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Atrocidades no siempre señaladas o cuestionadas
Reflexión de monseñor Jorge E. Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social para el domingo 3 de mayo de 2015

No te exagero para nada si te digo que en el mundo pasan cosas que parecen salidas de una película de terror, o que narran situaciones que parecían totalmente superadas.

La semana pasada los obispos de la Argentina expresamos nuestra profunda preocupación por reiterados ataques a la libertad religiosa. Desde disfraces de fundamentalismos religiosos, o con ropaje de purezas étnicas, se atormenta por la fe a minorías religiosas, especialmente a cristianos.

Los obispos realizamos una Declaración que titulamos "Martirio y persecución en nuestros días". Allí decimos que "hay manifestaciones violentas que producen especial estupor y reclaman una fuerte condena. Nos referimos a lo que ocurre en zonas de Siria e Irak donde los cristianos ─ciudadanos de esos países y presentes en esas tierras desde hace más de dos mil años─ están siendo asesinados u obligados a dejar sus casas y ciudades sin poder llevar consigo más que la ropa que tienen puesta, además de la destrucción de templos y monumentos culturales que son patrimonio de la humanidad. También señalamos lo que acontece en Nigeria, Sudán y Pakistán, donde es corriente el secuestro ─especialmente de mujeres y niñas─ y las conversiones forzadas bajo pena de muerte. Sabemos, no obstante, que la gran mayoría de los musulmanes no se reconoce en estas atrocidades y las rechaza".

Acerca de esta terrible situación el Papa Francisco ha reiterado que hay muchos más mártires hoy que en los primeros siglos. Pero muy pocos líderes mundiales le acompañan condenando estos atropellos y son tenues las voces que se escuchan proclamando la necesidad de respeto a los Derechos Humanos. Un mundo que no condena la violencia racial o religiosa corre un serio riesgo.

También señalamos que "junto a la consternación que nos provocan estos hechos de crueldad sentimos admiración por el testimonio y la coherencia de muchos hermanos que están entregando su vida para guardar la integridad de su fe religiosa."¡Cuánto valor y amor a Dios se nos hacen patentes! Adultos y niños, mujeres y varones... Todos ellos entregando la vida. Muchas veces pidiendo y rezando por el perdón para sus mismos verdugos. Nos acordamos de un pasaje del libro del Apocalipsis: “Estos son los que vienen de la gran tribulación... y Dios secará toda lágrima de sus ojos”. (Ap. 7, 14.17b)

Nunca habrá justificación a la violencia, la destrucción de personas y familias por más que se invoque el nombre de Dios. Él no puede querer destruir la obra de sus manos.

Si bien es cierto que quienes deben asumir responsabilidades son los Estados y los diversos organismos internacionales, los demás no estamos exentos de ocupaciones. Podemos escribir cartas a algunos medios o periodistas, conversar con nuestros amigos para anoticiarlos de esta barbarie, divulgarlo en las redes sociales...

Como obispos quisimos también realizar una convocatoria a la que todos podemos responder: "invitamos a todos los creyentes ─católicos y no católicos─ a orar intensamente pidiendo al Señor de la Historia perdón por tanto sufrimiento y sangre derramada, y que mueva los corazones de quienes causan dolor y ofenden gravemente al Creador a cesar en ese camino. Comprometemos a nuestras comunidades de modo particular a rezar por esta intención el próximo 8 de mayo, Solemnidad de Nuestra Señora de Luján". No te vayas a olvidar.

El viernes 1 de mayo hemos celebrado en varios países el día de los trabajadores. Recemos para que en todas las familias de la Patria haya Paz, Pan y Trabajo. En un mensaje por la conmemoración de este día, la Comisión Nacional de Justicia y Paz destacó la importancia del trabajo en la vida de la gente: “El trabajo decente es fundamental para la dignidad y desarrollo integral de las personas. Por eso, destacamos, junto a nuestros obispos, que la generación de fuentes de trabajo debe ser uno de los objetivos compartidos por todas las fuerzas políticas en el actual debate electoral, y alentamos a que se constituya como una de las anheladas políticas de Estado. (…) Que esta nueva conmemoración del Día del Trabajo nos aliente a responder a la tarea que nos compete para poder celebrar el próximo aniversario con más trabajo de calidad, con menos desempleo y trabajo ‘en negro’, con mejores salarios y condiciones de trabajo más adecuadas, sin trabajo esclavo, con más oportunidades para los jóvenes y, en consecuencia, con una sociedad más justa”.

Mons. Jorge E. Lozano, obispo de Gualeguaychú
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