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Fiestas patronales Cristo Rey
Homilía de monseñor Gabriel Barba, obispo de Gregorio de Laferrere, en las fistas patronales de Cristo Rey (24 de noviembre de 2019)

Queridos hermanos:

Nos reunimos hoy para celebrar las Fiestas Patronales de la parroquia de la ciudad de Gregorio de Laferrere hoy, elevada a Iglesia Catedral.

En el Evangelio de hoy hemos escuchado el diálogo entre Jesús crucificado y los dos ladrones que padecían la misma suerte a su lado. Diálogo que termina con un final distinto para cada uno de los dos.

Uno de ellos, el buen ladrón, consigue allí mismo la promesa de estar en poco tiempo junto a Él en el paraíso. El otro… solo silencio. Su pedido no obtuvo respuesta. Le pedía a Jesús que se salvara a sí mismo y, luego a él. Quería cambiar el objetivo esencial de Jesús, quien no vino a ser servido sino a servir. Que no vino a salvar su vida, sino a darla en rescate por todos.

Quien pidió misericordia la obtuvo inmediatamente… y cambió su destino.

Quien solo solo se manejó con parámetros basados en el egoísmo, se quedó con la nada misma.

Reconocer a Jesús bajo el título de Rey, es reconocer sus propias palabras. Él mismo se reconoció como Rey. Sabiendo de su naturaleza humana (¡y también divina!) sabiendo de su lugar de servicio y entrega.

La difícil de reconocerlo como Rey no está en su persona…, sino en nosotros…, en cómo interpretamos su mensaje. En cómo reconocemos su lugar y su persona.

Durante largo tiempo la Iglesia se impuso ante el mundo bajo el concepto de cristiandad. Como una fuerza temporal. Con un verdadero poder temporal y tantas veces como fuerza de choque para proteger su lugar e ideas.

Miremos a nuestro alrededor…, miremos las noticias del mundo…, miremos lo que está pasando particularmente en Latinoamérica y vemos con dolor cuanta animosidad hay contra la Iglesia y cuantos actos vandálicos concretos contra las iglesias (templos) absolutamente reprochables y condenables. Sin duda, causan mucho dolor esas imágenes…

Al respecto, me pregunto por qué se llegó a eso…, por qué se llega a tanto odio destructivo. Reconozco simultáneamente, lo genuino de muchas de las protestas que se plantan firmemente ante una marcada injusticia y desigualdad. Pero vuelvo a lo que nos toca a nosotros como Iglesia.

Puede haber odio por martirio…, es decir…, por haber sido fieles al mensaje de Jesucristo. Y eso es gracia. Dolorosa y fecunda gracia.

Pero también puede ser signo de rechazo a una Iglesia que no siempre haya sido fiel. Por su cercanía al poder, por su distancia con los más pobres. Por haber perdido su lugar…, con los pies bien metidos en el barro de la pobreza de la humanidad. Y eso es escándalo.

No soy dueño de la verdad y por eso me pregunto hasta que punto, nosotros como Iglesia, hemos sido fieles a nuestro testimonio…

Sea lo que fuere, debemos asumir la realidad que nos toca vivir. Cargar las cruces que nos toca cargar y hacernos cargo de nuestra propia historia. Pero sobre todo, siempre… convertirnos al Evangelio que debe vivirse.

Y aprender de la historia.
Y construir una nueva historia.
Y construir el Reino de Dios…

EL Reino de Dios esta ya en medio nuestro y debe seguir creciendo con nuestro compromiso. Y debemos convertirnos cada día para poder verlo y reconocerlo porque está a nuestro lado como pequeña e insignificante semilla de mostaza que hoy pasa desapercibida, pero que llegará a cobijar muchos pájaros.

Los pequeños, los pobres, los invisibles, los descartados de la sociedad son la presencia de Cristo hoy, silencioso y cuestionante que camina a nuestro lado.
Celebrar entonces la fiesta de Cristo Rey, patrono de nuestra Iglesia Catedral, no solo es una alegría de la comunidad que sigue renovándose y creciendo, sino que debe ser también una renovación de nuestro seguimiento.

Yo soy Rey, dijo Jesús…
Y sigue reinando…
Y deben seguir reinando.

No por imposición. No por la fuerza. Sí por atracción.
Somos llamado a llevar a Cristo. A compartirlo con nuestros hermanos como Iglesia en salida, abierta y misionera. Iglesia que genere esperanza y siga siendo signo de vida. Luz en medio de la historia.

En un tiempo verdaderamente difícil y, particularmente difícil para nuestro lugar como Iglesia en el mundo debemos prepararnos para ser fuertes y fieles. Para vivir con convencimiento y compromiso nuestra fe. Seremos cuestionados y rechazados. Más exactamente: somo rechazados y cuestionados hoy. Preparémonos para ser fieles. Pero sobre todo, me parece fundamental que vayamos preparando a nuestros niños y jóvenes a tener una fe vida y verdadera. Valiente…, sin temor a jugarse. Dispuestos a ser rechazados. Allí es donde Cristo debe reinar. En nuestra vida y corazones en primer lugar.

Como siempre, el mundo necesita ser salvado. La humanidad necesita, como siempre, de la salvación y de la misericordia de Dios. Nuestro anuncio sigue firme y actual como en los inicios de las primeras comunidades. Pero solo “se anuncia” siendo testigos. Lo demás… solo serán palabras que las lleve el viento.

Miren como se aman… en ello reconocerán que somos discípulos, dicen los textos evangélicos.

Cristo Rey, en la cruz murió por nuestra salvación.
Nadie puede quedar fuera de este mensaje. Es para todos. Pero, debe ser aceptado y recibido por cada uno.

Ojalá estemos a la altura de las circunstancias y seamos capaces desde la propia vocación de cada uno ser testigos fieles del Señor para que siga reinando en medio de esta historia.
Finalmente, permítanme dedicar unas pocas palabras a nuestra Catedral.
Hoy, luego de la procesión hemos bendecido al nuevo Cristo Crucificado que nos recibe ni bien entramos a la Catedral (del lado izquierdo). Es hermosamente llamativa la devoción que tiene tanta gente que entra a rezar a esta casa. Lo primero que hacen es pasar y poner sus manos a los pies del Cristo para tomar Gracia y rezar en silencio. Ese nuevo y hermoso Cristo ha sido tallado en Salta y ha sido donado anónimamente por alguien dispuesto a compartir sus bienes. Gracias de corazón y mi compromiso de oración.

También, al finalizar la Misa se bendecirá el nuevo Sagrario. Hecho en el Barrio 20 de junio (González Catán). Con mucho amor. Por un padre y su hijo (marmoleros los dos) que han tomado la creación de este Sagrario como un gran desafío y ¡lo han logrado! Pero no solo eso…, también la Providencia se ha manifestado en la generosidad de ellos que han donando su trabajo. Trabajo que no fue fácil. Que llevó mucho tiempo…, muchos meses…, en medio de las dificultades…y, por momentos, creo que también…, en medio de un trabajo que les escaseaba. Y nunca cambiaron de parecer. Para ellos: mi reconocimiento, mi agradecimiento y mi oración. Les pido que, al rezar frente al Santísimo Sacramento, custodiado en este hermoso y digno Sagrario recuerden siempre de rezar por: padre e hijo que, con sus manos, han traído semejante ofrenda.

Haciendo una justa memoria quiero destacar los cambios que hemos logrado de nuestra hermosa Catedral. Nos vamos familiarizando…, nos vamos acostumbrando… y ya no nos llama la atención…; no dejemos de disfrutar, valorar y reconocer la cantidad de obras de arte que vamos teniendo como patrimonio de la Catedral. Hoy celebramos a Cristo Rey y debemos reconocer que tenemos una valiosa talla de Cristo Rey (hecha en la provincia de misiones), y el Pantocrator que preside desde atrás del Altar. Cristo sentado en su trono como Justo Juez que vienen a juzgar a las naciones. Como así también los demás íconos: Anunciación, Via Crucis y Anástasis (que preside al Cinerario), todos ellos pintados (escritos) por Luis y Norma. Trabajo que se realizó en Tucumán y se terminó de realizar aquí mismo. No puedo dejar de reconocer la magnífica obra que es la Sede Episcopal. Hecha en un taller escuela en una parroquia de Barracas (Ciudad de Buenos Aires), inspirada en la Sede la Catedral de Agnani (S XII). Otra obra de arte.

Permítanme hacer este recorrido de memoria de estas últimas obras que hemos recibido en estos últimos tiempos para que no dejemos de admirarlas, disfrutarlas, cuidarlas y sobre todo que sean nuestro patrimonio común que nos permite tener un lugar digno que llame a la oración. Los invito particularmente que hagan un recorrido atento para admirar de cerca cada una de estas obras que les fui detallando. Respecto a la Sede, suban al presbiterio y pasen por detrás del Altar para poder admirarla, verla de cerca y tocarla con sus propias manos.

Agradezco nuevamente a todos los que han hecho posible todo esto. Al párroco que no deja de trabajar día a día, a su vicario parroquial y especialmente a la comunidad que sostiene y acompaña esta hermosa Iglesia viva. También a las Capillas (Buen Consejo y San Pedro) y sus comunidades que forman parte de esta comunidad de comunidades.
¡FELIZ FIESTA PATRONAL DE CRISTO REY…!

¡Qué Jesús Reine en nuestras vidas, en nuestros corazones y en nuestro mundo!

Mons. Gabriel Bernardo Barba, obispo Gregorio de Laferrere
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