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La Cruz de los Milagros
Homilía de monseñor Domingo S. Castagna, arzobispo emérito de Corrientes en la fiesta de la Santísima Cruz de los Milagros (3 de mayo de 2019)
  • Mateo 13, 1-9
1. El Mártir modelo de todos los mártires. Estamos aun respirando el clima producido por la reciente beatificación de los mártires riojanos. Hoy celebramos en Corrientes al Mártir modelo de quienes, siguiéndolo, se han dispuesto, y se disponen, a ofrecer su propia vida por amor. Estremecen las fibras más hondas de nuestro ser, el espectáculo desgarrador de Cristo expirando en la Cruz por obediencia a su Padre y por amor a todos los hombres, incluyendo a quienes lo odian hasta el incomprensible extremo de infligirle una muerte tan ignominiosa. La justicia de Dios se revela como amor, y la sanción, para quienes están arrepentidos y dispuestos a la conversión, se identifica como perdón. Nuestro pueblo de Corrientes, creyente cristiano en su mayoría, ha expresado el rico contenido de su fe, en esta Cruz fundacional de su ciudad Capital. Más allá de su historia de prodigios sobrenaturales está la adhesión de sus hijos a Cristo, inmolado por amor. Durante más de cuatro siglos, la fe en Jesús muerto y resucitado ha contribuido a la formación del temple fuerte y generoso de los correntinos. Es la gracia de ese Señor, martirizado hace más de dos mil años, que continúa fluyendo de su Palabra y del Bautismo, administrado por heroicos misioneros y evangelizadores, en el transcurso de su historia.

2. La Cruz, reservorio de los valores espirituales del pueblo. Cada año nos reunimos ante esta Cruz milagrosa, exhibiéndola en su Templo, haciendo que aquel drama sea hoy una fiesta, y que la piadosa algarabía de sus niños, jóvenes y poetas se convierta en una fervorosa oración. Las fiestas religiosas correntinas no son superficiales. En los momentos críticos, que los ha tenido y muchos, Corrientes ha recurrido a sus reservas espirituales mediante su reconocido espíritu religioso. Las hemos visto emerger con su acervo de valores: paciencia y valiente compromiso. Es admirable la confianza en Dios, en la Virgen de Itatí y en los Santos Patronos que el pueblo correntino manifiesta. Esa fuerza inspiradora ha suscitado virtuosos ciudadanos, admirables mujeres y una juventud de probado heroísmo. A veces pasa desapercibida hasta que las circunstancias históricas reclaman su actualización. Hoy necesitamos acudir a los valores cristianos que impregnan su cultura popular y brindarlos en un diálogo honesto, que encare la renovación de sus principales instituciones. Cada época constituye un nuevo e ineludible desafío.

3. Preparar la tierra para la siembra de la Palabra. Si la sangre de los mártires “es semilla de nuevos cristianos”, lo es gracias a la Sangre derramada en la Cruz por el divino Redentor. El texto evangélico, que hemos proclamado hoy, nos habla de la profusión de esa semilla, que espera hallar tierra fértil en nuestros corazones. Nos corresponde el esfuerzo de preparar esa tierra, quitando los graves obstáculos que impiden la germinación de la Palabra de Dios. La realidad compleja, que abarca aspectos fundamentales de la vida personal y social, reclama lo que la buena voluntad de todos y la fe de los cristianos pueden y deben aportarle. Celebramos para revitalizar los valores que, desde nuestros orígenes históricos y constitucionales, nos distinguen como pueblo. La indiferencia religiosa, instalada en las principales expresiones de nuestra moderna sociedad, corroe su estructura y la pone al borde de su disolución. El comportamiento moral, privado y público, ha comenzado a transitar un peligroso tembladeral, donde se ponen en cuestión los valores tradicionalmente más sagrados. Pienso en la institución familiar, la educación y la formación de la conciencia de ciudadanos responsables.

4. La Cruz, signo del amor de Dios y del que nos debemos. Es preciso que Corrientes conserve y actualice sus valores culturales, cuyas raíces necesitan ser alimentadas constantemente por el Evangelio que los inspiró. Para ello necesitamos que la Iglesia intensifique su acción pastoral. A través de su predicación, catequesis y celebración sacramental le urge alentar a los bautizados a un valiente compromiso por el bien común y por la fraternidad entre todos los ciudadanos. La Cruz se mantiene como signo del amor de Dios, testimoniado por Cristo -que ofrece su vida en ella- erigiéndose como modelo del amor que nos debemos, capaz de restablecer la justicia dañada y ejecutar una distribución equitativa de los bienes espirituales, culturales y económicos destinados por el Creador a todos. Hoy, ante la Cruz de los Milagros, nos corresponde aprender su lección de amor sin mezquindades, comenzando por quienes sufren la escandalosa marginación causada por la extrema pobreza y el desamparo social. ¡Te adoramos oh Cristo y de bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo!

Mons. Domingo S. Castagna, arzobispo emérito de Corrientes
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