Agencia Informativa Católica Argentina
  |  
 
 
 
« VOLVER    Imprimir       Enviar por mail  | Compartir:      
Tercer Domingo del Tiempo Ordinario
Homilia de monseñor José Luis Mollaghan en el Tercer Domingo del tiempo ordinario (27 de ebero de 2013)

Hoy celebramos la Misa del tercer domingo durante el año, al culminar la misión espiritual y social del proyecto “Manos a la obra”, que por tercera vez realizan los jóvenes universitarios en dos poblaciones de nuestra Arquidiócesis. Estos días fueron muy significativos para la vida de ustedes y de estos lugares, ya que estuvieron dedicados a ofrecer el testimonio de su fe y diversos servicios sociales que prepararon durante el año.

“Hoy se cumple lo que acaban de oir”

El Evangelio de hoy, después de la presentación que hace San Lucas en el Prólogo, con el fin de transmitirnos la solidez de las enseñanzas recibidas, como lo hicieron “los primeros testigos presenciales”; escuchamos el pasaje que corresponde al comienzo de la predicación de Jesús.

Es la primera escena de su ministerio público; Jesús se dirige a la Sinagoga de Nazaret, como era su costumbre los sábados, se puso de pie para hacer la lectura, y proclamó un pasaje del libro del profeta Isaías. Al terminar la lectura, cerró el libro, y ante el asombro de todos, comenzó a explicar el pasaje que acababa de leer.

Sus palabras fueron recibidas primero con simpatía, ya que lo aprobaban y estaban admirados por Él. Pero en seguida surgió el rechazo y la hostilidad, con la intención de eliminarlo.

No aceptaban que fuera Jesús, el hijo de José, quien les enseñara que las palabras de Isaías se refirieran a Él y a su misión.

Jesús había afirmaba con autoridad y firmeza, que hoy se cumplía lo que acababa de leer. Era Él el ungido, enviado a restaurar e iluminar con la luz del Evangelio, para proclamar un año de gracia; para traer el consuelo y la esperanza.

Cada bautizado también recibe la gracia y es enviado a anunciar la enseñanza del Evangelio y dar testimonio de lo que enseña.

A nosotros también, Jesús nos traer hoy la salvación. Pero a diferencia de la reacción de aquellos que lo rechazaron en la Sinagoga, quien se encuentra con el Señor, por la fe descubre que es verdad todo lo que Él nos dice. Entonces nos adherimos a Él, y nuestro corazón arde, como el de los discípulos en Emaús. Por esto, nos decidimos a vivir como cristianos, porque queremos encontrar en la comunión con Él la libertad del corazón, escuchar su Palabra, vivir la gracia y comunicarla a los demás.

El encuentro con Cristo al escucharlo y sobre todo al recibirlo en la Eucaristía, acrecienta este compromiso de la fe, porque nos permite oír su voz y unirnos a Él. Como dice la primera lectura:” el gozo del Señor es vuestra fortaleza” (Ne. 8,10)

Necesitamos una profunda espiritualidad; que nos libre de la opresión de una cultura relativista que se olvida de Dios

Sin embargo, hoy también encontramos un rechazo de Dios. En el mundo de hoy percibimos que hay muchos adelantos tecnológicos y sociales, que cambian el escenario de la vida actual, pero al mismo tiempo hay necesidades cada vez más imperiosas. Se ha ido gestando un cambio de lo humano, provocando una existencia más alejada de Dios, que al mismo tiempo hace al hombre más indiferente, y lo aleja de su propio ideal y de su propia verdad.

Podemos añadir que frecuentemente en nuestros días, el clima generado por el flagelo de la droga y por la pobreza de algunos sectores puede llevarnos paradójicamente a una actitud de escepticismo y de desánimo

Para valorar más al hombre, para respetarlo y amarlo, necesitamos una profunda espiritualidad; que nos libre de la opresión de una cultura relativista que se olvida de Dios, de la justicia, y que degrada de muchas maneras la dignidad de la persona. Necesitamos “una sociedad más justa, más humana y cristiana” (Benedicto XVI, 12. V.2007).

La unión con Cristo que nos invita a ser sus seguidores, y nos lleva también a vivir un compromiso cristiano y de fe en la sociedad. Porque quien conoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella y a sus necesidades de modo adecuado y realmente humano (cfr. Benedicto XVI, 13.V.2007). Para ello, necesitamos una profunda formación espiritual, y un conocimiento de la doctrina social de la Iglesia sólida.

La misión de “Manos a la obra”.

Por eso es muy propicia la misión de estos días. Ustedes se preguntaron cómo podían contribuir en algo a la situación social que vivimos, para responder a algunos desafíos de la sociedad actual. Es verdad que fue solo una muestra, pero importante, si cada uno realiza algo de lo que puede alcanzar. poniendo al servicio de los demás nuestras propicias iniciativas y capacidades.

La fe cristiana y la doctrina social debe mover al laico a estar presente en el ámbito social, defendiendo la vida, con iniciativas y voces que permitan escuchar sus convicciones éticas, su responsabilidad y su misión.

Es verdad que la respuesta a estos males le corresponde primeramente a quienes tienen como misión conducir y alcanzar el bien social; sin embargo de alguna manera también nos concierne a todos. Si bien necesitamos que en la sociedad haya acuerdos básicos y se trabaje para alcanzar el bien común, cimentado en verdaderos valores; también es cierto que los principales pilares que se deben fortificar en este camino es el de la educación, la familia y el respeto a la vida.

“Ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro”

Recordemos, como escuchamos en la segunda lectura de San Pablo a los cristianos de Corinto: “Dios organizó los miembros del cuerpo dando mayor honor a los más necesitados. Así no hay divisiones en el cuerpo, porque todos los miembros por igual se preocupan unos de otros. Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos le felicitan. Ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro” (1 Co 12, 24 ss).

Pidamos a la Sma. Virgen del Rosario que los aliente en la misión y en trabajo de “Manos a la Obra”, y cuide la vida de todos los que se beneficiaron por este proyecto, y la de todos sus hijos. Ella guíe siempre nuestros pasos.


Mons. José Luis Mollaghan, Arzobispo de Rosario.
« VOLVER
Último Video
Bolívar 218, 3º Piso (1066)
Buenos Aires, Argentina
(54-11) 4343-4397
 

AICA es miembro de la:
Ingresar © Copyright 2019 | AICA | Todos los derechos reservados | Desarrollado por Triliton