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Encuentro Nacional de Ecumenismo
Homilía de monseñor Carlos José Tissera, obispo de Quilmes, en una misa en el Encuentro Nacional de Ecumenismo, Relaciones con el Judaísmo, el islam y las Religiones (Catedral de Quilmes, sábado 21 de septiembre de 2019)

Queridas hermanas y hermanos:

La Palabra hoy nos invita a alabar al Dios Misericordioso que nos ha llamado a experimentar la inmensidad de su amor paternal. Ese Dios cercano que se nos revela en Jesús que llama a Mateo, el publicano, para que lo siga. Ese Jesús que participa con sus discípulos del banquete en la casa de Mateo. Come con los pecadores. El que ha venido a llamar a los pecadores. Jesús hace carne las palabras proféticas: “Prefiero la misericordia y no los sacrificios”.

Es Jesucristo que ha venido a formar un solo pueblo. Hoy San Pablo nos dice: “Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una sola esperanza, a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida. Hay un solo Señor, una sola fe, un solo Bautismo. Hay un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos”.

En el evangelio Jesús nos habla hoy. Como en aquel entonces, Él quiere decirnos que si pretendemos ser religiosos y observantes de la voluntad de Dios, no debemos olvidar que Dios quiere misericordia más que sacrificios. El mejor modo de rendirle culto a Dios es abrir el corazón al hermano, acercarnos, tocar y vendar sus heridas, causadas por el pecado. Nos enseña que tenemos que gastar nuestro tiempo y nuestras energías en acercarnos al hermano más que en ahondar las diferencias y agrandar las heridas causadas por nuestras fragilidades y mezquindades. El viene a unir, a juntar a todos en torno a una misma mesa, mezclándose con todos nosotros, pecadores, para sanar nuestras heridas y juntos, alabar al mismo Padre.

Les agradezco a la Comisión Episcopal que hayan decidido venir a esta Catedral, para hacer memoria de nuestro querido primer pastor, el Padre Obispo Jorge Novak, “servidor de la unidad de los cristianos”. Un cristiano que no sólo habló de Ecumenismo, sino que su vida fue una entrega constante por la unidad de los creyentes. Nadie como él nos enseñó que el Ecumenismo se demuestra andando. Entre sus números escritos encontramos esa Carta Pastoral con motivo de los 500 años del nacimiento de Martín Lutero, del 10 de noviembre de 1983. Con alegría manifestaba: “Nuestras relaciones han cambiado, por misericordia de Dios. Hemos depuestos las actitudes intolerantes, prestando mayor atención a las palabras de Cristo: “Que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado, y que los has amado a ellos como me has amado a mí” (Jn. 17, 23) Bien conscientes de que aún queda un buen trecho que recorrer hasta llegar a la plena convergencia de la fe y en la celebración litúrgica, nos hemos vuelto a llamar y a aceptar con el dulce nombre de hermanos. Lo somos de verdad por el bautismo”.

Este año, el Papa Francisco, en su visita pastoral a Bulgaria, en un discurso que pronunció ante el Patriarca Neófito, cabeza de la Iglesia Ortodoxa Búlgara, citó los tres tipos de ecumenismo sobre los que construir las relaciones entre las diversas Iglesias cristianas: Ecumenismo de sangre, ecumenismo del pobre, ecumenismo de la misión.

Allí expresó lo siguiente: “Es importante que, respetando las respectivas tradiciones y peculiaridades, nos ayudemos y encontremos modos para transmitir la fe con el lenguaje y las formas que permitan a los jóvenes experimentar la alegría de un Dios que los ama y los llama. De lo contrario se sentirán tentados a confiar en tantas sirenas engañosas de la sociedad de consumo”.

Sobre el ecumenismo de sangre, señaló que “las heridas que a lo largo de la historia se han abierto entre nosotros, los cristianos, son desgarros dolorosos causados al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Todavía hoy palpamos las consecuencias”.

El Padre Obispo Jorge, apenas iniciado su ministerio episcopal en Quilmes, aprendió el ecumenismo uniéndose a pastores de distintas Iglesias cristianas en la defensa de los derechos humanos. En la escucha de los corazones desgarrados de tantas madres con sus hijos desaparecidos, en las arriesgadas declaraciones que emitieron, fueron intensificando la fraternidad, sanando las hondas heridas que causaba en la sociedad el régimen represivo que enlutó a nuestro país en esos años tremendos. El Padre Obispo Jorge fue uno de los pocos obispos que desde el primer momento manifestó que Mons. Enrique Angelelli, el P. Carlos Murias, el P. Gabriel Longeville y el catequista Wenceslao Pedernera habían sido asesinados. Fue quien profetizó, casi en soledad, la gloriosa beatificación de los Märtires Riojanos.

Novak ya preludiaba las expresiones que el Papa Francisco dijo en Bulgaria: “si ponemos juntos las manos sobre esas heridas y confesamos que Jesús ha resucitado, y lo proclamamos como nuestro Señor y nuestro Dios, si al reconocer nuestras faltas nos sumergimos en sus heridas de amor, tal vez podamos volver a encontrar la alegría del perdón y pregustar el día en que, con la ayuda de Dios, podremos celebrar el misterio pascual en el mismo altar”.

Sobre el ecumenismo del pobre, el Papa Francisco destacó que “estamos llamados a caminar y a actuar juntos para dar testimonio del Señor, sirviendo especialmente a los hermanos más pobres y olvidados, en los que Él está presente”.

Novak fue un amigo de los pobres. Estaba convencido que la opción preferencial por los pobres, era la opción de Jesucristo. El decía que el camino del ecumenismo debe ser confirmado por el testimonio de la propia vida. Citaba el texto de Hebreos 8, 16: “hagan siempre el bien y compartan lo que poseen, porque esos son los sacrificios agradables a Dios”. El hambre de las muchedumbres, la desprotección de la salud, la intemperie a que son condenados los privados de techo, la inseguridad ambiente, la desocupación generalizada, los fenómenos que equivalen a la negación misma del mensaje evangélico. Por eso, nuestra cercanía, nuestra amistad entre los cristianos, nuestra colaboración en la promoción de la dignidad humana, constituyen un eco incuestionable de Dios en nuestra historia” (Homilia en Encuentro Ecuménico, en la Catedral de Quilmes, el 16 de junio de 2000).

La misión fue la gran pasión de nuestro Padre Obispo Novak. De pequeño soñó ser misionero “ad gentes”. Ingresó y se consagró en la Congregación de los Sacerdotes del Verbo Divino. Los caminos del seguimiento lo llevaron a la cátedra de historia, a la formación de misioneros, pero nunca en una misión como la que soñaba. Pero Dios tenía reservado para él el ministerio apostólico. Obispo de la recién creada Diócesis de Quilmes. Fue ordenado en este templo el 19 de septiembre de 1976. Su lema episcopal: “Ven Espíritu Santo”. Sus primeras palabras pronunciadas de esta sede: ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! (1 Cor. 9, 16)

El ecumenismo de la misión. La llamada a la misión nos ayudará a achicar las distancias, a sanar las heridas, a experimentar la mirada de Jesús, que como a Mateo nos cautiva y nos atrae con fuerza misteriosa diciéndonos: SIGUEME.

Finalizo con estas palabras del Padre Obispo Jorge, en el marco del triste año 1982, guerra de las Malvinas, encarando el ecumenismo con los anglicanos:

“El ecumenismo es impulsado por hechos salvíficos: no son los libros doctos, a los que les resto su importancia relativa, los que marcarán el ritmo del movimiento ecuménico. Son las acciones concretas de la historia las que, compartidas con espíritu de reconciliación y purificadas por la presencia santificadora del Espíritu Santo, acelerarán los pasos convergentes de las Confesiones cristianas. Son las diócesis las que deben asumir su exclusiva responsabilidad: El Señor Jesús habla por los acontecimientos a su Iglesia. Pero esta arraiga, toma un rostro definido, resuena con el eco de una voz inconfundible en cada diócesis. Si éstas, una por una, no asumen su responsabilidad, no habría renovación, no podría articularse ningún movimiento renovador, como el ecumenismo. Todo quedaría en teoría pura, en una bella doctrina..”
Santa María Virgen, nuestra Señora de la Encarnación…
Santa María Virgen, nuestra Señora del Calvario…
Santa María Virgen, nuestra Señor de Pentecostés: tu fe animó a los discípulos a ser dóciles al Espíritu Consolador, al Testigo interior de la gracia santificante que nos une a los cristianos.
Ruega por nosotros para que, recuperando la unidad plenamente, se renueven en nuestros días las maravillas de Pentecostés.
Que nuestro amor recíproco edifique a la humanidad angustiada, y la invite eficazmente a proclamar: “¡Jesús es el Señor! “
(Cfr. Extracto Subsidio Pastoral Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, 1995)

Mons. Carlos José Tissera, obispo de Quilmes
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