visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel
sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el
bautiza en el Espíritu Santo’” (Jn 1,32-33);
b) dialogando
con Nicodemo, Jesús revela cuán necesario es este bautismo en el agua verdadera
que es el Espíritu Santo: “El que no nace
del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios” (Jn 3,5);
c) recordemos
la escena del capítulo 7, cuando “Jesús,
el último día, el más solemne de la fiesta, poniéndose de pie, exclamó: ‘El que
tenga sed, venga a mí, y beba el que cree en mí’. Como dice la Escritura: ‘De su seno
brotarán manantiales de agua viva’”. Y el evangelista comenta: “Él se refería al Espíritu que debían
recibir los que creyeran en él. Porque el Espíritu no había sido dado todavía,
ya que Jesús aún no había sido glorificado” (Jn 7,38-39);
d) preparándonos
en estos días a la celebración de los misterios pascuales, no podemos omitir la
escena más elocuente a este respecto, que escucharemos el próximo Viernes Santo:
“Uno de los soldados le atravesó el
costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua” (Jn 19,34).
El Agua Viva
es, sin duda, el Espíritu Santo que brota como un manantial de la Roca verdadera, que es Jesús,
golpeada por la lanza del soldado.
III. DOS TEOLOGÍAS
5. Hoy, 8 de
marzo de 2010, cuando inauguramos el año académico de la Facultad de Teología de la UCA, ¿sería exagerado decir
que en la escena de Jesús y la samaritana se simbolizan dos Teologías? ¿O dos
niveles de la misma, dos modos de hacerla, de enseñarla, de estudiarla, de
aplicarla, de predicarla?
Un nivel, el
de la samaritana, que se queda en los datos de la realidad que se palpa con los
sentidos: el pozo de Jacob, la montaña donde hay que adorar, el rumor de que el
Mesías está por venir.
Otro nivel, el
de Jesús, que lleva a descubrir y apreciar el don de Dios, el agua viva, y así adorar
al Padre en espíritu y en verdad.
6. La Teología de la Samaritana y la de
Jesús no son necesariamente antagónicas. Las dos dialogan. Pero una dista de
otra como la tierra del cielo. La primera es sólo un atisbo de la segunda, la sombra
de una realidad que todavía no se alcanza a ver. Estrictamente, no merece el
nombre de Teología. Pues es sólo una mirada humana sobre cosas relacionadas con
los misterios de Dios. La segunda, en cambio, es un mirar todas las cosas con
los mismos ojos de Dios. Y así descubrir su sentido y proponerlo a los demás,
para que el hombre crea y tenga vida eterna. Esta última es propiamente
“Teología”. ¿Es la que hacemos y estudiamos?
IV. CUARESMA, CONVERSIÓN Y TEOLOGÍA
7. En la Cuaresma, los cristianos somos
llamados a la conversión; es decir, a pensar, querer y actuar como discípulos
del Señor. Y esto, a nivel personal y también comunitario. Hacer Teología es
una tarea de la comunidad cristiana, principalmente de la que se congrega con
este fin, como es la Facultad
de Teología. Por tanto, la conversión cuaresmal también nos interpela a todos
los que formamos parte de esta comunidad: a quienes enseñamos Teología, y a
quienes la estudian y se preparan para dispensarla a través del ministerio,
cualquiera que sea: catequista, lector, diácono, presbítero, profesor de
ciencias sagradas, licenciado o doctor en Sagrada Teología.
8. Nuestro
pueblo, al cual queremos servir, está sediento. Le han cavado infinidad de pozos para saciar su
sed. El agua es escasa y las napas están contaminadas: variadísimas propuestas
comerciales, medios de comunicación que hablan de todo, partidos políticos que
todo lo prometen, gurúes que todo lo explican, sectas religiosas que remedian todos
los males, terapias de todo tipo, etc. Por momentos, la sed lleva al pueblo a
la desesperación. Viene en mente la queja dolorida de Dios formulada por medio del
profeta: “Me abandonaron a mí, la fuente
de agua viva, para cavarse cisternas agrietadas, que no retienen el agua” (Jer
2,13).
9. También el
pueblo acude al pozo de agua de la
Iglesia y a sus varias surgentes: la Facultad de Teología, la
catequesis, la homilía dominical, la clase de religión, la cátedra universitaria
de teología, el programa religioso de TV, etc. ¿Encuentra allí el agua viva?
Escuchemos esta
pregunta como si nos la formulase el mismo Jesús. Es una buena cuestión para
iniciar el año académico 2010, y proseguir el camino penitencial de la
Cuaresma.
Mons. Carmelo
Juan Guaquinta, arzobispo emérito de Resistencia