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70° aniversario de que la catedral fue declarada Basílica Menor
Homilía de monseñor Agustín Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luján en el 70° en la misa de acción de gracias por el 70° Aniversario de que la catedral Nuestra Señora de las Mercedes fue declarada Basílica Menor (18 de agosto de 2019)

Queridos hermanos y hermanas:

Hace muy pocos días, el 12 de agosto pasado, esta hermosa Iglesia Catedral conmemoró el 70° aniversario de haber sido distinguida con el título de Basílica Menor, por el entonces Papa Pio XII.

Hoy, día domingo, día del Señor, hemos querido, a través de la celebración de la Santa Misa, dar gracias a Dios por dicho acontecimiento y colocarnos una vez más en las manos de María.

Nuestra Arquidiócesis tiene la particularidad de contar en su vasto territorio con dos Basílicas. La Basílica de Luján, custodia de la Patrona de la Patria y esta Basílica, custodia de la Patrona de la Arquidiócesis, la Madre de la Merced.

El Evangelio de hoy nos presenta la imagen del fuego. En la Biblia no tiene un sentido único. Puede ser imagen de la devastación y del castigo y puede también ser la imagen de la purificación y de la iluminación (Is 1,25; Zc 13,9). Puede evocar hasta protección, como vemos en Isaías: Si pasas en medio de las llamas, no te quemarás (Is 43,2). Juan Bautista bautizaba con agua, pero después de él, Jesús habría de bautizar por medio del fuego (Lc 3,16). Aquí, la imagen del fuego es asociada a la acción del Espíritu Santo que descendió el día de Pentecostés bajo la imagen de lenguas de fuego (He 2,2-4). La imagen del fuego combinado con la imagen del bautismo indica la dirección en la que Jesús quiere que la gente se dirija. El bautismo es asociado con el agua y es siempre expresión de un compromiso de Jesús con su pasión: ¿Podéis ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado? (Mc 10,38-39).

Las imágenes y los signos han sido muy importantes en la vida de Cristo y en la vida de su Iglesia. Precisamente, como signos arraigados de nuestra fe, se encuentran las Basílicas. La palabra “basílica” proviene del latín basílica, que deriva del griego basiliké. Significa “casa real”. En los tiempos del Imperio Romano, una basílica era el lugar donde se ubicaba el tribunal de justicia. A lo largo de la historia, los Papas han otorgado el título de “basílica” a un templo por su importancia espiritual e histórica. Una basílica es el centro espiritual y de evangelización de una comunidad y sirve también para difundir una devoción especial a la Virgen María, a Jesús o algún santo.

Existen cuatro templos que llevan el título de “basílica mayor”. Se encuentran en Roma y son: la Basílica de San Pedro, la Basílica de Santa María la Mayor, la Basílica de San Pablo de Extramuros y la Basílica de San Juan de Letrán.

Las “basílicas menores” son los templos que obtuvieron ese título por una concesión del Papa. Suelen ser en su mayoría santuarios y catedrales que reciben una gran cantidad de peregrinos por los tesoros sagrados que custodian o por su importancia histórica. En total, existen hoy más de 1.500 basílicas menores en todo el mundo y a través de ellas existe un lazo de comunión particular con la Cátedra de Pedro.

Por ello, el título de Basílica implica no solo un gran honor para nuestra Arquidiócesis, reconociendo su importancia histórica y devocional, sino, y principalmente, una gracia espiritual especial para los fieles. En efecto, los que peregrinamos devotamente a este templo podemos ganar indulgencias plenarias, con las condiciones habituales:
  1. En el día del aniversario de la Dedicación del Templo (16 de abril)
  2. En el día de la solemnidad de su titular (Nuestra Señora de la Merced, 24 de septiembre)
  3. En la solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo (29 de junio)
  4. En el aniversario de la concesión del título de Basílica (12 de agosto)
  5. Una vez al año, en un día libremente escogido por cada uno de los creyentes

Por estas razones, convoco a toda la comunidad de fieles a intensificar la instrucción litúrgica, promoviendo la participación en las celebraciones eucarísticas y en la celebración de la Liturgia de las Horas, especialmente en Laudes y Vísperas.

Hablamos antes de los signos y su importancia para la vida de la Iglesia. Se de los enormes esfuerzos que un grupo de laicos, bajo la coordinación del párroco, están realizando para procurar poner en valor este magnífico templo catedral, que excede los límites de la Iglesia Católica, y que ha sido declarado Monumento Histórico Nacional, convirtiéndose en signo patente que imprime, como Iglesia madre, la identidad de nuestra arquidiócesis y de este querida ciudad, más allá del culto que profesamos. Se trata de una joya arquitectónica que debemos cuidar, no solo para honra y memoria de sus donantes, que hoy descansan en su cripta, sino para las generaciones futuras. Apelo a las autoridades y a toda la comunidad, para que tomen conciencia de ello y ponga a disposición sus diversas capacidades para lograr el noble objetivo.

Dios mediante, en el año 2021, se celebrarán los 100 años de la consagración de este templo. Sería una hermosa oportunidad para conmemorarlo ante una Catedral que incluya a todos, embellecida y segura para sus visitantes.

Hermanos y hermanas, pido a la Virgen de la Merced, nos acompañe en este propósito y, como se pronunciara hace 70 años el Papa Pio XII, esta hermosa catedral sea fuente de gracias celestiales que derrame la Madre de Dios sobre cada uno y sobre toda la arquidiócesis.

Que así sea.

Mons. Agustín Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luján
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