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Cuaresma de la misericordia
Editorial de monseñor José Vicente Conejero Gallego, obispo de Formosa, para el suplemento diocesano "Peregrinamos”, órgano de difusión de la diócesis (Febrero de 2016)

Con cuánta vehemencia, el Papa Francisco, en su Bula El rostro de la Misericordia, nos exhorta a vivir intensamente esta Cuaresma del Año Jubilar, como un momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios. Es el tiempo oportuno para redescubrir el rostro misericordioso del Padre. Dios ama la misericordia.

En este tiempo cuaresmal, caracterizado por la “la oración, el ayuno y la caridad”, estamos todos invitados a leer y meditar la Palabra de Dios, a orar con más frecuencia y profundidad y a acercarnos al Sacramento de la Reconciliación para experimentar en carne propia la grandeza de la misericordia.

Todos, todos sin excepción, estamos llamados, en este Año Jubilar, a encontrar el camino de regreso hacia la casa paterna a fin de obtener la misericordia, el perdón y la paz (cf. Heb 4,16).

Señala, también, el Papa Francisco, los pecados más graves de nuestra sociedad, los males y engaños que debemos erradicar, como son: La indiferencia ante el dolor y el sufrimiento humano, la injusticia, la envidia y la hipocresía, el amor al dinero, la violencia, la corrupción personal y social… y nadie está inmune a estas tentaciones.

Por tanto, experimentar la misericordia de Dios en nosotros y, a la vez, ser misericordiosos como el Padre, en este tiempo de gracia y salvación, será el programa de vida y nuestro primer y mayor desafío para esta Cuaresma Jubilar 2016, porque la Misericordia es la dimensión fundamental de la Misión de Jesús (MV 20).

Desde hace años, como lo expresamos en nuestro Calendario Pastoral, denominamos al mes de Febrero como el Mes del llamado a la Conversión, por dar comienzo en él al tiempo de la Cuaresma, camino de peregrinación que nos conduce a la Pascua del Señor. El próximo día 10, miércoles de Ceniza, iniciaremos la Cuaresma de la Misericordia.

Reconozcamos y confesemos nuestros pecados; supliquemos el auxilio del Señor y pidamos la intercesión de los ángeles y de los santos y, también, de los hermanos, porque es muy importante rezar unos por otros. Afirma el Apóstol “Ayúdense mutuamente a llevar las cargas y así cumplirán la Ley de Cristo” (Gál 6, 2); es de esta manera como oramos en el Acto Penitencial al comienzo de la Eucaristía.

Y qué consoladores y reconfortantes son los deseos y las promesas de la Iglesia, en labios del que preside, para cuántos con sinceridad y firmeza confiesan sus pecados y buscan la conversión del corazón:
  • Que Dios tenga misericordia de nosotros;
  • Que perdone nuestros pecados y
  • Nos conceda la Vida eterna.
Aprovechemos este tiempo de gracia hacia la Pascua del Señor que nos ofrece la madre Iglesia. Seguro que, a pesar de las miserias y contrariedades que nos circundan, viviremos con alegría, unidad y paz en el Señor y con los hermanos.

¡Dichosa Cuaresma de la Misericordia para todos!

Mons. José Vicente Conejero Gallego, obispo de Formosa
Ciudad de Formosa, 1 de febrero de 2016

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