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Jesucristo vulnerable
Palabras de monseñor Hugo Santiago, obispo de San Nicolás, en el Domingo de Ramos (25 de marzo de 2018)

Pilato
Si reflexionamos sobre la figura de Pilato, uno de los protagonistas de la pasión de Cristo, vemos en él a un hombre puesto en aprietos, en el cual, lamentablemente prevalecerá el burócrata que cuida su puesto por encima del bien común y la justicia que tiene que administrar.

Pilato necesita quedar bien con el Emperador que le ha confiado ese puesto de privilegio en el que está, tiene que pacificar al pueblo judío que se ha levantado y se está manifestando de manera muy agresiva, pidiéndole la muerte de Jesús; tiene la certeza de que Jesús es inocente y recuerda que su mujer le ha advertido que no condene a ese justo, pero no sabe muy bien cómo manejar la situación porque el grado de agresividad de la manifestación contra Cristo es muy grande.

En síntesis, Pilato quiere cuidar su puesto, quedar bien con el Emperador, quedar bien con el pueblo judío - no obstante exige una injusticia -, y no condenar a Cristo que es inocente. Se plantea así, un desafío casi imposible de superar, porque necesariamente alguien va a quedar desconforme y, si hace justicia, corre peligro de quedar perjudicado en su cargo.

Entonces piensa en la salida de Barrabas, ofrecer la libertad de un ladrón conocido por todos como tal, o la libertad de Jesús, que él sabe, igual que los manifestantes, que es inocente. Pero el pueblo judío presionará fuertemente para que Pilato libere al culpable y condene al inocente. Entonces Pilato se “lava las manos” diciendo: “soy inocente de la sangre de este hombre”. Sin embargo, con esa actitud, no cumple su función de legislar y administrar justicia para el bien común sino que para salvar su puesto, es decir, sus intereses egoístas, permite que condenen a muerte a un inocente.

Dios vulnerable
En Jesús juzgado por Pilato, descubrimos una imagen de Dios que difícilmente nos es familiar y conocida, porque tenemos de Dios la imagen imperfecta que muestra el Antiguo Testamento en la Biblia: un Dios poderoso que utiliza su poder para hacer justicia. En cambio, Jesús nos muestra la imagen perfecta de Dios que ha hecho al hombre libre, y por amor no avasalla esa libertad, en todo caso, a través del diálogo, trata de esclarecerlo, de ayudarlo a ver la verdad y actuar en consecuencia.

Pilato le pregunta a Jesús: “eres el Mesías, el Hijo de Dios”; Jesús le responde: “tu lo dices”. En otras palabras, Jesús apela a la coherencia de Pilato, a que si es un hombre de bien, como merece su puesto, actúe en consecuencia. En otras palabras, Jesús le dice: “sabes quién soy, sabes que soy inocente, tu mujer te ha dado señales de Dios referidas a mí, actúa en consecuencia, usa para el bien tu libertad y responsabilidad. Jesús se sabe en las manos de Pilato y apela a su honestidad.

Sin embargo, sabemos cómo se desencadenarán las cosas y aquí se muestra el amor de Dios a cada hombre, manifestado como respecto a su libertad. Jesús se pone en nuestras manos hasta las últimas consecuencias. Dios se pone en nuestras manos, esperando en nosotros, confiando en la dimensión de bondad que todos tenemos, corriendo los riesgos de que esa bondad no sólo no aparezca, sino que el mal, la mentira, la injusticia, que también viven en el hombre, prevalezcan y se lo traguen.

Sí, Jesús es vulnerable porque permite, hasta las últimas consecuencias, que sus sugerencias no sean aceptadas por nosotros, que la luz sea apagada por las tinieblas, que la muerte se trague a la vida, y así ocurre. Eso es lo que nos atrae de Dios y llamamos “amor”. Jesús lo predijo: “Cuando sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”. La cruz es el signo de que Dios nos ama tanto, de que respeta tanto nuestra libertad, que acepta que sus sugerencias buenas sean rechazadas por nosotros y lo entreguemos a la muerte.

Hoy sabemos que fue una muerte “redentora”, es decir, una muerte que nos rescató de nuestro extravío y nuestra locura, que nos quitó el corazón de piedra y por el Espíritu Santo nos regaló un corazón capaz de amar, pero eso no nos puede hacer olvidar de que somos capaces de decidir la muerte de alguien.

Jesús vulnerable en el seno materno
Es inevitable pensar que en la Argentina hoy vivimos una situación análoga a la de Jesús vulnerable apelando a la honestidad de Pilato y poniéndose en sus manos, confiando en que la dimensión de bondad y coherencia que hay en él, triunfen, que no venza el egoísmo, que la mentira no se trague a la verdad, que la muerte no se trague a la vida.

Hoy todos sabemos que en el seno materno hay vida desde la concepción, que esa persona tiene una identidad única que se puede descubrir por su ADN, ahora, cuando sea viejo y después de muerto. Nuestros legisladores lo saben.

Todos sabemos – nuestras autoridades civiles también -, que se trata de alguien inocente, porque no ha hecho ningún mal, no ha pedido la vida, ni se la ha dado a sí mismo, Dios y sus padres se la han regalado; conocemos que disfruta y se alimenta en el seno materno como en un hogar seguro, que a veces está inquieto, dándole, mediante “pataditas”, alegres señales a su madre de que está vivo.

Todos sabemos que se trata de alguien vulnerable, de alguien que aún no puede defenderse, que no puede impedir las decisiones que se tomen sobre su vida y su destino, que cuando alguien entra en el recinto sagrado del vientre en el que vive, lo toma amistosamente, como en aquella fotografía famosa, donde el niño en el seno materno se toma del dedo del médico que está operando su columna vertebral.

¿Qué haremos?
¿Qué haremos con el Cristo vulnerable? ¿Qué haremos con los niños vulnerables del seno materno? ¿Qué haremos con las madres vulnerables?. Quiero, como lo hace Jesucristo, confiar en la bondad humana, más ahora que estamos redimidos por su sangre preciosa derramada en la cruz por nosotros. Quiero creer que seremos creativos en el amor para acompañar y contener mejor, desde el Estado y la sociedad a las mamás vulnerables.

Quiero soñar con una ley de adopción desburocratizada, ágil y segura, que ante tantas parejas que ansían un hijo que no pueden tener, sea un puente con las mamás que por diversas circunstancias no podrán hacerse cargo del hijo que llevan en sus entrañas, y que al entregarlo tengan alegría y la esperanza que esos hijos tendrán un hogar, que serán cuidados con todo el amor del mundo.

Como Obispo, quiero ofrecer el servicio de GRAVIDA - la Institución Católica que acompaña a las mamás vulnerables que están embarazadas -, al Estado Nacional, Provincial y Municipal, para que trabajemos complementados con la convicción de que “TODA VIDA VALE”.

Cuando por enfermedad o accidente muere un niño pequeño, los sacerdotes intentamos consolar a sus papás diciéndoles que “tienen un angelito en el cielo”. Sin embargo, sabemos que ellos, en vez de tener un angelito en el cielo preferirían tener a su hijo pequeño en esta tierra. Confío que nuestros legisladores tienen los mismos sentimientos que estos padres.

Que María Santísima, que cantó de gozo por concebir en su seno al Hijo de Dios y llevarlo hasta darlo a luz, ilumine a todos los argentinos. Felices Pascuas. Que Cristo Resucitado nos muestre su Rostro y nos dé su paz.

Mons. Hugo Santiago, obispo de San Nicolás
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