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Bajada de la Sagrada Imagen de Nuestra Señora del Valle
Homilía de monseñor Luis Urbanc, obispo de Catamarca en la Bajada de la Virgen del Valle (29 de noviembre de 2016)

Queridos Devotos y Peregrinos:

Hoy, nuevamente, damos gracias a Dios porque nos concede la gracia de participar de esta solemne bajada de la sagrada imagen de la Virgen del Valle, desde su augusto y renovado camarín, donde cada día recibe la visita de sus amados hijos, al presbiterio de nuestra catedral basílica, para presidir y acoger desde el llano a cuantos vendrán a honrarla en estos días.

Mi saludo cordial a todas las autoridades de los tres poderes, ejecutivo provincial y municipal, legislativo y judicial. Les comparto que la Sra. Gobernadora personalmente se disculpó de no poder asistir, pero que nos acompaña espiritualmente desde Buenos Aires. Vaya mi saludo a todos los demás que han venido y a los que nos siguen por la radio, la TV o internet: enfermos, ancianos, privados de la libertad, trabajadores, etc.

La novena de este año cobra un particular relieve puesto que con ella damos gracias por la culminación de la primera etapa de nuestra Misión Diocesana Permanente y, a su vez, damos inicio a la segunda parte de la misma con un trienio de preparación por la celebración de los 400 años del hallazgo de esta sagrada imagen que veneramos con tanto cariño, devoción, piedad filial y entusiasmo en este suelo catamarqueño.

Hace poco más de una semana el Papa Francisco, con solemne rito, dio por concluido el Año de la Misericordia, pero advirtiendo que la misericordia sigue siendo el camino ordinario del obrar cristiano. De modo que le vamos a pedir a la Madre de la Misericordia que nos asista cada día para que seamos misericordiosos como el Buen Padre Dios, a ejemplo de su Hijo Jesucristo.

No les quepa la menor duda que a nuestro mundo permanentemente se le acaba el vino de la fe, la esperanza y el amor; el vino de la amistad, la fidelidad y la veracidad; el vino de la honestidad, la responsabilidad y la laboriosidad; el vino de la alegría, la sabiduría y la prudencia; el vino del diálogo, el respeto y la solidaridad; el vino del patriotismo, el altruismo y la piedad; el vino del sacrificio, la renuncia y el servicio, etc. Es por ello que, hoy y siempre, nuestra Madre del Valle se dirigirá a su Hijo Amado y le dirá: “No tienen vino”. Por su parte, Jesús estará dispuesto a transformar el agua de nuestros buenos deseos y esfuerzos en el vino que renovará nuestras vidas. No tengamos miedo de llenar hasta el borde todos los recipientes a fin de que una copiosa lluvia de gracias derrame el Señor sobre toda Catamarca.

Con mucha humildad, sinceridad y dolor reconozcamos que somos remolones y minimalistas a la hora de conocer y profundizar nuestra fe, lo que trae consigo el descompromiso, las supersticiones, la corrupción, la mezquindad, las críticas destructivas, la murmuración, los sincretismos, la mediocridad, el flagelo de las medias verdades, la traición, la apatía, la increencia, la comodidad, el materialismo, el relativismo, el sensualismo, la arrogancia, la mentira, el soborno, el desprecio por la oración, los sacramentos, la Palabra de Dios, la Misa, el santo Rosario,etc. Es por ello que, como Iglesia diocesana, hemos visto la necesidad impostergable de dedicar el primer año de este trienio a la “Formación de los Discípulos – Misioneros, que somos todos los bautizados. Esta tarea se las he iluminado con una Carta Pastoral, que tendrán a disposición, como todos los años, a partir del 8 de diciembre, después de la procesión.

Ruego a Dios y a la Virgen que, al término de nuestra novena, muchos hijos de María hayan creído más vivamente en el Señor Jesucristo y se hayan dispuesto a trabajar con mayor denuedo y generosidad a favor del Reinado de Dios en nuestras familias, barrios, clubes, pueblos y ciudades; en nuestras escuelas, colegios y universidades; en nuestros talleres, negocios, empresas y oficinas; en nuestros hospitales, sanatorios y hogares de ancianos; en nuestra casas de gobierno provincial y municipal, legislatura, fiscalías, tribunales y corte de justicia, en nuestras parroquias, movimientos y áreas pastorales.

En fin, los invito a que dirijamos nuestra mirada, con filial atención, a esta cuatro veces centenaria imagen de la Inmaculada Concepción y nos quedemos mirándola un momento y coloquemos en el huequito de sus tiernas manos nuestros corazones heridos, desfallecientes y esperanzados…

¡Viva la Virgen del Valle! ¡Viva la Virgen del Valle!

Mons. Luis Urbanc, obispo de Catamarca
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