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Mensaje de Navidad
Mensaje de monseñor Luis Armando Collazuol, obispo de Concordia para la Navidad 2015

Queridos amigos:

¡Les deseo una bendecida Navidad!

Dios Hijo se hace Dios niño, asume lo humano sin dejar de ser divino. Vive la alegría eterna de proceder del Padre divino en el amor del Espíritu Santo, y llora en un pesebre cuando siente hambre, para experimentar la ternura de una madre humana, María. Recibe de José, su padre legal, el nombre de Jesús, porque Él ha venido a salvarnos de nuestros pecados (Mt 1,21).

Sus lágrimas expresarán un día el dolor de contemplarnos alejados de su Padre, en las tinieblas del pecado y en un mundo convulsionado porque falta amor, y comenzará a anunciarnos que el suyo es también nuestro Padre, que nos ama y espera siempre. Saldrá a buscarnos para cargarnos sobre sus hombros y llevarnos al encuentro de ese Padre misericordioso.

A Jesús no le bastarán las palabras; sus gestos expresarán cercanía al que sufre, al enfermo, a la madre que ha perdido un hijo, al hambriento, al que está poseído de un espíritu impuro. Para todos hay una gracia, un don divino. También ofrecerá perdón en abundancia a quien derrocha los bienes del Padre pero se dispone, arrepentido, a iniciar una vida nueva. Y llegará hasta el final, hasta el extremo de entregar su vida humana para que nosotros tengamos Vida divina.

Nos dice el Papa Francisco:
“Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre… En la «plenitud del tiempo» (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él ve al Padre (cfr Jn 14,9). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios” (Misericordiae vultus, 1).
Jesús es el Amor hecho carne, y lo celebramos en Navidad. Deseo a todos un gozoso encuentro con Él.

Reciban mi cordial saludo y augurio de que experimenten la plenitud de la gracia y la ternura del Padre, el don divino del Jubileo de la Misericordia. ¡Sean bendecidos junto a María y José en la celebración del nacimiento de Jesús, nuestro Señor y Salvador!

Mons. Luis Armando Collazuol, obispo de Concordia
Concordia, Navidad de 2015
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