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Misa para los Servidores de la 40ª Peregrinación Juvenil a Luján
Desgrabación de la homilía del cardenal Mario Aurelio Poli, arzobispo de Buenos Aires, en la misa para los Servidores de la 40ª Peregrinación Juvenil a Luján (Santuario de San Cayetano, 30 de septiembre de 2014)

Este año quienes, haciéndose eco de las peticiones de los peregrinos del año pasado, finalmente concluyeron en un lema que nos va acompañar en esta 40° Peregrinación Juvenil y también de los no tan jóvenes: Madre, ayudanos a trabajar por la paz. ¡A mí me gusta!

Le veo una dificultad al lema: No rima con los estribillos tradicionales (cánticos).

Yo intenté hacerlos rimar con mandarina, mandarina: Madre, ayudanos… no va. Tengo otros [cánticos] que cuando peregrinaba me los acordaba, pero no rima ni por abajo ni por arriba. Pero es linda, ¡es profunda!

Le pedimos a nuestra Madre del Cielo que nos ayude a algo que necesitamos los argentinos, sino no podemos seguir caminando para adelante: ¡que es la paz!

¿Cuándo comenzó la idea de la peregrinación? Bueno, uno podría remitirlo a un grupo de jóvenes, a un sacerdote que nosotros queremos mucho, que se llamaba el padre Tello, que nos reunió cerquita del seminario. Ese fue un origen, una moción, una conclusión, ¿verdad?

Pero el origen de la peregrinación y de todas las peregrinaciones marianas se originan en los dos versículos del Evangelio de San Juan [Juan, 19, 25-27]. Cuando Jesús estaba en la cruz estaba María, su madre, con dos mujeres más y un discípulo a quien Juan no le pone nombre. Muchos dicen que es san Juan, pero como él lo escribió, no le hubiese costado nada poner su nombre…Pero decía que era el discípulo que Jesús más quería.

En ese momento Jesús le encarga a su mamá, traspasada de dolor al ver a su hijo en la cruz, a este discípulo amado. Y siempre digo, siguiendo a un profesor nuestro que tuvimos todos los curas que estamos acá, que ese discípulo no tenía nombre, acaso para que ahí pongamos nuestros nombres. Ahí estaba el nombre de cada uno de nosotros. Y, desde ese momento, la Virgen dilató su corazón de una manera universal para que todos pudiesen entrar en su ternura, en su corazón de ternura.

Ahí se produjo el inicio de toda peregrinación. Desde ese momento el discípulo entendió que se la tenía que llevar con él, como dice el Evangelio, que nada podía ser sin Ella. Ese es el origen bíblico de la peregrinación: Jesús mismo, ahí tenes a tu mamá, pedile, yo no voy a poder negar nada a quien le pida a mi madre. Y por eso le pedimos a la Madre ayudanos a trabajar por la paz, ¿no?
Un santo en la iglesia dice que la paz es madre del amor.

Sin paz no podemos ni trabajar, ni estudiar, ni amar, porque la violencia lo destruye todo y lo peor que nos puede pasar es que destruya el corazón de cada uno de nosotros. Pero si el corazón está inundado por la paz, en primer lugar recordamos que Jesús llama bienaventurados a los pacíficos de corazón. A los que viven en paz y trabajan por la paz. Trabajar por la paz: la paz es un trabajo. Hay que lograrla, mantenerla, defenderla, pero no defenderla con violencia, si no con paz. Así que es un lindo lema que tenemos esta peregrinación.

Después quería compartirles cosas que uno va escuchando en el camino y que uno se asombra. Uno dice… ¿a quién servimos en el camino? Porque los servidores organizan durante tanto tiempo y están al servicio de los peregrinos, pero Dios en este tiempo va trabajando en el corazón de mucha gente, ¡mucha gente! Y mucha gente alejada de la Iglesia, alejada de Dios, que tuvo una experiencia, vaya a saber si se mordió con algún cura, se enojó con alguien en la Iglesia, lo trataron mal, vaya a saber, ¿no? Pero el Espíritu Santo va trayendo la Virgen con su simpatía, con su dulzura… Un amigo que invita en el trabajo, una barra de pibes que dice “el año pasado fui a Luján, te invito”, que se engancha…Dios va trabajando el corazón del peregrino en forma imperceptible y entonces aparecen en la peregrinación todos aquellos que necesitan de la misericordia divina y, como se toman de la mano de María, Dios que es misericordioso y clemente, es rico en misericordia, no niega su amor a nadie, ¡su amor de perdón!

Así que la peregrinación ocurre primero en el corazón de cada uno de los que van a ser peregrinos a pie. Primero hay una movida interior. Dios es el que trabaja, Él es el que atrae. Jesús, en un momento, en el mismo Evangelio de san Juan dice: “Cuando yo sea elevado en la cruz atraeré a todos hacia mí”. La peregrinación es una atracción, no es un fenómeno social como van a decir los medios solamente, y no se explican por qué se juntan tantos jóvenes y tantos adultos y hasta ancianos que hacen la peregrinación. Es Dios el que los mueve, el que los atrae y la gente que necesita de Dios y entonces dice: “estos dos días que voy a patear, y me voy a cansar, no importa porque yo tengo en mi corazón a Dios y a la Virgen”.

Y luego, la peregrinación aparece como un río que comienza el viernes a la tarde, caminando y cuando uno, si lo ve de arriba, es como una especie de río continuo de miles y miles de personas que van al santuario de la Madre. Es un río de gracia, porque Dios va dando su gracia y bendiciones a través del corazón de la Virgen. Y nosotros no podemos poner ningún límite. ¡Puede venir hasta el más pecador caminando a Luján y mejor! Es más: pueden venir los motochorros…Y están invitados, en primer lugar, la Virgen los quiere mucho.

Están aquellos que están más desechados de la sociedad, ¡los que han caído bajo la droga! ¡No importa! Venite a Luján, vení a pata. ¿Estás atado por el alcoholismo? Venite a pata, la Virgen te quiere. Y estamos seguros de que uno comienza de una manera la peregrinación y termina de otra manera. Hay un antes y un después caminando con la Virgen. ¡Y eso es lo lindo! Y hasta hay corazones violentos que van a Luján. Y la Virgen hace su trabajito de paz adentro del corazón de cada uno de nosotros y, si hacemos la peregrinación, Dios nos va a ayudar a caminar durante el año de otra manera. Porque pidiendo la ayuda para trabajar por la paz, Dios nos va a conceder la paz para que podamos trabajar en paz y podamos amar en paz, convivir en paz, estudiar en paz, crecer como argentinos en paz.

Los servidores sirven a todo eso. Los servidores se ponen al servicio en el camino para mucha gente que necesita de paz, necesita de Dios. Pues de todos los servicios, el más humilde de los servicios, el más humilde, hace la peregrinación, el más sencillito. El que dedica media hora, una hora, el que no puede estar más tiempo porque el trabajo lo demanda, el más pequeñito de los trabajos hace a la gran peregrinación de Luján. Por eso a esta misa le empiezo a encontrar sentido, ¿no? Cuando me invitaban el año pasado el padre Juamba, digo… bueno… por ahí vienen algunos...Pero no me imaginaba que, como el año pasado, cada vez hay más servidores. Tiene sentido servir, vale la pena, porque uno se pone al servicio del plan de Dios. Sirviendo a los hermanos que van peregrinando uno se hace amigo de Dios.

Y estoy seguro de que Dios, que no se deja ganar en generosidad, Él siempre nos gana de mano, nos va a conceder a cada uno de nosotros las gracias materiales y espirituales que necesitamos en la vida para seguir caminando. El que sirve no puede hacer la peregrinación a pie, la hace sirviendo. Pero también nosotros que necesitamos de su gracia recibimos también su amistad y le pedimos que nos ayude por este servicio a seguir caminando hacia la casa del Padre. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Card. Mario Aurelio Poli, arzobispo de Buenos Aires
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